Población civil, en medio de la guerra
Un estado de guerra atacado por otro estado de guerra y, en medio, quienes en el conflicto son las víctimas
Era un día después del arribo oficial de la primavera, y me encontraba en Arteaga, Coahuila. Corría una brisa agradable y el caudal de la acequia aparecía limpio y frío. Los niños corrían bajo los antiquísimos árboles, uno en pos del otro, con carcajadas que hacían sonreír por lo estruendosas, pero también por la cosa sencilla que las hacía aparecer.
Un restaurante ofrecía enchiladas y flautas a los visitantes; restaurante en cuyo centro había colocado un pequeño televisor. Las miradas se volcaron en la pantalla: surgieron estruendos que perturbaron la calma.
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Estados Unidos atacaba con bombas a Bagdad. Eduardo Salazar, corresponsal de Televisa, lo definió como el “día más triste”. Lo presenciábamos a través de las cámaras de televisión. El contraste entre el soleado día de Arteaga y lo que se observaba en pantalla no podía ser más fuerte.
Al restaurante arribó un pequeño, mirando con atención todo cuanto ocurría a su alrededor. Vio la cocineta donde se preparaban los guisos, me miró sonriente y detuvo su mirada en las mesas y sillas y, por desgracia, también en el televisor.
Me preguntaba entonces qué recordaría aquel pequeño hoy, a más de veinte años de aquel terrible día en que sus ojos se detuvieron a observar la guerra en una pantalla.
Quien iniciaba esta guerra, a la que nombró como “Operación Libertad Iraquí”, era George W. Bush. Era el 20 de marzo y afirmaba que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva, que no fueron nunca encontradas, y que tuvo como consecuencia un alto coste en la vida de civiles iraquíes.
Nunca es defendible la dictadura. Pero León Krauze nos da una idea profunda de lo que la guerra desatada en Irak provocó: “La guerra en Irak no sólo derrocó a un dictador; desató un conflicto interno devastador cuyas consecuencias regionales incluyeron el surgimiento del Estado Islámico y una profunda desestabilización de Medio Oriente”.
Con el intervencionismo de Estados Unidos de nuevo, en la ciudad de Minab, al sur de Irán, hay decenas de muertos en una escuela primaria de niñas, y en 24 provincias del país se registran centenas de personas muertas y heridas en ataques de Estados Unidos e Irán.
Volviendo a Krauze y su reflexión sobre Irán, el escritor y politólogo explica cómo “el régimen autocrático de Irán ha hundido a la sociedad en un terror sistemático (...) promotor histórico de organizaciones y acciones terroristas en la región (...) ha negado a su pueblo las libertades esenciales: la de expresión, la de organización, la de decidir su propio destino”.
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Un régimen tan brutal como el de Saddam Hussein, y Estados Unidos y aliados, igualmente, con la guerra por delante.
En uno y otro acto de guerra, la población civil sigue siendo la víctima. Un estado de guerra atacado por otro estado de guerra y, en medio, quienes en el conflicto son las víctimas.
Días tristes, como los que definió Eduardo Salazar hace más de veinte años. Cambio de personajes, pero las mismas terribles pasiones que mueven el lado oscuro del ser humano: la ambición y la guerra.
Qué contrastes: anuncio de la primavera, pero anuncio también de la guerra y las miserables consecuencias que esta trae a la población civil indefensa.