Obradorismo: Atrapados sin salida
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La herencia de la presidenta Sheinbaum incluye un gobierno pleno de problemas en todos los frentes
La mentira es un fardo que se lleva hasta que la verdad llega. Igual sucede con la impunidad: es una pesada carga para la autoridad, hasta que la verdad la expone y deja al descubierto a unos y a otros: a los criminales y a los encubridores, voluntarios o involuntarios. La política puede hacer mucho; las motivaciones de los intereses erigen muros, pero la verdad, más temprano que tarde, se impone; quizá tarde y limitada, pero siempre termina por prevalecer. De allí que el poder político casi siempre haga de la libertad de expresión un problema y, para algunos –como ocurre en el régimen obradorista–, un enemigo al que hay que reducir a su mínima expresión; esto es, probar que el régimen tiene la razón histórica, la que se sobrepone a cualquier otra consideración, incluso a la verdad.
La presidenta Claudia Sheinbaum heredó mucho de Andrés Manuel López Obrador. Lo principal tiene que ver con la reproducción del régimen: llegó al poder no por haber ganado la encuesta –discutible triunfo si no hubo propiamente campañas y los dados de siempre estuvieron cargados–, tampoco por haber prevalecido en la elección. La razón reside en el diseño, deseo y cálculo de AMLO, donde su mandato es fundamentalmente mantener al régimen político en una nueva etapa: la del obradorismo sin él en la presidencia. Partido, gabinete y Cámaras se integraron bajo tal premisa. No hay presidencialismo, sino un gobierno de grupo, un proyecto político, un directorio bajo la autoridad mayor de la Presidenta, pero en un marco no de poder compartido, sino de poder limitado por la razón de origen: mantener y reproducir al régimen político. Desde luego, no incluye a los socios Partido del Trabajo (PT) y PVEM.
La herencia de la presidenta Sheinbaum incluye un gobierno pleno de problemas en todos los frentes: el económico, sin crecimiento y finanzas públicas comprometidas que limitan el futuro. Así, la mandataria reclama al sector privado mayor protagonismo en inversiones e incluso decide cambiar determinaciones como la explotación del gas en el subsuelo, anatema durante el gobierno anterior. La revisión del acuerdo comercial va a revertir la contrarreforma energética y, de alguna manera, la reforma judicial obradorista, para bien del país, aunque su alcance será para las empresas extranjeras, no para los mexicanos.
Lo más complicado de la herencia obradorista fue la captura del Estado en amplias regiones por el crimen organizado y la venalidad en el gobierno en proporciones mayores, como lo acredita el contrabando de combustibles. La extorsión se generalizó: la oficial y la de los criminales. Se tenía que cambiar la virtual amnistía a los delincuentes y la lucha en su contra en manos de un civil. No es cierto que el cambio se deba a Trump, aunque lo reforzó. El problema es que ese giro no está acompañado de la acción contra la impunidad, porque es condición de existencia del régimen. Altos funcionarios coludidos no duermen tranquilos por el ariete del gobierno norteamericano.
El abuso de la narrativa apabullante del régimen se vuelve en su contra. La prédica mañanera, otra herencia impuesta, tan exitosa para amedrentar, perdió los beneficios del pasado. La presencia cotidiana de la presidenta Sheinbaum la expone no tanto a preguntas incómodas o acontecimientos adversos para el régimen, sino, fundamentalmente, a la verdad. Ejemplos sobran, desde un caso menor como la exhibición de unas piernas en Palacio Nacional hasta otros graves, como el derrame de combustible. El régimen asume que puede cubrirse con desconocer qué sucede realmente o trivializar las faltas, como el tema de Marcelo Ebrard, secretario de Economía, y su hijo. En la nueva circunstancia es condena.
El régimen está encerrado en su propio juego. No por los temas económicos o políticos con una coalición fracturada y socios que desconfían, sino por el peso de la impunidad, cada vez más al descubierto por su impacto creciente. La Fiscalía General de la República (FGR) de Gertz Manero reveló hace un año que el contrabando de combustible se organizaba en los altos mandos de la Marina; le costó el puesto. Llegó una nueva fiscal, a prueba de las tentaciones de hacer el trabajo que el cargo –no el encargo– obliga. La investigación se pretendía llevar al olvido: aquí no había conductor de tren a quien culpar. Sin embargo, en la Argentina de Javier Milei se detiene a uno de los principales involucrados y se reactiva la atención pública. Un régimen atrapado sin salida por la impunidad.