Más áreas naturales protegidas para Saltillo
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Crear más áreas naturales protegidas es importante, pero además de ello debe impulsarse una transformación cultural que coloque al entorno en el centro de nuestras preocupaciones
Cuidar el entorno y proteger los recursos naturales, se ha dicho en múltiples tonos, es algo que los seres humanos debemos hacer, no “en defensa del planeta”, sino de nuestro propio interés. Porque el mayor problema con el deterioro del medio ambiente es que ello amenaza la existencia misma de nuestra especie.
Conviene recordar en este sentido que las dinámicas planetarias van mucho más allá de nuestra existencia y superan ampliamente nuestra voluntad. El planeta estaba aquí mucho antes de que nosotros apareciéramos y, si somos lo suficientemente torpes como para destruir el ecosistema que nos sostiene, el planeta seguirá aquí después de que nos hayamos extinguido.
Hace falta, desde luego, una dosis importante de humildad colectiva para aceptar esta realidad. Hace falta entendernos y asumirnos como parte del gigantesco sistema que es el planeta Tierra para cobrar conciencia de la necesidad de protegernos a través del cuidado del entorno.
Señalar lo anterior es relevante para dimensionar de manera más adecuada el valor que tiene la propuesta que han realizado, de forma conjunta, el Instituto Municipal de Planeación de Saltillo (Implan) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para establecer tres nuevas áreas naturales protegidas y crear cinco parques ecológicos en el territorio de Saltillo.
No deberían hacer falta argumentos para que todos estuviéramos de acuerdo con que tales medidas, expuestas en el documento Estrategia de Adaptación Basada en Ecosistemas (EAbE), son una buena idea. Más allá de apoyar la propuesta, tendríamos que preguntarnos por qué no se plantea crear el doble de este tipo de espacios.
Y aunque es importante que se elaboren lo que los especialistas denominan “estudios previos justificativos” para que la Sierra de la Concordia, la Sierra El Astillero y el Cerro de la Vega se conviertan en áreas naturales protegidas, lo que tendríamos que preguntarnos todos es más bien qué podemos aportar de forma individual para que estos procesos no solamente se concreten, sino que sirvan para impulsar una nueva cultura de cuidado del medio ambiente.
Porque no se trata solamente de cambiar el régimen jurídico de ciertas áreas naturales como las señaladas, o crear parques ecológicos en todos los rumbos de la ciudad. Se trata, sobre todo, de transformar la cultura individual y colectiva para migrar hacia un modelo de comportamiento que implique volcar las energías de todos al cuidado del entorno.
Se trata de que la protección del medio ambiente pase a formar parte de nuestras preocupaciones cotidianas, al mismo nivel que la seguridad pública y social, el empleo o el cuidado de los animales. Eso es algo que en este momento no tenemos.
Porque de nada servirá que declaremos área protegida el 100 por ciento del territorio del planeta, si tal hecho no viene acompañado de una conducta generalizada que se traduzca en acciones concretas y permanentes, por parte de todos, orientadas a preservar el ecosistema en el que vivimos.