Manolo Jiménez y Ricardo Mejía: ¿Reconciliación familiar?

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Opinión
/ 17 marzo 2026

En Piedras Negras, el PRI está en caída libre. No tienen líderes de peso ni de contrapeso. ¿Por qué pactar con su archienemigo en una plaza que ya tiene perdida?

Vayamos a los hechos. Objetivos, sin drama. El PRI de Manolo Jiménez Salinas y el PT de Ricardo Mejía Berdeja pactaron. Votaron juntos en el Cabildo de Piedras Negras. ¿El objetivo? Impedir el nombramiento de un consejo 100 por ciento ciudadano en el Sistema Municipal de Aguas (SIMAS).

El plan parece claro: sostener a Lorenzo Menera, leal colaborador político de Ricardo Mejía y del PT. No es un técnico del agua, no es administrador; es un operador político, no más, no menos.

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La historia viene de la alianza que llevó a Jacobo Rodríguez a la alcaldía. Fue una coalición de “todos contra el PRI”. Al inicio, el alcalde le entregó el SIMAS a Lorenzo Menera. Le dejó escoger hasta su propio Consejo de Administración. Al paso del tiempo, y una vez perdida la confianza, el alcalde pidió al Cabildo –órgano superior del SIMAS– que emitiera un nuevo acuerdo que dejara sin efectos al consejo que se instaló en enero de 2025. El cabildo apoyó al alcalde.

El cabildo de Piedras Negras tiene tres bloques. Los que apoyan al alcalde (que son mayoría, pero no absoluta). Los regidores del PT, que sólo responden a Ricardo Mejía. Y, finalmente, los del PRI, que perdieron la elección y que obedecen al gobernador de Coahuila.

Lorenzo Menera y el consejo del SIMAS se negaron a renunciar o abandonar el cargo. El Cabildo los cesó, pero buscaron la protección judicial. Ganaron un primer asalto, pero perdieron el fondo. No tenían defensas. Legalmente están fuera, pero operativamente siguen ahí. Estamos a la espera de un nuevo consejo, el cual habrá de elegir al nuevo gerente o ratificar al que está en funciones.

Lo inverosímil: El pacto PRI-PT. Aquí es donde la política de Coahuila se vuelve surrealista. El PT quiere retener su coto de poder en la frontera. Pero el PRI, ¿a qué le tira? Su voto muestra una alineación total con los intereses de Mejía Berdeja, pero no deja en claro qué es lo que buscan. ¿Qué pactaron en lo oscurito? ¿Tiene que ver con la próxima elección de diputados locales? La sorpresa es total porque hasta hace una semana se odiaban a muerte. El equipo del gobernador Jiménez no le perdonaba a Mejía sus afrentas. En público lo ignoraban; en privado, hacían lo imposible por sacarlo de la jugada estatal y bloquearlo en todos los frentes posibles.

Mejía, por su parte, ha lanzado acusaciones criminales contra el Gobierno de Manolo Jiménez. Lo hizo en campaña y lo hace desde la tribuna de la Cámara de Diputados. Está grabado. Es público. No lo digo yo, lo dice él desde su “ronco pecho”.

Acusa a los mandos policiacos de Coahuila de ser el nuevo crimen organizado. Los ha señalado por nombre, apellido y apodo. Ha llegado a decir que controlan al mismísimo gobernador. Son acusaciones graves que constan en el Diario de los Debates. Nadie se atreve a opinar del tema y el Estado ha guardado un silencio sepulcral. Las preguntas pululan por doquier.

De pronto, el odio se convirtió en entendimiento. Del insulto pasaron a la votación conjunta. Lo que menos les importa es el agua de Piedras Negras. Lo importante para el PT es una posición de poder con un presupuesto de 250 millones de pesos anuales. Los motivos de Mejía son obvios: dinero y supervivencia. ¿Pero los del PRI? ¿Por qué apoyar al personaje que más los ha vapuleado? El consejo que proponía el alcalde eran ciudadanos, representantes de cámaras, sin partido. Pero el PRI prefirió a Mejía Berdeja.

Parece una reconciliación de familia. Ricardo Mejía fue un orgulloso priista hasta que los gobiernos de los hermanos Moreira le cerraron la puerta. Fue el escudero de Raúl Sifuentes, quien perdió la elección interna contra Humberto Moreira. Terminó en Guerrero con Movimiento Ciudadano, buscó ser alcalde de Acapulco, pero su ADN no cambió.

En campaña, Mejía dijo estar orgulloso de haber trabajado con Enrique Martínez y Martínez, a quien llamó “el último gran gobernador”. Con esa frase, le dio el aval a toda la vieja guardia: a Montemayor, al impresentable de Mendoza Berrueto, al criminal de José de las Fuentes.

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Pero nos quedamos con el misterio. ¿Qué hay detrás de la decisión del gobernador? Ponerle trabas a un alcalde popular de Morena no parece suficiente razón para tragarse tantos sapos. En Piedras Negras, el PRI está en caída libre. No tienen líderes de peso ni de contrapeso. ¿Por qué pactar con su archienemigo en una plaza que ya tiene perdida?

Al final, la sangre y la familia todo lo pueden. Mejía es tan priista como Manolo. Son herederos de rencores ajenos que hoy deciden olvidar por conveniencia. En realidad, esta es la segunda vez que pactan. La primera fue en la elección a gobernador, cuando Ricardo Mejía se negó a aceptar su derrota ante Armando Guadiana y prefirió dividir el voto en beneficio de Manolo. Todo indica que es un “caballo de Troya”. Por eso lo sorpresivo del anuncio de la alianza Morena-PT en Coahuila, justo cuando el PT rompe con Morena en la cancha federal con la reforma electoral y en la cancha municipal de Piedras Negras con el asunto del SIMAS. Algo no cuadra.

Pero bueno, ya lo hemos dicho muchas veces en esta columna: no hay oposición que aguante cinco días en Saltillo. Los mecanismos estatales siempre terminan por seducirlos. Veremos si la reconciliación es permanente. Esta novela continuará.

Facebook: Chuy Ramírez

Columna: Regresando a las Fuentes

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