Para entender a los ingenieros, porque una de ellos es presidente de México
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Plácido DETONA Respetuosa e irreverente comparación técnica de las habilidades que se requieren para sacar a México del atolladero en que lo han metido otras profesiones. EPISODIO 1
¿Les platico? ¡Arre!
La segunda palabra con que arranco mis textos es el grito de los arrieros al iniciar el arado de la tierra con yuntas de bueyes y mulas -rara vez caballos- atados a un yugo de madera.
Eran animales de tiro, los que araban o tiraban de cargas pesadas, no los arrieros; aclaración pertinente.
Luego vinieron los tractores y cuando los arrieros convertidos en agricultores arrancaban sus máquinas, seguían gritando el ¡Arre! de antaño.
En el lenguaje coloquial de varios países hispanohablantes (como México), se usa para denotar acuerdos, aceptación o entusiasmo («¡Arre, vamos!» o «¡Arre con eso!»).
Eso me lo enseñó mi abuela la alcaldesa, cuando sus labores de profesora diletante se convirtieron en funciones municipales y al final -casada con un alemán- despedía a éste con la misma expresión al irse todos los días -todos, incluso domingos- a sus labores como ferrocarrilero.
Un detalle chistoso es que don Plácido Heron Heimann (luego, su primer apellido de origen normando, se lo cambió -con su familia de origen- al español, para despistar a los alemanes de la Gestapo-Männer, de Hitler, durante la persecución de los judíos.
Era ingeniero titulado, grado que obtuvo en Gdańsk, el puerto polaco al que hizo famoso Lech Wałęsa, con su sindicato Solidarność (Solidaridad), antes de convertirse en presidente de ese país, entre 1990 y 1995.
Wałęsa decía que era un ingeniero frustrado porque tuvo que suspender sus estudios de esa carrera, para sostener a su familia, como electricista, en los astilleros Lenin de Gdańsk, Polonia.
Válgaseme este prefacio para escribir el Episodio 1 relativo a los estereotipos, que tanto ruido causan pero que a la vez son base de las clasificaciones y decisiones sustentadas en generalidades.
¡Arre!
Solamente dos ingenieros de profesión ha tenido México hasta ahora:
- Pascual Ortiz Rubio (1930-1932), graduado como ingeniero topógrafo e hidrógrafo en la Escuela Nacional de Minería.
- Claudia Sheinbaum Pardo (2024-), doctora en ingeniería energética y ambiental por la UNAM.
América:
- Jimmy Carter (Estados Unidos) – Estudió ingeniería de sistemas / tecnología nuclear antes de dedicarse a la agricultura y política.
- Alberto Fujimori y Martín Vizcarra (Perú) – Ingeniero agrónomo e ingeniero civil, respectivamente.
- Mauricio Macri (Argentina) – Ingeniero civil.
- León Febres-Cordero (Ecuador) – Ingeniero mecánico.
Asia y Europa:
- Xi Jinping (China) – Ingeniero químico.
- Angela Merkel (Canciller de Alemania) – Aunque es física, tiene formación en física cuántica y química física aplicada.
- Mahmoud Ahmadinejad (Irán) – Ingeniero civil y doctor en transportes.
- A.P.J. Abdul Kalam (India) – Ingeniero aeroespacial.
- Boris Yeltsin (Rusia) – Ingeniero civil.
Entre los ingenieros es común hablar de que tienen patrones mentales rígidos, fijos y cierto apega a la rutina e insensibilidad sensorial.
Existe en su formación cierta fascinación por temas específicos que ofrecen un patrón de comportamiento fácil de sobrellevar.
Los cambios inesperados les provocan ansiedad, porque alteran sus apegos y necesidades de control, que es el escenario donde se sienten seguros.
Experimentan estrés ante situaciones nuevas y tienen una forma muy particular de su formación académica, para procesar la información que llega a sus manos.
Están dotados de una habilidad arriba de lo normal para arreglar cosas.
La comunicación social y el control de las emociones son todo un desafío para ellos porque toman a la “comunicación” en la forma más literal que existe, sin variantes. O sea: decir, escribir, mostrar algo, lo describen tal cual lo perciben sus sentidos.
Ejemplo: Para los ingenieros, todo es TODO o nada es NADA o siempre es SIEMPRE o nunca es NUNCA, sin tomar en cuenta el contexto o el contorno en que ambas expresiones se dicen.
Quienes ejercen otras profesiones bromean -un tanto en serio- diciendo que esta última característica les da a los ingenieros un dejo de autismo. Personalmente comparto levemente esa idea.
Para los ingenieros, es captar las sutilezas del lenguaje, como el sarcasmo, la ironía, el doble sentido, las triples intenciones, los gestos faciales, los significados no explícitos, el comportamiento no verbal o comportamiento corporal.
A veces, tienden a no comprender las reglas NO escritas de la comunicación social.
Puede resultarles complicado externar sus emociones o las de otros.
Por otro lado, al trabajar en equipo, buscan y ofrecen apoyo y comprensión incondicional.
El trabajo de la ingeniería es asimilar un mundo que resulta confuso y mediante sus habilidades y métricas son capaces de convertir el medio más hostil en habitable.
El video que ilustra este artículo -captado en Santo Domingo, República Dominicana- es un notable ejemplo de esto que les acabo de platicar.
Su comportamiento no es parte de sus decisiones, sino interpretaciones del mundo en que se mueven, ellos y sus clientes.
Debido al “cálculo” que imprimen en sus pronunciamientos, los ingenieros no consumen mucho tiempo de con quienes conviven. Generalmente propician con sus acciones el entendimiento, independientemente de lograr aceptación o rechazo.
La mente ingenieril propicia un entorno de empatía, aceptación y apoyo.
Quizá su principal “Talón de Aquiles” es que suelen ser estereotipados o ponerle etiquetas a las personas, a las instituciones o a las cosas: “El gobierno de la 4T es pésimo” o “estábamos mejor cuando estábamos peor”. “Todo político es falso y corrupto”.
¿Saben por qué la mente ingenieril cae en esto? Porque los anteriores ejemplos son propios de la estereotipación de las cosas: Ideas preconcebidas sobre algo o alguien, que se usan para categorizar nuestro entorno.
Es que, el cerebro tiende a tomar atajos y es propicio a los patrones de comportamiento.
Claro, siempre será más fácil agrupar a las personas.
Ahora, una autocrítica:
Los medios de comunicación tendemos a reforzar los estereotipos. Los medios somos autorreforzantes, solemos irnos por las simplificaciones. Los medios llegamos a creer que somos figuras de autoridad.
Al dejarnos llevar por estereotipos cometemos injusticias. Esto no solo se aplica a personas, sino al comportamiento de las personas: “Es infiel”, “es mentiroso”, “es corrupto”... El desglose y el análisis del entorno de cada uno de esos calificativos, puede llegar a cambiar el sentido literal de la palabra “infiel”, “mentiroso” o “corrupto”, por ejemplo.
Pero el estereotipo agarra parejo.