Hablemos de Dios 299: creemos en Él por fe
La bella y atildada doctora Anne Young me trae corto con su charla. Tengo de conocerla años, pero hasta ahora nació digamos, esta amistad de charla, polémica y brindar con un buen vino tinto de por medio. Antes muy ocasional o esporádico nuestro encuentro, pero siempre ha sido gentil y galante conmigo. Yo con ella.
La última ocasión me recetó las siguientes palabras a la par de que ella me entregaba dos libros de regalo. Yo le entregué uno. Me dijo: “Mira, maestro. Me han gustado muchos tus ensayos donde das cuenta de tu servidora y platicas un poco por dónde va nuestra charla con respecto a Dios. En consulta, muy rara vez lo nombro por muchos detalles y motivos: cada ser humano es libre de creer en lo que quiera y no soy nadie para imponer un credo religioso. Los dejo hablar y que ellos mismos lleguen a sus conclusiones...”
La doctora Young tiene razón. Y es justo lo cual he platicado aquí harto: a Dios (ignoro si para bien o para mal) lo busco más con mi razón, no tanto con el corazón. Imagino hay mucha gente la cual cree, así, a ciegas y secas. Y tal vez Dios los ama por eso, por ello. Repito: creemos por fe. A secas y en la oscuridad. ¿Dios se les manifiesta a esos seres humanos los cuales se entregan gozosos a ese canto y a esa presencia intangible, invisible y al final de cuentas, un faro de luz en la oscuridad de nuestro ser?
Usted tendrá su mejor opinión al respecto. En lo poco lo cual aún estoy y apenas explorando, leyendo al respecto por recomendación de Anne Young (me regaló dos libros, la biografía de Maslow y la de Freud. Una de tantas en el mercado). Para el padre de la psicología de la llamada “inteligencia emocional”, Daniel Goleman, enseñar eso llamado “fe” a los niños y desde niños, es la diferencia entre niños directos al éxito y niños directos al fracaso por falta de motivación.
Lea usted un pálido fragmento al respecto: “Fe. Corresponde al sentido del control y dominio de sí mismos y del entorno, a la sensación por parte del niño de tener mayores probabilidades de éxito que de fracaso y de tener fe en que, en cualquier caso, los adultos le ayudarán”. ¿Acaso no es lo anterior la figura de Dios mismo, Dios padre como protector de todo y de todos?
¿Usted ha oído hablar del “Síndrome de Bonnet”? En materia psicológica se les atribuye a las personas que ven o tienen alucinaciones. El contenido y forma de las alucinaciones puede variar en cada paciente. Puede haber y hay alucinaciones de animales, individuos, alucinaciones en grupo, con plantas, minerales y un largo etcétera.
Pregunta obligada, pues ¿Y si Dios es una alucinación de un ser humano (Moisés) el cual ya luego se nos vendió como una aparición celestial? No, no es descabellado y hay mucha literatura la cual estoy revisando de esto en este momento. ¿Recuerda a Saulo, el judío de Tarso, el cual traicionó su religión para hacerse cristiano? Pues a él se le “apareció” Jesucristo en el camino de Damasco ¿entonces Dios y Jesucristo es una alucinación perpetua? Ojo, pregunta nada menor.
ESQUINA-BAJAN
Lo he escrito un par de ocasiones antes, igual puede ser lo siguiente: el fenómeno de “ecolalia”. Y esto contra todo lo que pueda pensarse es una de las bases no pocas veces de los cultos de los hermanos cristianos. “Carismáticos” se les decía. En estado de éxtasis, desbordados, ellos hablan en “lenguas”, y la gente cree a pie juntillas que están hablando en hebreo, arameo, árabe y en comunicación con Dios. ¿Cómo saberlo? Lo bien cierto es que la ecolalia es un trastorno del lenguaje de la gente que padece demencia, catatonia, histeria o el Síndrome de Tourette.
Y en este rápido liminar lo cual me ha motivado con sus sabias charlas la Doctora Young, no puedo irme sin dejar constancia de la “Enfermedad sagrada”. Así bautizada desde los tiempos de Hipócrates. Es la epilepsia. Estas crisis pequeñas o grandes, terminan no pocas veces con el enfermo en el suelo, echando espuma por la boca, pérdida de conocimiento, alucinaciones, gritos sin sentido y sí, una crisis de personalidad total.
Extáticos. Hay crisis de epilépticos llamadas “extáticas”. Y uno de los famosos epilépticos de este tipo y pelaje, es nada menos que el grande de la literatura universal: Fiódor Dostoievski. Incluso, bien leídos y analizados sus libros, hay personajes con este tipo de enfermedad bosquejada. Cuando terminaban estas crisis, el escritor ruso decía de una “extraordinaria sensación de paz, felicidad e incluso comunión mística con Dios”, trabajo épico, pero estoy anotando todo lo cual tengo de Dostoievski.
La pregunta es obvia: ¿Dios es entonces una enfermedad, una alucinación? De serlo así, ¿por qué dichos enfermos se “comunican” con Dios y un ser humano, digamos, normal, no puede no quiere o puede hacerlo? Esto se está poniendo bueno, debido a la guía de lectura de la doctora Anne Young. Vamos iniciando esta aventura de leer y entender a Dios bajo los ojos de psicólogos y psicoanalistas...
LETRAS MINÚSCULAS
“Dios sólo puede ser captado personalmente”. ¿Individualismo religioso? Sin duda. Pero fue escrito por Franz Kafka. Ojo. Próxima semana entraré de ello un tanto en sus letras las cuales me han perturbado grandemente. Y sí, las comenté con la bella doctora.