Hablemos de Dios 298: La cultura que incomoda al ser humano

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Opinión
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La polémica en la tertulia con la bella doctora Anne Young, se está poniendo buena y peor cada vez. Según sea el enfoque. Es decir, peor porque en honor a la verdad, me da unas barridas de campeonato. Buena la polémica porque estoy aprendiendo enormidades de sus lecturas y talento. Aunque había leído aleatoriamente a diversos psicólogos, a mi preferido, Víctor L. Frankl, pues caray, comparado con el saber enciclopédico de la doctora Young, pues tomo nota y me quedo callado para aprender.

Usted lo sabe: no entiendo la vida sin la lectura, la cultura en general y la educación. Pero, la cultura molesta, enfada. La educación y cultura otorga y da conciencia. Otorga valores, ética, moral y sin duda, no pocas veces sentimientos. Ojo, los sentimientos como los valores o las doctrinas (por lo general anciladas en la religión), no nacen con uno, no; uno los tiene que cultivar y amamantar, así de sencillo.

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Pero la cultura como los sentimientos, estorban en el mundo cotidiano y digamos, normal. En 1930 Sigmund Freud publicó su célebre ensayo “El malestar en la cultura”. A 96 años de su edición el libro se muestra lozano y jovial y molesto en muchas de sus partes y capítulos. Hace pensar, reflexionar y levanta críticas a casi cien años de su publicación original. Su tesis perturba aún hoy.

Avanzo: no comparto en lo más mínimo aquello que supuso una de las apuestas de Freud: todo emparentarlo con la libido (o su ausencia), aquello del complejo de Edipo, la falocracia (sigue vigente, por lo demás no sólo en México, sino en el mundo), la castración y eterno anhelo de una mujer por un pene el cual no tienen y en fin, todo eso que usted y yo conocemos mínimamente del pensamiento de Sigmund Freud.

No bien inicia su ensayo, Freud deja caer aquella sentencia de Plauto: “El hombre es lobo del hombre”. Escribiría: “El ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación personal una buena cuota de agresividad”.

Agresividad, maldad; depredar, a como dé lugar y de plano, engullirse al vecino si éste es un obstáculo. A reserva de mejorar el porcentaje, le creemos a Freud al 110 por ciento. “Los seres humanos (son) como bestias salvajes que ni siquiera respetan a los miembros de su propia especie”. ¿Creer en la cultura y sus valores cohesionadores al igual que la educación?

Tal vez es lo contrario: la cultura dota de conciencia (ya no religiosa, sino personal y ética como formación individual) al ser humano y al final de cuentas, como los sentimientos, estorban. Por eso de mí tirada de naipes: busco a Dios con la razón y mi intelecto, muy pocas veces con el corazón y los sentimientos. Si nos dejamos caer en lo segundo, lo más probables es que nos volvamos fanáticos. Y ya con los fanáticos de Morena dominando este país, con ellos tenemos y de sobra para padecer este mundo.

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En una glosa al ensayo de Freud, el analista León Rozitchner escribe: “La paradoja de la conciencia moral: castiga al justo más que al pecador”. Pues sí, la conciencia de la cultura (no sólo como manifestación artística sino como armado y estructura adquirida por el hombre en su vida) nos otorga valores, criterios, principios, doctrinas y acaso también, tabús que luego son imposibles de romper.

ESQUINA-BAJAN

En otro momento de su ensayo, dice Freud: “Al comienzo, la conciencia moral (mejor dicho: la angustia, que más tarde deviene conciencia moral) es por cierto causa de la renuncia de lo pulsional... Para acrecentar nuestros valores como humanos (moderación), debemos renunciar a nuestra vocación innata a los placeres; por lo general y todo el tiempo, de la carne y los deseos (lo pulsional)”.

Es decir, no pocas veces y en boca de Freud, la cultura tiene una base fuerte y palpable en la insatisfacción de la sexualidad. Cosa con la cual estoy en desacuerdo; pero en fin, parte tiene razón. Y si no hay bases, cimientos sólidos, raíces bien ancladas en la tierra, cualquier vendaval de maldad nos va a llevar a eso: a la perversión, a la corrupción, a la putrefacción, a permitir o cometer todo tipo de atrocidades. Ya sin asidero ni freno alguno por un motivo: la cultura estorba, lo vimos antes, y es mejor no tener cultura, valores ni conciencia para entonces sí, entregarse al desenfreno y la depravación totales.

Insisto, el libro nos hace reflexionar harto. La ficha completa del libro en mis manos es la siguiente: editorial Siglo XXI, volumen a cargo de Néstor A. Braunstein. Lea usted: “Uno no puede apartar de sí la impresión de que los seres humanos suelen aplicar falsos raseros; poder, éxito y riqueza es lo que pretenden para sí y lo que admiran en otros, menospreciando para sí los valores de la vida”. Termina la cita.

¿Poder, éxito y riqueza? Eso son hoy Donald Trump, Carlos Slim y Elon Musk y un largo etcétera. Y no, no van al psicólogo. Le comento a la doctora Anne Young en nuestra tertulia e incluso, ellos hablan de Dios y “valores” no pocas veces y sus declaraciones son noticia universal... aunque tal vez en el fondo y sólo tal vez, están mintiendo todo el tiempo.

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LETRAS MINÚSCULAS

A petición y orden de la bella doctora Anne, estoy leyendo todo lo que he podido conseguir de Sigmund Freud. Pues sí, era un filósofo.

Nació en Saltillo, Coahuila, el 1 de marzo de 1965. Periodista y poeta. Escribe la columna Contraesquina

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