Justicia para Maquiavelo y la caricatura de Milei

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Opinión
/ 26 enero 2026

“Estoy aquí frente a ustedes para decirles de modo categórico que Maquiavelo ha muerto”. Con esta lapidaria frase inició Javier Milei su discurso en Davos. Conforme avanzaba su disertación, pudimos tener una mayor claridad sobre lo que quiso decir: para los líderes políticos, el dilema entre ética (o justicia) y política ha concluido; ya existe una alternativa, la eficiencia económica y política, la cual, en sus palabras, es justa y ética.

Independientemente de si estamos de acuerdo o no con la postura política del presidente argentino, me parece un desacierto intelectual la caricaturización que hace de Maquiavelo, cayendo en la más burda representación del florentino: un ser inmoral dispuesto a todo para obtener y mantener el poder. Lamentablemente, esta personificación se ha generalizado en el entendimiento vulgar. Pero, para comprender a Maquiavelo y su alcance, hay que situarlo en su tiempo y espacio: la caótica Italia de los siglos XV y XVI.

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Nicolás Maquiavelo (1469-1527) escribió sus dos obras principales —“El Príncipe” (1532) y “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” (1531), publicadas póstumamente— entre 1512 y 1517, durante la restauración de los Medici en Florencia. Durante esta etapa, así como en las décadas que vivió a finales del siglo XV (el Quattrocento), Maquiavelo y sus contemporáneos florentinos fueron testigos de una era de inestabilidad social, violencia e incertidumbre.

En el ámbito internacional, mientras que países extranjeros como Francia, España e Inglaterra se consolidaban como monarquías absolutas, la península italiana estaba dividida en cinco grandes estados: el Reino de Nápoles, el Ducado de Milán, la República de Venecia, la República de Florencia y los Estados Pontificios. A pesar de que Italia estaba a la vanguardia del desarrollo cultural y artístico de la época, su división política evitaba que se fortaleciera como una sola unidad estatal, lo que la hacía vulnerable a invasiones extranjeras. Tan sólo en 1512, Florencia sufrió una invasión de tropas españolas. A esto, hay que agregar que al Papa le convenía la fragmentación: la relativa debilidad de los estados italianos protegía la soberanía territorial pontificia y le daba margen de negociación con las otras naciones católicas.

Por este motivo, las principales preocupaciones del padre de la filosofía política moderna fueron la unidad nacional, la gobernabilidad, la estabilidad política y la cohesión del Estado para hacer frente tanto a las amenazas internas como externas.

Le doy el beneficio de la duda a Milei, le concedo que su simplificación de Maquiavelo no se trató de un comentario fruto de la ignorancia, sino que más bien parte de su retórica para mostrarse como un forastero de la política, alguien que se formó al margen de ésta y que es ajeno a sus valores (o falta de, dentro de su lógica). Si Maquiavelo enarbola el paradigma del político, Milei se quiere afianzar como un administrador económico independiente de la “politiquería”, que introduce la lógica de la eficiencia como justicia en las prácticas del Estado.

Pero, aunque Milei lo decrete así sin más, Maquiavelo no ha muerto y tal vez su lectura sea hoy más necesaria que nunca. Olvidémonos de la caricatura del florentino que lo reduce a un cínico dispuesto a hacer todo por el poder. A Maquiavelo le interesaba un líder —un Príncipe— capaz de integrar los distintos intereses en una sola unidad nacional; combatir la corrupción, entendida como la pérdida de la virtud cívica, tanto en los ciudadanos como en los gobernantes; y, fortalecer al Estado frente a las amenazas locales y extranjeras. Para esto, se requiere de un líder capaz de pensar fuera de la moral tradicional, que no piense en su bien particular sino en el bien común y cuya mayor virtud sea reconocer y aprovechar la ocasión.

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Ante un panorama global tan incierto como el de hoy, en donde la fuerza somete a la diplomacia, considero que Milei se equivoca; Maquiavelo no sólo no ha muerto, sino que es indispensable.

X: @areopago480

Correo electrónico: areopago480@gmail.com

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