¿Ha quedado atrás la era de ‘abrazos, no balazos’?
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Con el abatimiento de ‘El Mencho’, coinciden especialistas, la presidenta Sheinbaum ha cancelado la política instaurada el sexenio pasado de no usar la fuerza contra la delincuencia
Como slogan sonaba bien al principio, pero al final se convirtió en uno de los reproches más potentes lanzados en contra del expresidente Andrés Manuel López Obrador: sintetizar la estrategia de seguridad del sexenio en el laconismo “abrazos, no balazos”.
La síntesis discursiva pretendía convertirse en lápida de la política de seguridad empleada en gobiernos anteriores, la cual se ubica como causa del larguísimo periodo de violencia que ha vivido el país desde que se “declaró la guerra” al narco, en el sexenio de Felipe Calderón.
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Y aunque el promedio diario de muertes violentas que venía registrándose en el país tuvo una disminución, lo cierto es que la estrategia de “enfrentar las causas” y abjurar del uso de la violencia no trajo la paz. De allí a que el slogan presidencial se convirtiera en arma arrojadiza sólo mediaba un paso.
Los críticos del Gobierno machacaron –y siguen haciéndolo–, a partir del slogan, afirmando que en el sexenio pasado los abrazos fueron para los delincuentes y los balazos para el ciudadano de a pie. Los muchos ejemplos de connivencia entre el poder público y los grupos delincuenciales, que surgieron en los últimos años, parecieron darles la razón.
Pero el domingo pasado se registró el punto de quiebre definitivo, en opinión de voces especializadas en el tema.
El operativo realizado el fin de semana para capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, y que culminó en la muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha significado el punto final para la estrategia del sexenio anterior, coinciden diversos expertos.
Como se consigna en el reporte que publicamos en esta edición, quienes se dedican al análisis de la realidad política del país coinciden en señalar que el operativo del domingo, que implicó el uso intensivo del poder de fuego del Estado mexicano, marca una distancia importante con la actitud que hacia los criminales se tuvo en el sexenio anterior.
No es la política, sin embargo, la lectura más importante que puede tener este episodio. Porque si lo ocurrido el fin de semana implica la “ruptura” –o el “distanciamiento definitivo”– entre Claudia Sheinbaum y López Obrador es menos relevante que lo otro, es decir, si se está marcando el inicio de una nueva era en la estrategia de seguridad del país.
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En otras palabras, lo que importa es si la administración Sheinbaum ha mostrado sus cartas con esta acción y nos está presentando un modelo que busque –ahora sí– eficacia en el combate a la criminalidad organizada, luego de un sexenio de permisividad.
La estrategia de “abrazos, no balazos” fue un fracaso más en la ruta hacia la pacificación del país, de eso no hay duda. Pero más que dejarla atrás, lo que se requiere es una nueva hoja de ruta que persiga el objetivo que se perdió en el sexenio pasado: consolidar el papel del Estado mexicano como el responsable único de establecer las reglas bajo las cuales se desarrolle la sociedad.