Morena: No robar, no mentir y no traicionar, un verdadero disparo al pie

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

La Presidenta y su partido enfrentarán una prueba decisiva: demostrar que el proyecto de transformación puede sostenerse sin sacrificar los principios que le dieron legitimidad.

El lema “no robar, no mentir y no traicionar” se ha convertido, en tiempos recientes, en un verdadero disparo al pie para quienes ostentan los derechos reservados de este axioma. Y es que uno de los principales enemigos de esa consigna es, precisamente, el contexto del que emergió el movimiento que dio origen al partido que hoy gobierna México.

El movimiento se fue integrando por una buena cantidad de tribus de la izquierda que, conforme fueron conquistando espacios de poder, terminaron por engolosinarse con él. Nunca fue prioridad para ese movimiento –que en 2014 se convirtió en partido político– constituirse en una organización “químicamente pura”, alineada a esos principios. Por el contrario, en su afán de crecer sin establecer filtros ni reservarse el derecho de admisión, permitió la incorporación de todo tipo de perfiles que podrían llenar este espacio.

https://vanguardia.com.mx/opinion/dia-del-trabajo-a-proposito-del-1-de-mayo-GE20428790

En aras de la libertad de pensamiento, de ideas o de cualquier otra justificación, encontraron cabida quienes vieron en el nuevo partido una oportunidad de supervivencia política y, sobre todo, la posibilidad de permanecer en la nómina gubernamental; muchos lo lograron. A ello se sumaron personajes con un pasado tenebroso y una reputación cuestionable, ampliamente conocidos por la opinión pública, varios de ellos con trayectorias multipartidistas. Resultaba prácticamente imposible, dada su esencia, que todos pudieran ajustarse al mandamiento tripartito que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República.

Aunque la base ideológica y las decisiones fundamentales de Morena descansan, en buena medida, en los cuadros provenientes del PRD y en su visión de izquierda progresista, la incorporación masiva de exmilitantes del PRI, del PAN, del PT e incluso de Movimiento Ciudadano demostró que el cambio fue más de siglas que de convicciones. Muchos de quienes se presentaron como conversos que habían abandonado las viejas prácticas políticas terminaron reproduciendo los mismos vicios de siempre. En el fondo, no eran distintos: eran los mismos actores de la política tradicional, sólo que bajo nuevas siglas.

Hoy, las consecuencias están a la vista. En 2026, varios integrantes y exintegrantes de Morena continúan siendo objeto de señalamientos públicos, investigaciones periodísticas y controversias relacionadas con presuntos actos de corrupción, conflictos de interés e incluso posibles vínculos con el crimen organizado, como ocurre en el caso de Rubén Rocha Moya. Aunque nada está legalmente comprobado y, en muchos casos, se trata únicamente de acusaciones o investigaciones en curso, lo cierto es que la percepción pública del partido y la popularidad de la Presidenta siguen poniéndose en entredicho y, con ello, también la credibilidad del principio de “no robar, no mentir y no traicionar”. Como hace poco dijo Marcelo Ebrard: “¿Qué tiene de malo?”.

Andrés Manuel López Obrador concluyó su sexenio con niveles de aceptación muy altos. La encuestadora De las Heras Demotecnia reportó un 73 por ciento de aprobación, mientras que El Financiero lo ubicó en 68 por ciento, cifras notablemente superiores a las registradas por la mayoría de sus antecesores. Actualmente, Claudia Sheinbaum mantiene niveles similares de respaldo ciudadano, con una aprobación cercana al 70 por ciento. Sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿por cuánto tiempo?

El respaldo popular no es un cheque en blanco. En la medida en que persistan las sospechas de protección o tolerancia hacia políticos controvertidos y conforme se acerque el próximo ciclo electoral, la Presidenta y su partido enfrentarán una prueba decisiva: demostrar que el proyecto de transformación puede sostenerse sin sacrificar los principios que le dieron legitimidad.

Siendo un presupuesto moral por excelencia, ese principio constituye una vara demasiado alta para quienes no están dispuestos a hacer de la coherencia entre discurso y conducta una auténtica ruta de vida. No basta con repetir consignas ni con convertir los principios en herramientas retóricas de la narrativa cotidiana; su verdadero valor radica en asumirlos como convicciones inquebrantables y como guía permanente en el ejercicio del poder.

https://vanguardia.com.mx/noticias/mexico/sheinbaum-evita-comentar-sobre-balacera-a-residencia-de-rocha-moya-LP20586836

Cuando los valores, los ideales y los principios se subordinan a la conveniencia política, a la necesidad de conservar mayorías o a la urgencia de mantener cuotas de poder, el lema pierde fuerza y se transforma en un recordatorio incómodo de la distancia entre lo que se promete y lo que realmente se practica. Y esa contradicción, tarde o temprano, erosiona la confianza ciudadana.

Porque, al final, la aceptación de los votantes no depende únicamente de los programas sociales, del carisma presidencial o de la fortaleza electoral de un movimiento; depende de la congruencia moral entre lo que se proclama y lo que se tolera. Si Morena y su gobierno no logran mantener esa congruencia, el lema que los llevó al poder podría convertirse en el principal parámetro con el que la sociedad mida sus contradicciones.

Y es que el progreso y el desarrollo de la mayoría de los mexicanos sólo pueden construirse sobre bases éticas sólidas, donde la honestidad, la verdad y la lealtad al interés público no sean simples consignas de campaña, sino compromisos reales e irrenunciables. De lo contrario, el “no robar, no mentir y no traicionar” dejará de ser una promesa de transformación para convertirse en la más severa de las sentencias políticas y un disparo al pie que tendrá costos muy altos, no sólo para el partido, sino para todos los mexicanos. Así las cosas.

Temas


A20

Personajes



Organizaciones



Profesor-investigador del Departamento de Estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterret, campus Monterrey.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM