La visión de Jane Smiley: Cómo contar la historia y la vida cotidiana
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Jane descubre que en la libertad se encontraba la gran responsabilidad de enfrentarse al mundo, pero también de intentar transformarlo
La escritora estadounidense Jane Smiley, nacida en 1949, legó una obra monumental con su “Trilogía de los cien años”. Compuesta por “Un poco de suerte”, “Una advertencia” y “La edad dorada”, ofrece una premisa que resulta de gran interés. La idea alrededor de ella es presentar lo que ocurre en las vidas personales mientras el mundo cambia. Qué es lo que pasa a su alrededor y, de manera importante, lo que ocurre en su entorno: el nacimiento y la crianza de los hijos, los enamoramientos, lo que representa, en fin, la vida cotidiana.
Mientras ocurre el relato familiar, la historia del pueblo y de las naciones avanza. Toma como modelo a su madre, quien se alistó siendo joven en el Cuerpo Femenino del Ejército, marchándose a Francia, donde se hizo cargo de lo que quería para su vida.
Con esta enseñanza de su madre, Jane descubre que en la libertad se encontraba la gran responsabilidad de enfrentarse al mundo, pero también de intentar transformarlo. Una gran acción como la de ella, pero también las acciones concretas del día a día, pequeñas decisiones que implican a la libertad.
Hace unos días, al hablar de este valor de significado a veces tan elusivo, un estudiante de mi clase de Ciencias de la Comunicación lo expresaba de esta forma, luego de haberse mostrado en ella los obstáculos para poderla asumir: “¿Y entonces, de qué sirve la libertad, si no se puede hacer lo que se desea?”.
En la clase se llegó a la conclusión luego de varias participaciones. “Es que no se trata de libertinaje”, comentó uno. “La libertad implica compromiso”, dijo otro. Y una más expresó: “La libertad implica una gran responsabilidad”. En efecto, habíamos llegado al meollo del tema: “La libertad está presente; decides qué hacer con ella sin afectar a los demás, sabiendo que la tienes y que tu deber es cuidarla en respeto a ti mismo y al otro”.
Ese valor, como todos los que lo acompañan y complementan, está presente en la obra de Jane Smiley: ¿Qué decides hacer con tu vida y cómo se termina viviendo dentro de las consecuencias de esta decisión?
Acudió al relato familiar y encontró en él cómo cada uno de los integrantes se enfrentaba a sus propias decisiones según sus particulares formas de ser. Ha expresado que le fascinaba “cómo personas que vienen exactamente del mismo lugar terminan siendo completamente diferentes”.
La relación de cada uno de los integrantes, además, con su entorno, es también significativa. Se establece con el medio un entramado que hace nacer al individuo en sociedad y funcionar en ella. Se experimentan cambios en esas sociedades y, de acuerdo con las particularidades de los miembros familiares, hay o no adaptación al cambio. Adaptarse a los cambios hace, señala la escritora, que las personas vivan razonablemente bien.
No puede una dejar de recordar aquí a don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, protagonista de la novela “El Gatopardo”, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, quien a su alrededor veía cómo se derrumbaba lo hasta entonces conocido y con ello él mismo. La melancolía y el desconsuelo se apoderan de él cuando ve cercano el fin de una época. No podía asumir los cambios que le transformaban todo: su vida, sus paisajes, sus relaciones familiares.
A muchas reflexiones invita la obra de Jane Smiley, y leerla asegura un encuentro con los temas sagrados del ser humano, su adaptación a los cambios y el enfrentamiento a las decisiones, producto de las consecuencias que derivan de ellas.