Historias de aparecidos

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Opinión
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Ya no hay historias de aparecidos en estos tiempos de hoy. Hay solamente historias de desaparecidos

–En nombre de Dios te pido que me digas si eres de este mundo o del otro.

Tales eran las palabras, sacramentales y solemnes, que se debían decir en presencia de alguna sombra, bulto o aparecido.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-angel-inutil-NB23338656

Mi generación todavía creyó en los espantos. Gocé de niño el dulce terror de las historias contadas por viejas criadas cuando las sombras habían caído ya y salíamos a la banqueta –acera o escarpa, se dice en otras partes– a escuchar esos antiguos relatos en las antes solitarias calles de Saltillo. Cosa de todos los días eran también esos cuentos de misterio en las vacaciones pasadas en el rancho. Junto al fogón de las cocinas, los viejos campesinos daban voz a cosas que juraban “por ésta” haber mirado, o que a su vez oyeron de labios de sus antepasados.

Entre los jóvenes de hoy ya nadie sabe qué significa la palabra “relación”. Ese vocablo servía para designar un tesoro enterrado por alguien cuya alma en pena volvía al mundo, pues mientras el tal tesoro no era hallado, su ánima debía vagar por el mundo como castigo a sus pecados, y sólo descansaba con el hallazgo de la mentada relación. Ésta consistía casi siempre en monedas de oro guardadas en un cofre o una olla de barro. La persona a quien el alma en pena se manifestaba debía ser alguien sin ambición, dispuesto a compartir su riqueza con el prójimo. Si buscaba la relación con intención avara, o para emplearla solamente en su beneficio, entonces encontraba las monedas de oro convertidas en trozos de carbón o en un fino polvillo de ceniza.

En verdad, la palabra “relación” aludía al relato de la historia de aquel tesoro y de la desastrada muerte de quien lo ocultó, pero por extraña sinécdoque el término pasó a significar el tesoro mismo.

–¿De dónde vino la fortuna de Fulano?

–Es que se halló una relación.

Hay frases hechas que uno se siente obligado a decir. Antes, cuando los albañiles hacían un trabajo en casa de alguien, el dueño les preguntaba siempre, con la sonrisa consabida:

–¿No han hallado la relación?

–No, patrón –respondía el “maistro” con la misma sonrisa obligatoria–. Todavía no aparece.

–Si la encuentran, avísenme –decía siempre el propietario.

https://vanguardia.com.mx/opinion/estos-eran-tres-hermanos-MD23317038

Ya no hay historias de aparecidos en estos tiempos de hoy. Hay solamente historias de desaparecidos. Ya no hay tampoco espantos. Y qué bueno, pues si se me apareciera uno, yo no sabría qué hacer. Le espetaría, eso sí, la frase que aprendí cuando niño:

–En nombre de Dios te pido que me digas si eres de este mundo o del otro.

Si el bulto me respondiera que era del otro mundo me quedaría tranquilo. El problema sería que me dijera:

–Soy de éste.

Entonces sí me espantaría. Y es que los espantos de este mundo son más peligrosos, mucho más, que los del otro.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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