La destrucción del rostro de Saltillo
COMPARTIR
Podemos declarar que la pérdida del rostro saltillense inició con la destrucción del Hotel Coahuila, decidida por los dos hermanos Arizpe y los hermanos López
La identidad es la referencia a una serie de características que hacen que un lugar, una determinada sociedad o un paisaje sean reconocidos y diferenciados de otros. Es una particularidad que quienes habitan el lugar o los viajeros le otorgan como única o distinta.
Identitas es la palabra latina que da lugar a ese sustantivo que conduce a una concepción. No se refiere únicamente a casas, ciudades o determinadas culturas, aunque sí puede apropiarse de las mismas. De la palabra se deriva idem, que significa “lo mismo, el mismo”. De hecho, en el Archivo Municipal, cuando uno lee los testamentos que dictó quien estaba o sentía estar cerca de la muerte, se van nombrando uno a uno sus bienes y, para evitar repetir un nombre, se usa item o idem, por ejemplo: “Dejo a mi hija un cazo de cobre mechoacano. Item o idem también el baúl donde guardo mis prendas que llegaron de China o de Ruan: colchas, mascadas, dos faldas con flores. Item un Santocristo pequeño y un cuadro de San Nicolás”. Leer testamentos es muy interesante porque ahí es donde aparecen los bienes, sus orígenes y la designación: a quién heredan. En los testamentos tlaxcaltecas se declara al final que dejan un peso para el Santo Sepulcro y otro para la Redención de Cautivos. El testante no olvida aclarar si pertenece al barrio de Santa Ana, de San Esteban o de La Limpia Concepción.
TE PUEDE INTERESAR: Donald Trump historiador
El largo párrafo anterior nos dice que los tlaxcaltecas de Saltillo tenían una identidad, que sabían quiénes eran y que iban al otro mundo sabiendo de cuál partían. Son muchos sus testamentos en lengua náhuatl, pero se puede ver con claridad algunas cosas.
Los saltillenses, por su parte, tenían una identidad geográfica, un cierto orgullo porque en sus inicios, todavía en el siglo 16, el virrey había denominado a la villa como “la llave de tierra adentro”, nada menos que la frontera septentrional del imperio. Después de Saltillo todo era desconocido o por conquistar. Es tan claro que en un mapa francés antiguo lo que correspondería a Monterrey, Saltillo y Parras aparece en blanco con un pequeño aviso: “país hasta ahora desconocido”. Volvamos al rumbo. Saltillo fue la única ciudad del noreste que nunca se despobló, como Monterrey, dos veces, o Monclova, siete. Y entre la fundación de Saltillo y la de Monclova, en 1676, hay un siglo.
No, no me he retirado del tema. Los jesuitas dieron identidad a la región lagunera, aclarando que en sus cartas nombran “las lagunas”. Los franciscanos impusieron su marca en el río Nadadores, desde Cuatro Ciénegas hasta Candela, en las primeras décadas y luego lo alargaron hasta Río Grande y Los Tejas.
Las identidades son naturales y necesarias. Nos sentimos de un lugar. Desde la época de los romanos se empleó el concepto de patria: el lugar de los padres; e identidad, el sentimiento de pertenencia frente a otros. Campesinos de General Cepeda no se refieren ni al municipio ni a la nación, sino a lo que los hace diferentes: somos del Arroyo San Miguel...
Por desgracia, la identidad de Saltillo se ha ido perdiendo, y esto hace años. Podemos declarar que la pérdida del rostro saltillense inició con la destrucción del Hotel Coahuila, decidida por los dos hermanos Arizpe y los hermanos López, apoyados en el licenciado Flores. Es una desgracia que no podemos asimilar. Y dos sobrinos de este último se han dedicado a continuar la debacle. Una hermosa casa que construyó el extraordinario Zeferino Domínguez era parte del catálogo del INAH como edificio a conservar. Pues a medianoche subieron a un albañil a hacer un gran hoyo en el techo: la justificación: debía derrumbarse. Hoy vemos ahí un hermosísimo OXXO.
TE PUEDE INTERESAR: Saltillo: Demuelen casa catalogada como Monumento Histórico en calle Juárez
Una casa antigua acaba de ser demolida frente al Palacio de Gobierno. ¿Era necesario hacerlo? La pregunta va hacia atrás: el profesor Óscar Flores Tapia destruyó el edificio del Centro de Readaptación Social, un enorme y hermoso inmueble de cinco pisos de adobe; ¿por qué?
Pocas calles nos quedan del verdadero Saltillo: Juárez, Bravo, General Cepeda, Hidalgo..., pero a las autoridades les duelen. Quisieran acabar con ellas y modernizar la ciudad. ¿Por qué no tendrán asesores, gente culta a su lado?