Historia de sangre (II)

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Opinión
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Cierta noche alguien llama a la puerta del dolorido padre. Él mismo la va a abrir, y se ve frente a su hija. Su primer impulso es despedirla con violencia

Este hombre al que llaman “El Machete” dio muerte a un capitán, e hizo que uno de sus cómplices le cortara la cabeza y la llevara a la casa donde su víctima vivía. Pasan los años, y en esa casa ve a una linda joven de la cual se enamora al punto. Declara que se casará con ella. Su cómplice le dice, sombrío:

–Machete; en esa casa fue donde dejé la cabeza del capitán aquel.

https://vanguardia.com.mx/opinion/una-historia-de-sangre-FF23620041

Pero ha pasado tanto tiempo que de seguro la familia que ahora vive ahí es otra. El enamorado habla con la muchacha; le dice que la quiere “a la buena”, y le pide que lo reciba en matrimonio. Ella vacila. Su padre, dice, jamás le permitirá que se case con un hombre como él. Sin embargo, confiesa ruborosa, ella también está enamorada. El Machete, entonces, le pide su autorización para robársela. Ella acepta.

Una noche, pues, huyen los dos. El padre, viudo y sin más compañía que la de su hija, casi se vuelve loco de dolor. Rechaza a quien se acerca a consolarlo; le dice que ha dado por muerta a su hija, y a todos les prohíbe hablar de ella.

Ha transcurrido un año. Cierta noche alguien llama a la puerta del dolorido padre. Él mismo la va a abrir, y se ve frente a su hija. Su primer impulso es despedirla con violencia, pero ella le suplica que le oiga unas palabras. El señor, entonces, le permite entrar.

La muchacha lleva en su mano una sombrerera. La pone sobre la mesa de la sala y la abre. Le pide a su padre que vea lo que en la caja trae. El señor se asoma al interior de la sombrerera y mira en ella la cabeza de El Machete.

–Cabeza por cabeza, padre –murmura con vengativo acento la muchacha.

https://vanguardia.com.mx/opinion/si-yo-no-hubiera-nacido-BH23605848

En silencio, el padre la abraza. Lo ha comprendido todo. Su hija, sin decirle nada –él le habría prohibido que hiciera aquello–, aplicó toda su astucia femenina para dejarse ver por el bandido; logró que se enamorara de ella e hizo el supremo sacrificio de casarse con él para poder estar cerca del hombre que tan cruelmente asesinó a su hermano. Ciego de amor, El Machete jamás sospechó nada. Y así, en un viaje que los dos hicieron a la Ciudad de México, una noche, ebrio de vino y exhausto de amor, el criminal se entregó a un sueño del cual ya nunca despertó. Así, dormido, lo degolló la joven, y le llevó a su padre la cabeza del odiado hombre, antes de huir los dos a Estados Unidos para escapar lo mismo de la ley que de la venganza de los amigos de El Machete.

No sé si esta historia que escuché en Jalisco es verdadera. Más aún: ni siquiera sé bien si la escuché, o si este relato sanguinoso salió de mi imaginación. Pero de más fieras venganzas se ha sabido. ¿Qué importa, entonces, una historia más? Verdad o ficción, el relato tiene tintes de tragedia griega. Con él se podría escribir una novela o hacer una película. Sin embargo, quien esto ha relatado no tiene tiempo para escribir una novela, ni tiene cámara para hacer una película. Se ha limitado, pues, a relatar la historia tal como la escuchó. O tal como la inventó. Quién sabe.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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