Política cuántica. Los dos Andys
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¿Quién es Andy López Beltrán? O, mejor dicho: ¿Qué es Andy López? Un pelmazo, sí. Eso démoslo por descontado... pero ¿qué pelmazo? ¿De qué calaña, índole o naturaleza?
He aquí que la existencia se bifurca nuevamente en dos realidades paralelas, dos líneas temporales idénticas en casi todo, salvo un minúsculo detalle que a la postre transforma y define dramáticamente el curso de los acontecimientos.
¿Quién es Andy López Beltrán? O, mejor dicho: ¿Qué es Andy López?
Un pelmazo, sí. Eso démoslo por descontado... pero ¿qué pelmazo? ¿De qué calaña, índole o naturaleza?
En la realidad número uno, el junior es un ente taimado, cerebral, ecuánime, cuya astucia nos pasa por completo desapercibida; que permite el escarnio público y los chistes a sus costillas, pues la candidez le sirve de fachada a sus propósitos y alcances; amén de que su propio padre y mentor fue durante muchos años comidilla política antes de convertirse en un real contendiente por el poder.
En la realidad opuesta, más en consonancia con la percepción popular, Lopitos es un indolente absoluto, ajeno totalmente a su realidad y condición; sin el menor sentido de la proporción y atrapado en una burbuja-caja de resonancia debido a que no ha escuchado otra cosa en su vida como no sean los “¡sí, mi niño!” de su nana y ahora los “¡sí, señor!” de los gatos de su padre.
Tras la revelación que (junto con la quincena) nos mandó de fin de semana con una sonrisa, de que al heredero político del prócer de la Transformación le habían cancelado su visa norteamericana, y su hilarante respuesta de inconformidad epistolar, las diversas lecturas no se hicieron esperar.
Chistes aparte (y vaya que las risas no faltaron), los análisis iniciales se centraron en la desmesura del tal Andy por el solo hecho de considerarse un posible interlocutor para el Presidente de los Estados Unidos, quien podrá ser objeto de nuestra devoción o total abominación, pero vaya que hay que sentirse de verdad tallado a mano por los dioses olmecas para imaginar que el POTUS va a dar siquiera acuse de recibo de la mera existencia del tal Andy, por muy hijo del Peje que se presuma.
Agregaría yo de igual manera que es tener al junior en muy alta estima y consideración el acusar a las autoridades gringas de estar construyendo un tema político alrededor del retiro de la visa del exsecretario de Organización del partido Morena, ni más ni menos. ¡’Magínense’!
Como que el gabinete de asesores de Trump, tras evaluar los estragos por la crisis en Irán y de cara a las elecciones intermedias, encontrase en Andy una nueva plataforma demagógica para seducir a sus electores. Y que además, el votante gringo promedio estaría deslumbradísimo por este manotazo de autoridad desde la Oficina Oval.
“I way! Mr. President ya se fajó los trousers ahora sí! Mira que ni le tembló la mano para quitarle el visa a Baby AMLI! Yo se me hace que vuelvo a votar todo republican again!”.
¡Pos no, ‘vedá’! Pero de alguna manera, de alguna forma, las versiones de que Andy de verdad increpó y le dijo sus verdades al inquilino de la Casa Blanca y la narrativa oficial de que López Beltrán está siendo a su vez políticamente instrumentalizado, se complementan.
Sin embargo, no podía yo aceptar que una máquina tan perversa como la Cuarta Transformación fuese así de cándida, así de ingenua; lo mismo que el bodoque homónimo del ungido, aunque ello signifique conferirle cierto grado de inteligencia que no sea para crear empresas con las cuales huachicolear al erario.
Por fin, luego de tres días, llegaron algunos análisis en consonancia con mi intuición, de que la carta de Andy no está dirigida a Trump, quien, como se dice, “ni lo topa”, sino a toda la militancia y feligresía morenista.
Quiero decir que era la construcción del discurso a posicionar: el del injerencismo e intervencionismo yanqui, el de la violación a la soberanía, el de las “¡pruebas!” y el del golpeteo político con que habrá que responder a todo señalamiento proveniente del extranjero.
Vamos, que tampoco es como que se esté comenzando desde cero. Ya desde hace tiempo la Doctora nos viene atosigando con su misma monserga, con la misma incesante cantaleta cada vez que las acusaciones de Estados Unidos ponen en entredicho el frágil tinglado moral que sostiene a su gobierno y movimiento político.
Pero sería quizás ésta la primera ocasión de aplicarlo en un caso práctico. Si bien Rocha Moya y asociados son un pilar de la Transformación, no es como que sean portadores del legado macuspano, cuyo honor y nombre haya que salvaguardar.
Pero Andy sí, no sólo es el “vessel”, el portador de la antorcha y del nombre con todo y “apedillo”, sino que además –se supone– es el proyecto político para consolidar (‘ora sí) el desgarriate comenzado por su señor padre.
Entonces, quizás asesorado (dudo que el badulaque tenga un atisbo de iniciativa), habría redactado su misiva. Muchos dicen que dictada por el mismísimo Príncipe de la Chingada, por estar llena de sus adjetivos decimonónicos, de politiquería arcaica y ese tono chingaquedito que López Obrador confunde con diplomacia.
Yo creo que sólo le dieron algunas directrices a Gemini: “Haz una carta con el estilo de AMLO, no tengas pena de verte ignorante, soberbio y pendejo al mismo tiempo”.
Y en cosa de .07 segundos la IA dijo “voilà!”, sin que el texto haya tenido jamás como destino el 1600 de la Avenida Pennsylvania, sino al pueblo bueno de México para que éste exclame: “¡Wow! ¡Qué arrestos, qué valiente, qué manera de encarar la persecución política y de enfrentarse al autoritarismo del imperio gringo! ¡Viva la Transformación, chingao!”. Cuando lo más probable es que Trump ni siquiera sepa que AMLO tiene cuatro bodoques muy bien cebados, pero pésimamente educados (justo lo opuesto de lo que tanto pregonaba).
Lo anterior (en este cuántico escenario del Andy de Schrödinger) sería decantarnos por el López Beltrán que no es del todo estúpido, al menos no tanto como para dirigirse a Trump y pedirle que destituya a dos de los mejores tiburones de su gabinete (Rubio y Landau); el que no ha perdido el piso por completo y tiene todavía la inteligencia para, si no diseñar, al menos sí ajustarse a un plan de contingencia... Todo trucho, tosco y risible (la marca de la casa), pero un plan al fin.
Y es importante, desde luego, definir cuál es el Andy que está obrando para saber en cuál de las dos posibles realidades estamos viviendo.
Cosas de la política cuántica...