Maquiavelo reloaded
La libertad es una concesión graciosa, que sólo puede ser ejercida cuando se le permite por parte del Estado dominador que ellos mismos eligieron
Tan vigente se ha vuelto el florentino en estos tiempos de arrase de costumbres y ética, donde el interés político y la ambición buscan acaparar, no sólo para sí, sino también como herencia para las generaciones venideras. En este escenario, el territorio coahuilense es campo fértil para que, a través de algunos de sus políticos, se defina la especie. Vamos por partes.
PRIMA. La conceptualización del pensamiento de Maquiavelo parte del ser humano, base de la dominación y la ambición, al que define de esta forma: “el hombre ha recibido una facultad deseante que jamás puede ser enteramente satisfecha”; esto es básicamente porque “a los hombres les interesan más las cosas presentes que las pasadas, y cuando en el presente encuentran el bien, lo disfrutan sin preocuparse de nada más”.
El ser humano sólo está interesado en adquirir, pero una vez que posee lo deseado, el placer desaparece, pues en su condición de deseo infinito, cada satisfacción se sustituye por otro anhelo, pues “la raíz del cambio en las cosas humanas es la naturaleza pervertida del hombre”.
Esto implica que no agradezca lo obtenido, porque en realidad nunca posee nada de lo que desea. La única condición latente es la renovación constante del poder, pues el príncipe debe “innovar con nuevos modos los antiguos órdenes”. Además, un defecto propio del hombre es justamente no ser precavido, pues es “común entre los hombres no tener en cuenta la tempestad cuando el mar está en calma”. Esta deficiencia tiene relación, justamente, con el vivir intensamente sólo lo que le ofrece el presente.
MEDIA. El segundo elemento para su entendimiento preclaro es la sociedad en la que el ser humano se desenvuelve. El pensador italiano la describe así: “...el pueblo que en tal caso se encuentra, es como un animal fiero criado en prisión, que si se le deja libre en el campo, a pesar de sus instintos salvajes, faltándole la costumbre de buscar el pasto y el refugio, es víctima del primero que quiere aprisionarlo”. De esa manera, la libertad es una concesión graciosa, que sólo puede ser ejercida cuando se le permite por parte del Estado dominador que ellos mismos eligieron. ¡Haya cosa!, entonces.
Dice Maquiavelo para reforzar la teoría: “Lo que el pueblo desea es no ser sometido ni oprimido por los grandes, y lo que los grandes desean es someter y oprimir al pueblo... Un ciudadano hecho Príncipe con favor del pueblo debe intentar conservar su afecto; lo cual le es fácil porque el pueblo le pide únicamente no ser oprimido. Pero el que llegó a ser Príncipe con la ayuda de los magnates y contra el voto del pueblo debe, ante todas cosas, tratar de conciliársele; lo que le es fácil cuando le toma bajo su protección”.
ÚLTIMA. El tercer elemento sin duda es el gobernante o príncipe, como su época lo conceptúa, mencionando: “un príncipe debe tener poco temor a las conjuras cuando goza del favor del pueblo... Los Estados bien ordenados y los príncipes sabios han buscado con toda su diligencia los medios para no reducir a la desesperación a los nobles y para dar satisfacción al pueblo y tenerlo contento”. Esta es su primera conceptualización, que refiere un estado de dominio menor.
Pero lo verdaderamente preocupante viene en la siguiente consigna: “No se encontrará ni ley, ni institución capaz de frenar una corrupción generalizada. Así como las buenas costumbres requieren de buenas leyes para mantenerse, así también las buenas leyes necesitan buenas costumbres para ser acatadas... De ahí se concluye que las nuevas leyes no bastan nunca porque las instituciones que permanecen terminan por corromperlas”. Y sigue la condena: “Debéis, pues, saber que existen dos formas de combatir: la una con las leyes, la otra con la fuerza. La primera es propia del hombre, la segunda de las bestias; pero como la primera muchas veces no basta, conviene recurrir a la segunda... Estando, por tanto, un príncipe obligado a saber utilizar correctamente la bestia, debe elegir entre ellas la zorra o el león, porque el león no se protege de las trampas ni la zorra de los lobos. Es necesario, por tanto, ser zorra para conocer las trampas y león para amedrentar a los lobos”.
En fin, el pleno maquiavelismo hace presa de esta tierra, donde las ecuaciones políticas plantean escenarios de poderosos que ambicionan el tener por generaciones y sin prisas, mientras la gente de a pie siga siendo fiel a la marca y a la subsistencia. Es cuanto.
OTROSÍ. Y no es porque se me haya olvidado, sino porque no quiero contaminar lo anterior, pero resulta por demás raro que en el festejo del Día del Abogado se haya dado reconocimiento a funcionarios del régimen y a notarios (que también son parte de la burocracia), y no a litigantes, esos valientes que enfrentan cada día la modorra, la apatía y la corrupción que prevalecen en algunos juzgados y magistraturas. Esto está para Ripley. SÍ VALE.