Las destrucciones de la 4T
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Sabemos que se destruyeron instituciones que antes significaban un contrapeso para el gobierno federal
Sabemos que al hablar de la Cuarta Transformación estamos hablando de la peor destrucción de México de la que se tenga noticia en la era moderna de nuestro país.
Sabemos que se destruyeron instituciones que antes significaban un contrapeso para el gobierno federal. Se socavó a niveles vergonzosos la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Hoy, esta institución sigue tomada por la ineptitud, por el servilismo y por la negligencia de Rosario Piedra Ibarra, quien es hija de la reconocida luchadora social Rosario Ibarra de la Garza.
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La Cuarta Transformación destruyó también al Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), sustituyéndolo por una oficina gubernamental que puede tildarse de todo menos transparente.
La 4T destruyó también un sistema de salud que operaba bien gracias a instituciones como el Seguro Popular, al Sistema Nacional de Vacunación y a la existencia de medicinas y tratamientos completos para enfermedades como la diabetes, el cáncer, la insuficiencia renal y la hipertensión, entre muchos otros padecimientos.
Se destruyeron los avances en educación que se lograron con reformas implementadas en las administraciones de Enrique Peña Nieto, de Felipe Calderón y de Ernesto Zedillo. En los gobiernos de la 4T ha aumentado la deserción escolar y se implementaron libros de texto plagados de errores, desapareciendo las matemáticas, y, en algunos casos, con mensajes con una gran carga ideológica, viendo a la educación como una herramienta doctrinaria.
La 4T, con todo y su segundo piso, acabó también con la autonomía del Poder Judicial. Se eligió a los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tomando en cuenta más su lealtad al régimen que su capacidad.
Se acabó con la vida de miles de mexicanos con el manejo irresponsable de la pandemia de COVID-19, y se otorgó rienda suelta a los líderes de las mafias para que hicieran y, sobre todo, deshicieran a su antojo a nuestro país, rompiendo así los récords en las cifras de muertes por la inseguridad pública y en las cifras de desaparecidos.
La 4T rompió también con la promesa presidencial de acabar con la corrupción, convirtiendo a México en uno de los países con mayor corrupción gubernamental en el mundo.
Por si fuera poco, la 4T ha provocado el mayor daño ambiental en la historia moderna de México. Hablar de cuidado del medio ambiente es casi una obligación en estos tiempos. Y no es para menos, pues últimamente los seres humanos, con la torpeza que nos caracteriza, hemos decidido destruir el planeta en que vivimos. La falta de conciencia ecológica ha causado grandes daños y si no actuamos a tiempo, la vida futura será más dura incluso que durante el gobierno de Andrés López Obrador.
Los gobiernos de la “Cuarta Transformación” acabaron con los avances que se tenían en energías limpias, suspendieron todo proyecto de generación de energía solar y eólica.
No soy de las personas que acusan al Gobierno de ser el responsable de todos nuestros males. Pero en el caso ecológico no se puede negar que las autoridades han contribuido a la degradación del medio ambiente.
El Gobierno es quien aprueba la instalación de tal o cual industria, sin fijarse, muchas veces, en lo contaminante que puede ser. El Gobierno es el encargado de penalizar los daños al medio ambiente que muchas veces pasan desapercibidos.
El Gobierno es el encargado de evitar que circulen los vehículos que más contaminan. El Gobierno debe prevenir los incendios forestales mediante una campaña de conciencia y, sobre todo, con un equipo capaz de evitar la destrucción de nuestros bosques.
El Gobierno debe evitar manejos corruptos en la elaboración de una obra o en la aprobación de desarrollos de vivienda u hoteles que afecten selvas, manglares, bosques o manantiales de agua.
Es increíble, pero dos de los proyectos “transformadores” de la 4T han significado un grave atentado contra la naturaleza. Uno de ellos es el Tren Maya, por cuya construcción se talaron indiscriminadamente millones de árboles y plantas y se ha afectado a yacimientos de agua y a decenas de cenotes y vestigios precolombinos. Miles de hectáreas de selva en la Península de Yucatán fueron destruidas por la construcción del tristemente célebre Tren Maya, que sólo ha servido para aumentar exponencialmente la deuda de México.
Otro proyecto de AMLO fue la refinería de Dos Bocas, por la construcción de la cual se destruyeron decenas de hectáreas de manglar. El capricho presidencial de construirla en su estado natal provocará que las aguas de ríos y mar se contaminen de forma irremediable y que tan sólo las emisiones de CO2 en 20 años de operación calculada equivaldrían a talar aproximadamente 183 millones de árboles. Es triste siquiera pensarlo, pero por esta causa Tabasco dejará de ser un edén y millones de personas de la zona sufrirán graves consecuencias en su salud.
Ante estos proyectos destructivos, además de aferrarse al uso del carbón, del combustóleo y del petróleo como fuentes de energía, cabe plantearnos la pregunta de los 64 mil pesos: ¿Dónde está la Semarnat?