Pitos y flautas

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Opinión
/ 19 marzo 2026

Aquí en Saltillo el sarape es el sarape, si me es permitida la perogrullada, pero en casi toda la República la palabra ‘sarape’ se usa como sinónimo de cobija o frazada

En la obra teatral “Aventurera”, representada aquí hace años, un cierto actor fue abucheado sonoramente por el público saltillense. Y es que en una de sus intervenciones dijo algo así como esto:

– ¿Mil pesos? ¡Eso no me va a alcanzar ni pa’ comprarme un pinche sarape!

https://vanguardia.com.mx/opinion/charrerias-KM19622228

La despectiva alusión a esa prenda saltillera, orgullo nuestro, fue causa de la airada reacción del respetable. Sucede que el sarape, tan olvidado antes, ha sido objeto de revalorización. El gobernador Humberto Moreira hizo comprar en su tiempo una antigua casona de la calle de Allende, y en ella creó el Museo del Sarape, donde se exhiben muestras clásicas de ese tradicional tejido y se realizan actividades tendientes a su preservación. Se han hecho campañas publicitarias a fin de promover el aprecio por las cosas de Saltillo, y el sarape ha sido usado como logotipo. Así las cosas, no es de extrañar que los saltillenses que asistieron a la representación de la obra mencionada se hayan ofendido cuando el actor hizo aquella alusión despreciativa.

Y sin embargo quizás el comediante era inocente. Aquí en Saltillo el sarape es el sarape, si me es permitida la perogrullada, pero en casi toda la República la palabra “sarape” se usa como sinónimo de cobija o frazada. El mismo diccionario de la Academia ofrece una lamentable definición del término: “Sarape: Especie de frazada de lana o colcha de algodón generalmente de colores vivos, con abertura o sin ella en el centro para la cabeza, que se lleva para abrigarse”. Pienso que la definición la tomaron los académicos peninsulares de la que puso don Francisco J. Santamaría en su indispensable “Diccionario de mejicanismos” (así, con jota). Pero don Francisco era tabasqueño, y aunque dice al hablar de los sarapes: “...Son famosos los del Saltillo (sic), Coahuila...”, lo cierto es que no sabía que un saltillense jamás usaría un sarape para cubrirse del frío. Eso sería anatema, sacrilegio, profanación, irreverencia, execración, blasfemia y abominación. No necesariamente en ese orden.

A los ojos de alguien de Saltillo, el sarape ni es frazada, ni es colcha –y menos de algodón–, ni tiene nunca abertura para la cabeza, ni se usa para abrigarse. El sarape es para nosotros una prenda de adorno con características muy particulares que lo distinguen de cualquier otro ejemplar textil. El sarape no sirve para nada, salvo para ornato y –usando una expresión romana– ad pompam et ostentationem, o sea para presumir, como muestra de estatus económico, pues el sarape, al fin prenda de lujo, siempre ha sido caro. Si es barato, o no es sarape o no es de Saltillo.

https://vanguardia.com.mx/deportes/automovilismo/como-un-sarape-de-saltillo-se-volvio-viral-en-el-gp-de-arlington-2026-de-pato-o-ward-PP19611187

Absolvamos, pues, de culpa a aquel desdichado actor que, a pesar de su guapura, fue pitado por referirse al sarape en forma ruin. Seguramente se sorprendió bastante al oír la estentórea silbatina. Él hablaba de cobijas, no de sarapes. Pero una cosa voy a decir: si algún actor, o cualquier persona, sea quien sea, habla mal del sarape de Saltillo alguna vez, y le aplica el vulgar calificativo “pinche”, o sus variantes –aún más despectivas– “pinchurriento”, “churriento” o “chinchurriento”, yo seré el primero en abuchearlo. Hable mal de mí, si quiere. No diré nada. Con mansedumbre franciscana resistiré la injuria. Pero no hable mal del sarape de Saltillo, porque entonces se las verá conmigo. Hay cosas que no se pueden permitir.

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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