Las horas extras de Luisa María Alcalde al frente de Morena
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La dirigencia nacional de Morena ha ido perdiendo respaldos en donde importan, el Zócalo y en Palenque
Luisa María Alcalde está en un pantano: mientras más patalea para llegar a la orilla, más se hunde. Quiere evitar ahogarse políticamente y salir por la puerta de atrás de la presidencia de Morena. Lo último en este esfuerzo fue la difusión de un video, este martes, donde aseguró que se quedaba al frente del partido y acusó a “la derecha” de ser quien promovía los rumores de que sería relevada del cargo. Sin embargo, los trascendidos de su remoción surgieron desde el interior de Morena, no como parte de intrigas ni fuego amigo, sino como una medida que se tomaría por su incompetencia.
Las versiones de su salida agarraron tracción el viernes pasado, cuando comenzó a circular el nombre de Ariadna Montiel, la secretaria del Bienestar y encargada de la operación de los programas sociales, como la próxima dirigente de Morena. Alcalde había logrado sobrevivir en el cargo por la estimación que le tiene la presidenta Claudia Sheinbaum, aunque no necesariamente por un respeto profesional. A la Presidenta no le ha gustado su vida privada que se ha hecho pública, que la distrae y la ocupa, por lo que algunos temas políticos que le ha encargado no los ha resuelto.
La Presidenta lleva meses dubitativa sobre el papel y destino de Alcalde. Ya no la quería en diciembre y había avalado en febrero que fuera relevada. Alfonso Durazo, gobernador de Sonora, sería ungido, pero no en ese momento, sino después del Mundial de Futbol. Pero el ánimo de Sheinbaum de principios de marzo cambió a fines del mes, y el mensaje era que se sentía a gusto con ella. La semana pasada, después de que recibió un reporte de su asesor más confiable sobre las elecciones intermedias del próximo año, volvieron a cambiar las señales en Palacio Nacional.
Alcalde le había solicitado una cita para esta semana, a fin de informarle su análisis sobre los 300 distritos electorales, pero no se sabe si se concretó o no el encuentro en Palacio Nacional. De cualquier forma, de acuerdo con fuentes de Morena, Sheinbaum y Alcalde sí conversaron, pero del fin de un ciclo. No estaba esperando eso Alcalde, quien ha dejado ver en el entorno de la élite de la militancia que una salida en estos momentos sería una humillación para ella. En otras palabras, se confirmaría lo que sus propios camaradas han estado filtrando a la prensa: no puede con el partido, ni tiene la capacidad para conducir un proceso electoral.
Esto lo sabía la Presidenta hace tiempo, razón por la cual le pidió al secretario de Educación, Mario Delgado, antecesor de Alcalde, que dejara de lado sus aspiraciones en Colima para ayudarle en el proceso. En algunos de los temas que no pudo resolver Alcalde, Delgado entró al quite. En estos momentos, está difuso si Delgado será mantenido en esa categoría de bombero externo o si será el candidato de Morena para la gubernatura de su estado. Otros problemas que ha generado, por su mal trato y despotismo, son con los partidos de la coalición gobernante, el PT y el Partido Verde, que han dejado ver su molestia con ella y su poca disposición a seguir teniendo interlocución con Alcalde. Sheinbaum está considerando enviar a Esthela Damián, la consejera jurídica de la Presidencia, su amiga con quien tuvo recientemente un diferendo, para que la apoye. ¿Por cuánto tiempo? Nadie lo sabe.
Alcalde tiene rendimientos decrecientes en Palacio Nacional porque sus asuntos privados se han mezclado con los públicos, y su vida personal se ha convertido en tema de la prensa política. Una de las partes negativas que más le señalan dentro de las élites de Morena es su relación con Arturo Ávila, el activo vocero de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados, a quien señalan que la ha cooptado en sus tiempos y agenda política, llevándole personas, algunas de las cuales quieren ser candidatos a puestos de elección popular.
La lideresa de Morena ha ido perdiendo respaldos en donde importan, el Zócalo y en Palenque. En estos momentos, su salida del partido no generaría ninguna tensión entre Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador, que también le tiene aprecio y es muy cercano a su madre, Bertha Luján, compañera de lucha por décadas del expresidente. El cariño y la amistad, en estos momentos de premura para aceitar la maquinaria electoral sin divisiones internas en la lucha por las candidaturas, ya no alcanzan. Capacidad y eficiencia es lo que exigen los tiempos.
Fuentes de Morena afirmaron que la decisión de la Presidenta esta semana era remover a Alcalde, quien le pidió no hacerlo para salvar cara. Si la reunión se dio en esos términos, en nada le ayudó el video donde le hizo un agradecimiento a la Presidenta por haber hablado bien de ella cuando en la mañanera del lunes le preguntaron sobre la versión de su salida. Aunque en el fraseo de Alcalde había matices –sólo dejaría el partido si la Presidenta la llamara para otras tareas–, y también en el de la Presidenta –se dijo no estar enterada de ningún cambio en el partido–, el mensaje en redes en sí parecía una provocación innecesaria o una torpeza.
Alcalde, a decir por las reacciones que hubo esta semana ante su posible remoción, está sola. Ávila salió en la defensa de una joven talentosa, como llamó a su actual pareja, y apenas la cuarta división de los youtuberos en la maquinaria de propaganda del obradorismo lanzó críticas a quienes mencionaban que saldría del partido. No hubo gobernadores que la abrazaran, ni dirigentes o exdirigentes que la respaldaran.
Lo que permanezca en el cargo será lo que en Estados Unidos llaman un lame duck, para señalar a un político que, pese a mantenerse en su puesto, ha perdido influencia y capacidad de negociación. No influirá –lo que no es novedoso– en el palomeo de las listas, ni está en la mesa de negociación de quienes sí tienen fichas para jugar sus candidaturas en Morena. Todos estos días, antesala de su salida, la siguen debilitando internamente y restándole todavía más posibilidades de interlocución afuera. La humillación a la que teme ya existe. Los hilos del poder que le entregó López Obrador y le refrendó Sheinbaum, a quien debería haber acompañado por cuando menos la mitad del sexenio, nunca los tuvo en sus manos.