Ni con Trump ni con el ayatola... Cómo no meterse en problemas con ninguno de los dos

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 9 marzo 2026

Repudiar esta acción de Estados Unidos no significa solidaridad con el régimen iraní... Condenar las erráticas decisiones de Trump tampoco significa ser un antiyanqui de manual, lo mismo que repudiar la teocracia no significa estar en contra del pueblo iraní

¿Estamos librando la Tercera Guerra Mundial?

Aunque los intereses del mundo están más interconectados que nunca, lo cierto es que los grandes bloques como Estados Unidos y China no están en una confrontación directa, precisamente por ese mutuo y recíproco interés comercial que se tienen ambas potencias y del que dependen sus respectivas economías.

TE PUEDE INTERESAR: ‘El Mencho’ ya no factura... El Cártel sí

Esa es una de las enormes ventajas de la interdependencia económica entre naciones, que no es tan fácil que nos declaremos la guerra los unos a los otros.

Y ese fue uno de los objetivos de formar la Unión Europea: no sólo la consolidación de una economía en bloque y la defensa de sus valores afines, sino la creación de un interés común que impidiera el resurgimiento de otro “tío Adolf” queriéndose apoderar de cuanto territorio reclamara como suyo.

Esto se reforzó con la creación de una misma divisa para todos los miembros de la Comunidad: el euro.

No, no es perfecto ni la solución definitiva, pero al menos pacificó una región del mundo que no había visto paz entre sus imperios desde hacía siglos. Y hacia allá deberíamos encaminarnos como humanidad, hacia confederaciones que eventualmente se vuelvan una sola gran alianza mundial para afrontar retos comunes como el hambre, el cambio climático o una eventual invasión extraterrestre.

Sólo los pendejos tiran en el sentido opuesto. Pero son los menos y no hay problema. Malo ya cuando uno de esos pendejos llega al poder y conduce a su país al despeñadero:

¿Se acuerda del “British Trump”? El Trump británico, un tal Boris Johnson que fungió de primer ministro del Reino Unido durante la pandemia, mismo que promovió la salida del RU de la Unión Europea, el famoso “Brexit” (“Br” de british y exit de “salida”), cuyas consecuencias se hicieron patentes de inmediato: escasez de productos, falta de mano de obra especializada en sectores cruciales como salud y transporte, una crisis burocrática fronteriza que asfixió el comercio y una desaceleración económica que pronto hizo del Reino Unido la nación de menor crecimiento del G7.

En menos de dos años, la mayoría que votó por la salida de la UE ahora estaba arrepentida, lo que se conoce ahora como “BreGret”: Bre ahora de “Brexit” y Gret de “regret”, arrepentimiento (¡cómo me divierten estos neologismos!).

El Donald Trump original, el gringo, el anaranjado, también es un enemigo del comercio internacional y no ha dejado de inventarse aranceles hasta para países ficticios como Wakanda y la República de los Cocos, buscando regresar a su país a una economía de clase obrera. Es un aislacionista, en todos los sentidos, que está socavando la economía de la misma clase media que juró salvar.

Y luego están todos los demagogos y populistas de medio pelo para abajo, los líderes de países bananeros que para todo invocan al nacionalismo, al pasado, a la historia y al patrioterismo. Los que venden la idea de que la gloria pretérita o los agravios históricos hacen a cualquier país merecedor de un futuro prometedor y venturoso, sin mediar para ello el esfuerzo o un proyecto serio de nación. No, nomás por un derecho ancestral.

TE PUEDE INTERESAR: Ve Donald Trump ‘prácticamente terminada’ guerra con Irán: ‘No tienen armada ni comunicaciones’

Esos que abogan por una malinterpretada soberanía, entendida no como la autodeterminación de los pueblos, sino como la discreción y el silencio ante la destrucción de la democracia y las violaciones a los derechos humanos.

Ese nacionalismo estúpido y todo el rollo identitario que la 4T promueve como alternativa al progreso, merecen su propio artículo aparte. Ojalá pronto haya una ventana de oportunidad para escribirlo y todavía exista un mundo en donde publicarlo.

Total: ¿estamos o no librando la Tercera Guerra Mundial? Pues no lo sé, supongo que lo sabremos cuando termine.

Yo digo que no, para desencanto de todos esos ingratos que aún no llenan y todavía están ávidos de vivir más eventos históricos. Aunque no se desanimen, que se está agravando y se podría poner peor (siempre puede ponerse peor ¡ánimo!).

Para mí, la gran guerra (fría y mundial) en curso es la que Vladimir Putin le tiene declarada a toda la gente feliz del mundo y para la cual ha manipulado elecciones, socavado el valor de la democracia y ha generado un caos informativo que ha polarizado la opinión pública en todo el planeta. Esa es la verdadera guerra mundial de la que apenas se habla.

En lo referente a Irán, bueno... Ni siquiera los gringos se ponen de acuerdo. Hace un par de días, el gobierno de EU evitaba a toda costa referirse al conflicto como una “guerra”, por órdenes del mismísimo Trump, a quien a cada rato se le escapaba decir que era una guerra en toda forma. ¡Pobrecitos los de la secta MAGA! Le digo que son como los chairos, que a diario tienen que contorsionar su ideología como pretzel porque sus líderes no se entienden ni solitos.

Respecto a la postura a adoptar, en realidad es más sencillo de lo que parece: la incursión militar de EU es incorrecta, ilegal, condenable; pero la caída y muerte de un ayatola, como la de cualquier tirano líder de un régimen inhumano, no es como para llorar.

¿Es el fin de la teocracia? ¡Ni de chiste! ¿Actuó EU en defensa de la libertad y la democracia? ¡Qué va! Yo creo que todavía están decidiendo por qué fue que bombardearon.

Repudiar esta acción de Estados Unidos no significa solidaridad con el régimen iraní, pues si bien los gobiernos de Trump y Benjamin Netanyahu han incurrido en múltiples crímenes de guerra, el ayatola asesinó a su propia gente, a su propio pueblo (30 mil civiles tan sólo en las recientes protestas).

Condenar las erráticas decisiones de Trump tampoco significa ser un antiyanqui de manual, lo mismo que repudiar la teocracia no significa estar en contra del pueblo iraní. La maldad de uno no santifica al otro. Ambos son sendos HDP perfectamente condenables, no desde la visceralidad, sino desde los preceptos que claramente marcan los tratados internacionales a los que se supone nos adherimos.

TE PUEDE INTERESAR: ‘La ONU ha perdido fuerza’... Sheinbaum sobre conflicto entre Estados Unidos e Irán

Nuestra doctora Presidenta, con P de Pacotilla, prefirió echarle la bolita a la pobre ONU, aduciendo que no cumple ya su cometido, claro, porque es más fácil responsabilizar a un órgano mediador que a cualquiera de los responsables, ya sea un país invasor que nos tiene pescados del cogote o a una tiranía con la que sentimos afinidad ideológica.

Por eso la respuesta infalible de la doctora fue culpar a las Naciones Unidas, siendo que no está entre las facultades de la ONU el detener a ningún megalómano con misiles. Es un organismo de cooperación mutua, no la policía del mundo, como infantilmente asume Sheinbaum y hacía su predecesor.

Pudiéndose apegar al derecho internacional y a los mismos estatutos a los que nos adscribimos, mismos que condenan tanto las invasiones como las tiranías, estaba más a mano la salida facilona: “¡Es de que la ONU ya no sirve para nada...!”. Evadiendo una vez más el deber moral de condenar los abusos y pronunciarse en favor de la democracia, la justicia y el derecho, porque obviamente son bienes que a su movimiento le tienen sin el menor cuidado.

Columna: Nación Petatiux

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM