Infancias conectadas: crecer entre algoritmos, pantallas y riesgos invisibles
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La infancia en la era digital enfrenta vulnerabilidades frente a plataformas diseñadas para capturar su atención, normalizando consumos tempranos
El uso de internet en la infancia se ha expandido de forma acelerada: hoy, uno de cada tres usuarios es menor de edad y el acceso comienza cada vez más temprano (UNICEF, 2017). En países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), el 98 por ciento de los adolescentes de 15 años tiene un smartphone, pero este acceso masivo también se asocia con riesgos crecientes, como el aumento del ciberacoso y la ansiedad digital. Además, los niños pueden pasar más de 30 horas semanales en línea, lo que incrementa la exposición a contenidos nocivos, afectando el sueño, la actividad física y la salud mental (OECD, 2021).
Por otro lado, surgieron casos peligrosos como los retos Blue Whale (2016–2017) y Momo (2018–2019). A esto se sumó la multa a Google y YouTube en 2019 por el uso de datos infantiles, junto al caso “Elsagate” en YouTube Kids (2017), el cual demostró las graves fallas de seguridad en estos entornos.
Por otro lado, surgieron casos peligrosos como el Blue Whale Challenge (2016–2017) y el Momo Challenge (2018–2019). A esto se sumó la multa a Google y YouTube en 2019 por el uso de datos infantiles, junto al caso “Elsagate” en YouTube Kids (2017), que demostró fallas en estos entornos. Problemas recientes incluyen el algoritmo de TikTok, microtransacciones en Fortnite, adicción en Roblox y sextorsión en Instagram, evidenciando riesgos sistémicos en Internet que muchos adultos acompañantes ignoran. Por tal razón, compartimos algunos fenómenos y conceptos que son imprescindibles para orientar la crianza digital:
– Huella digital: Conjunto de datos personales generados activa o pasivamente en entornos digitales, que configuran la identidad en línea del menor y persisten en el tiempo (Livingstone, 2018).
– Sharenting: Sobreexposición de los padres para compartir información e imágenes de hijos en redes sociales, generando una identidad digital temprana con implicaciones en privacidad y consentimiento (Blum-Ross & Livingstone, 2017).
– Control parental: Estrategias y herramientas tecnológicas utilizadas por adultos para supervisar, restringir y guiar el uso digital infantil, influyendo en hábitos, riesgos y aprendizajes mediáticos (Nathanson, 2015).
– Gamificación: Integración de elementos de juego –como recompensas, niveles o retos– en contextos no lúdicos para aumentar motivación, participación y aprendizaje en entornos digitales educativos (Deterding et al., 2011).
– Adicción digital: Patrón de uso compulsivo y persistente de tecnologías digitales que interfiere con actividades cotidianas, bienestar psicológico y funcionamiento social del individuo (Kuss & Griffiths, 2018).
– Grooming: Proceso mediante el cual un adulto establece relación de confianza con un menor en línea con fines de abuso o explotación sexual (Whittle et al., 2013).
– Microtransacciones y loot boxes: Sistemas de monetización en videojuegos que permiten compras internas, incluyendo recompensas aleatorias que pueden influir en conductas de gasto y hábitos similares al juego (Zendle & Cairns, 2018).
– Datos biométricos infantiles: Información fisiológica o conductual de menores, como reconocimiento facial o voz, recolectada por sistemas digitales con implicaciones en privacidad, vigilancia y protección de datos (EDPB, 2020).
– Doomscrolling infantil: Consumo compulsivo de contenido negativo o continuo en plataformas digitales que puede generar ansiedad, fatiga y afectaciones emocionales en usuarios jóvenes (Satici et al., 2021).
– Autoplay: Funcionalidad de plataformas digitales que reproduce contenido automáticamente sin intervención del usuario, incentivando consumo prolongado y reduciendo el control consciente del tiempo de exposición (Common Sense Media, 2019).
– Geolocalización en apps infantiles: Tecnología que permite rastrear la ubicación de menores a través de aplicaciones, generando beneficios de seguridad, pero también riesgos de vigilancia y exposición de datos (FTC, 2022).
– Filtros de belleza: Herramientas digitales que modifican rasgos faciales en imágenes o videos, influyendo en la autoimagen, percepción corporal y estándares estéticos en jóvenes (Fardouly & Vartanian, 2021).
– Phubbing parental: Comportamiento en el que los padres ignoran a sus hijos al usar dispositivos móviles, afectando la interacción familiar y el desarrollo socioemocional infantil (McDaniel & Radesky, 2018).
– Retos virales: Prácticas replicadas masivamente en redes sociales que incentivan la imitación, pudiendo implicar riesgos físicos o sociales en poblaciones infantiles (O’Dea et al., 2020).
La infancia en la era digital enfrenta vulnerabilidades frente a plataformas diseñadas para capturar su atención, normalizando consumos tempranos. Esto se asocia con irritabilidad, ansiedad, problemas de atención, alteraciones del sueño y menor interacción social. El uso compulsivo refuerza la baja tolerancia a la frustración y el aislamiento. Urge una mediación adulta consciente que promueva regulación y alfabetización digital para un desarrollo equilibrado.
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