La nueva convivencia social: sus transformaciones

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Opinión
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Con la transformación que vive la sociedad ahora, donde prima la rapidez y la falta de atención hacia los demás, se han desplazado las fórmulas de cortesía

La convivencia social camina en varios sentidos. En las relaciones entre los miembros de una sociedad existen distintos tratamientos derivados de las tareas y actividades insertas en los espacios de todos los espectros: laboral, familiar y amistoso.

En cada uno de ellos se dan ciertas dinámicas que a lo largo del tiempo van definiendo las comunicaciones. Cada interacción es distinta de acuerdo con las circunstancias en las que se presenta, la personalidad de los involucrados, la época en que ocurre y las historias de cada uno.

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Esas dinámicas, al ser distintas, también ofrecen rasgos de personalidad diferentes en cada espacio. Aun conservando su esencia particular, el maestro frente a grupo se comporta distinto en un evento familiar, en el supermercado o en una cita médica. No se espera de él que sea igual en una situación que en otra, considerando la expresión del escritor español José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”.

Ahora, parafraseándolo, podríamos puntualizar de la mano de la tecnología: “Yo soy yo y mi celular. Yo soy yo y mis redes sociales, mis números telefónicos de contacto, mis gustos y mis preferencias convertidos en algoritmos”.

Esta forma de ser impacta en el nuevo ser humano que, con la tecnología, debemos entender que se está gestando: un individuo que comparte en sociedad la infraestructura en la que habita, la ciudad que cruza en el día a día, la convivencia entre los compañeros de oficina, entre familiares o amigos, pero asimismo, la persona que se sumerge en su otro mundo a través de las plataformas digitales.

Si en algún momento se pensó que existía al menos un cierto grado de uniformidad en una familia o en el salón de clases, ya no hay tal. Sí se conservan características en común, pero indudablemente ahora, con las transformaciones en tecnología y comunicación, estamos hablando de otros muy diversos mundos que habitan en cada uno de los estudiantes que se sientan en el aula o en los integrantes de las familias ante la mesa del comedor.

En temas de educación –se decía mucho antes–, la persona que hace el menor ruido posible en su entorno es a quien puede considerarse bien educada. Aquella que no interfiere o molesta en la actividad, tarea o bienestar en general de quien tenga cerca de sí.

Hace unos días leí que el escritor Arturo Pérez-Reverte reflexionaba sobre el mundo de su infancia, en el cual se acostumbraban ciertos hábitos y costumbres que “expresaban una forma de respeto y facilitaban la convivencia entre personas”.

Entre esas costumbres incluye el dar importancia a los sencillos actos de saludar o despedirse o ceder el paso. Con la transformación que vive la sociedad ahora, donde prima la rapidez y la falta de atención hacia los demás, se han desplazado –reflexiona– las fórmulas de cortesía.

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En una entrevista con David Marchante, en el medio digital “El Debate”, Pérez-Reverte recordó el momento en que un desconocido intentó pasar bruscamente delante de él en una alfombra mecánica. Al pedirle explicaciones, el hombre le dijo que quería pasar. “Comprendí que su educación, su formación, su mundo, excluye ya ciertas cosas que están en el mío”. Entonces, en lugar de enojarse, pensó: “Es otro tiempo”.

El choque entre una y otra manera de estar en el mundo se potencia. Ha ocurrido siempre, pero ahora, con elementos nuevos, como los de la tecnología en las comunicaciones, las generaciones transitan en direcciones muy diferentes. En el entendimiento de las distintas maneras de concebir el mundo está la clave. Comprender que cada cual vive sus propios episodios en la vida, sus propios procesos, y que no es buena decisión insistir arbitrariamente en que uno y otro se integren a los mundos concebidos en lo personal.

La mejor convivencia conlleva el respeto a los espacios tanto físicos como emocionales y mentales.

María C. Recio es una de las voces más influyentes en la crónica contemporánea de Coahuila. Su trabajo se caracteriza por el rescate de la memoria colectiva, combinando la investigación histórica con la narrativa literaria. Se ha especializado en el género de la entrevista y la crónica urbana.

Periodista, escritora y cronista con más de 30 años de trayectoria.

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