La FILC, Borges, el fútbol y las fugas de Bach
* Bajar el balón no solo es cuestión de control, visión y dirección, es, además, un asunto de honor: en ello está en juego la solvencia y la técnica balompédica adquirida a base de desgarres y esguinces, la ubicación en el área, la visión de campo y, evidentemente, la culminación de los avances letales para horadar la portería del contrario. El balón en tierra refleja el contrapunto terrestre y la inteligencia encendida, la habilidad de correr con el balón pegado a los tachones y la intuición de proyectarlo en los huecos habilitados por los punteros; bajar bien el balón implica pulso y cadencia, mecidos en el colectivo de once voluntades en armonía.
* Lamenté, después de leer Ficciones de Borges, que el autor de “Funes el memorioso” despotricara con desparpajo pasmoso en contra del fútbol. Confieso que lo juzgué como uno de esos seres superdotados que de niño sufrió de incapacidad para desplegar cualquier actividad física. Antes que la ceguera se agudizará fue a ver un partido de fútbol con un grupo de amigos. Abandonó, decepcionado, el graderío convencido de la nimiedad y estupidez del juego: “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”. Llegó a decir que “los ingleses hicieron mucho mal al mundo. Por ejemplo, lo han llenado de estupideces, como el fútbol”. Aventuro el argumento de que a ese portento literario “le faltó cancha”, que adoleció del privilegio de pergeñar jugadas en el colectivo de defensas, contenciones, punteros y delanteros. Se privó de experimentar los escalonamientos ofensivos que su compatriota contemporáneo, Alfredo Di Stéfano, tejía semanalmente en Millonarios (River Plate) y, luego, en el Real Madrid de los 50 y 60. Me pregunto qué hubiera ocurrido en un imaginario encuentro entre Borges y el hincha empedernido Shostakovich. Sabido es de muchos la afición del compositor soviético, su formación como árbitro de fútbol y la asistencia asidua a los partidos de su equipo favorito, el Zenit de Leningrado (actualmente FC Zenit San Petersburgo).
* Crecí y viví en dos ciudades futboleras por antonomasia. Un par de décadas de mi vida las pasé jugando fútbol en calles, parques y llanos citadinos, viendo compulsivamente juegos en estadios y televisión. Mi liviandad y consecuente ligereza para correr con el balón me destinó a la posición de extremo izquierdo (por ser zurdo). Aprendí a “jalar marca” habilitando espacios para filtrar el balón; a llegar a los confines geográficos de la cancha y centrar balones a modo para marcar; cruzar medio campo para pelear y recuperar la pelota. Con el paso de los años perdí ligereza, gané peso- y colmillo- para terminar jugando en la media como contención creativo. En esa área la fricción es intensa, la habilidad para descifrar el cuadro maleable y planteamiento táctico del rival, es imperativa. Velocidad de pensamiento y parsimonia en el manejo del balón, son distintivos de un excelente medio de contención.
Pienso en Andrea Pirlo, el paradigma del mediocampista “regista”, organizador del juego profundo, habilidoso en los cambios de ritmo, arquitecto que construía panoramas para los pases cortos y cambios de frente con precisión milimétrica. Como no era un jugador veloz, al modo del uruguayo Federico Valverde (mediocampista polifuncional del Real Madrid), Pirlo compensaba la velocidad de desplazamiento con el giro y la técnica del control del balón que le permitía mantener la posesión rodeado de oponentes. Esta belleza de equilibrio y libertad, velocidad y creatividad, son la delicia física- y, casi espiritual- del jugador de fútbol.
* Las fugas de Bach poseen una curiosa simetría (nomás en mi futbolera mente ocurren) con los trazos del balón y éste conectándose con las líneas del cuadro: líneas contrapuntísticas entrelazándose armónicamente; el “tema” de la fuga es semejante al pase inicial en la línea defensiva que culmina en el área chica; entre más preciso el ritmo y cadencia en el engranaje de las líneas, mayor éxito en la culminación del eje de ataque: todas las voces de la fuga confluyen en el stretto (estrechamiento).
CODA
“El fútbol es el ballet de las masas”. Dmitri Shostakovich.