Qué significa el éxito de Ucrania para Occidente

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Opinión
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La actitud de Europa hacia Ucrania, y hacia Rusia, es totalmente diferente de su postura al inicio de la invasión rusa a gran escala

Por Chrystia Freeland, Project Syndicate.

OXFORD- El giro que ha dado la batalla por Ucrania ha pillado por sorpresa a gran parte del mundo, tanto por la terrible magnitud de las bajas que está sufriendo Rusia, casi 40 mil el mes pasado, según fuentes oficiales ucranianas, como por el dinamismo y la descarada audacia que han caracterizado el esfuerzo bélico de Ucrania.

Para las democracias del mundo, la lección más importante que se puede extraer de la tenacidad, las brillantes innovaciones y las improvisaciones de Ucrania puede ser que no deberíamos sorprendernos tanto. Nuestra falta de confianza en Ucrania, sobre todo al inicio de la guerra, y nuestra sobreestimación del poderío militar de Rusia, están estrechamente relacionadas con nuestra fe cada vez más débil en la democracia como sistema. Esta alienación política no solo es errónea, sino también peligrosa. El valor y la determinación de los ucranianos de a pie ante retos casi inconmensurables deberían infundirnos más confianza en nuestros valores fundamentales y nuestro modo de vida.

Los ucranianos han demostrado recientemente esos valores tras cuatro años y medio de guerra. Cuando estallaron protestas públicas masivas, decididas y constructivas a raíz de la destitución del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, la semana pasada, el presidente Volodymyr Zelensky respondió de forma no menos constructiva a las quejas sustituyendo al comandante en jefe del ejército, que se había opuesto a Fedorov y a su enfoque en la guerra de alta tecnología, lo que subraya el hecho notable de que Ucrania está decidida a librar esta guerra como una democracia.

LAS RAÍCES DE LA PREVALENCIA

Hay varias razones por las que Ucrania ha sido capaz de frenar a su agresor, mucho más grande. Para empezar, Ucrania no es la sociedad fracturada que el presidente ruso, Vladímir Putin,proclama brutalmente que es. El arzobispo Borys Gudziak, jefe de la Iglesia Católica Ucraniana en Estados Unidos y rector de la Universidad Católica Ucraniana de Leópolis, me dijo, poco después de que comenzara la guerra, que Zelenski es tan eficaz porque sigue el ejemplo de la gente corriente de Ucrania. Eso quedó muy claro en su respuesta a las manifestaciones a favor de Fedorov que se celebraron en todo el país.

La importancia fundamental de la unidad bajo el fuego enemigo debería resultarle familiar a Occidente. Lo que estamos viendo en Ucrania es una versión actualizada del espíritu nacional británico, unido y democrático, que recordamos con tanto orgullo al conmemorar la evacuación de Dunkerque, de la que el mes pasado se cumplieron 86 años.

El sistema ucraniano de adquisición militar descentralizada y de base es un ejemplo de unidad democrática en acción. Las brigadas compran sus propias armas, directamente a los fabricantes. A veces, fabrican sus propias armas. Esto implica una interacción muy estrecha entre los combatientes y los fabricantes de armas, con ciclos de innovación que en ocasiones se reducen a tan solo dos semanas. El Ministerio de Defensa recompensa a las brigadas más exitosas con más fondos para la compra de armamento. Los civiles pueden realizar, y de hecho realizan, contribuciones directas a sus unidades favoritas.

Armin Papperger, director ejecutivo de Rheinmetall, la gigantesca empresa alemana de defensa, comentó a finales de marzo sobre este sector de defensa de origen tan local: “Son las amas de casa ucranianas”, dijo a un entrevistador. “Tienen impresoras 3D en la cocina y fabrican piezas para drones. Esto no es innovación”.

Los ucranianos podrían haberse sentido ofendidos, pero decidieron tomar el comentario como un cumplido con doble sentido. La etiqueta #MadeByHousewives se hizo viral en las redes sociales ucranianas en menos de 24 horas. Mi amigo Oleksandr Kamyshin respondió en X: “Rheinmetall dice que nuestros #LEGODrones están #MadeByHousewives en sus cocinas. Vale. Mientras tanto, nuestros #LEGODrones ya han quemado más de 11 mil tanques rusos”. Como era de esperar, Rheinmetall se retractó del comentario, publicando: “Tenemos el máximo respeto por los inmensos esfuerzos del pueblo ucraniano para defenderse... Es un mérito especial de Ucrania que esté luchando con gran eficacia incluso con recursos limitados”.

Al mismo tiempo, Ucrania ha descubierto que su diversidad es su fuerza, algo que muchas democracias occidentales también deberían recordar. En un entorno político en el que la inclusividad “o” se ridiculiza como una forma de “virtue signaling”, cuando no como algo directamente peligroso, y en el que nos vemos sometidos a la caricaturesca representación del secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, de una virulenta masculinidad cristiana blanca en el Pentágono, la realidad vivida por Ucrania en la guerra, ni machista ni basada en el origen étnico, supone un poderoso correctivo.

Las mujeres son fundamentales para el esfuerzo bélico de Ucrania. Pensemos en Iryna Terekh, directora ejecutiva de Fire Point y, posiblemente, la misma “ama de casa” que inspiró el comentario desconsiderado de Papperger. Ella fabrica los misiles «flamenco» que se utilizaron el mes pasado en el ataque contra Titan-Barrikady, el fabricante de Volgogrado de sistemas de lanzamiento de misiles balísticos.

Terekh tiene poco más de treinta años, es madre de dos hijos y es arquitecta de formación. Decidió dedicarse a la fabricación de misiles tras sobrevivir, junto con sus hijos y una amiga, a la ocupación y la masacre de civiles en Bucha al comienzo de la guerra. Terekh salió ilesa y se prometió a sí misma que nunca más volvería a tener miedo de ser violada por soldados invasores. En sus presentaciones, le gusta regalar calcetines de color rosa chillón, con la etiqueta “MILF tech” y el lema: “Mantén las piernas calientes y los arsenales llenos”.

Las mujeres ucranianas también están luchando, incluso en puestos de combate. Alrededor del 20 % de los cadetes militares son mujeres y un asombroso 80 % de los ucranianos apoya la incorporación de las mujeres al ejército. Las mujeres soldado ucranianas me dicen que consideran que luchar es algo femenino. Las madres ucranianas están especialmente convencidas de ello. Al fin y al cabo, la labor de una madre es proteger a sus hijos.

LA DEFINICIÓN DE LA NACIÓN

La Ucrania actual es, de forma muy deliberada, una nación política. Está librando esta guerra como una sociedad unida por sus valores, en lugar de por ese tipo de vínculo étnico de «sangre y suelo» que cautiva a los populistas de derechas. Los tártaros de Crimea musulmanes, por ejemplo, son una parte importante y reconocida del esfuerzo bélico, sobre todo al llevar a cabo peligrosas operaciones de espionaje y sabotaje en la Crimea controlada por Rusia. Y, por supuesto, el líder bélico de Ucrania, Zelensky, se enorgullece de ser judío.

Otra lección importante que Ucrania ofrece a Occidente es que el patriotismo puede ser una fuerza poderosa en defensa de la democracia liberal. El patriotismo suele asustar o alejar a los liberales y progresistas, sobre todo cuando ven que lo invoca la extrema derecha. Pero el patriotismo se está aprovechando para unir no solo a Ucrania, sino también a democracias como Dinamarca, Canadá y España, todas las cuales se sienten amenazadas por los Estados Unidos bajo el mandato del presidente Donald Trump.

Para sobrevivir, las pequeñas democracias necesitan aliados, y la Europa democrática, a diferencia de Trump, está dando un paso al frente en favor de Ucrania. Está de moda, sobre todo en los círculos empresariales estadounidenses, tachar a Europa de desorientada y económicamente estancada: «un bonito museo», un tópico adoptado por la Administración Trump y los republicanos del movimiento MAGA en el Congreso. Pero hoy, en lo que respecta a Ucrania, Europa está a la altura de las circunstancias.

Con la destitución del ex primer ministro Viktor Orbán en Hungría, Europa ha defendido su propia democracia y ahora se muestra unida en torno a Ucrania. La pertenencia a la Unión Europea desempeñó un papel fundamental en las elecciones húngaras. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, que ha coqueteado con posturas pro-MAGA y antiucranianas, ha respaldado ahora públicamente la candidatura de Ucrania a la UE. Esto ha desbloqueado el préstamo de la UE de 90 MIL millones de euros (102 MIL millones de dólares), un apoyo de enorme importancia que mantendrá a Ucrania solvente y en condiciones de seguir luchando hasta 2026 y durante 2027.

La actitud de Europa hacia Ucrania, y hacia Rusia, es totalmente diferente de su postura al inicio de la invasión rusa a gran escala. El primer ministro polaco Donald Tusk, en su intervención en una reunión informal del Consejo Europeo a finales de abril, expresó lo que cada vez más se ha convertido en la opinión mayoritaria en Europa: ¡Quiero despertar a quienes viven en una burbuja. Rusia se está preparando para nuevos actos de agresión”.

En consecuencia, para Europa, Ucrania ya no es un caso de caridad ni una víctima inocente a la que hay que compadecer. Europa ha llegado a considerar a Rusia como una amenaza existencial y a Ucrania como el único país del mundo que sabe cómo mantener a raya a Rusia. Ucrania es vista ahora, con toda razón, como el escudo y el arsenal de Europa.

ESTADOS UNIDOS RENEGANDO

El contraste con los Estados Unidos de Trump es chocante. Estados Unidos no solo ha retirado la mayor parte de su apoyo a Ucrania, sino que también ha mostrado una simpatía real hacia Rusia, y se enorgullece de decirlo. En abril, el vicepresidente JD Vance declaró ante Turning Point USA, el grupo activista cuasi-evangélico y afín al movimiento MAGA del difunto Charlie Kirk: “Una de las cosas de las que me siento más orgulloso de lo que hemos hecho en esta Administración es que le dijimos a Europa: si queréis comprar armas, podéis hacerlo, pero Estados Unidos ya no va a comprar armas ni a enviarlas a Ucrania. Ya no nos dedicamos a eso”.

Ese mismo mes, mientras Hegseth testificaba ante la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado, el senador Angus King, de Maine, le mostró un gráfico que ilustraba que Ucrania solo había estado recibiendo ayuda de los Estados europeos. «Creo que es un gráfico precioso», respondió Hegseth con aire de suficiencia. Mientras tanto, Estados Unidos disparó más misiles Patriot en los primeros cuatro días de la guerra con Irán de los que proporcionó a Ucrania en los últimos cuatro años. Lo absurdo de la postura de EE. UU. queda claramente de manifiesto cuando se tiene en cuenta la ayuda que Rusia presta a Irán en materia de inteligencia y armamento. Se encontraron componentes que podrían proceder de la planta de Cheboksary, atacada el mes pasado por los «flamencos» ucranianos fueron hallados en el interior de un dron de ataque Shahed vinculado a Irán.

Es importante tener en cuenta todo esto, porque podríamos estar al borde de una revisión de la historia. Trump, de repente, ha empezado a elogiar a Ucrania e incluso ofreció, en la reciente cumbre de la OTAN, conceder la licencia del sistema Patriot para su producción nacional en Ucrania. Algunos de sus seguidores, acostumbrados a ajustar incluso sus creencias fundamentales en función de los caprichos cambiantes de su héroe, están empezando a sugerir que la actitud fría de EE. UU. ha sido, de hecho, una astuta maniobra diplomática. Trump, sugieren, ha ayudado en realidad a Ucrania y a la UE al obligarlas a resolver las cosas por sí mismas.

La verdadera lección de la guerra en Ucrania es muy diferente. Estamos aprendiendo que no se puede contar con Estados Unidos, o, al menos, con esta Administración estadounidense, para defender la democracia y a sus aliados tradicionales, ni siquiera en una lucha que las fuerzas democráticas pueden ganar. Esa es una lección cuyas consecuencias van mucho más allá de Ucrania.

CUANDO LOS EXPERTOS SE EQUIVOCAN

La guerra en Ucrania debería suscitar dos reflexiones finales. La primera es que muchos expertos occidentales, si no la mayoría, se equivocaron desde el principio (y algunos siguen haciéndolo). Predijeron que Ucrania caería rápidamente, creyendo evidentemente en la promesa de Putin de una «operación militar especial» de tres días. Cuando eso resultó ser falso, siguieron pronosticando que la derrota de Ucrania era solo cuestión de tiempo.

Este fracaso de los expertos ha tenido consecuencias reales. Supuso que los aliados de la OTAN se mostraran reticentes a armar a Ucrania antes de que comenzara la guerra, debido a su convicción de que esas armas acabarían en manos rusas. Las suposiciones de que Rusia ganaría inevitablemente el año pasado hicieron que Ucrania se viera obligada a dedicar su escaso tiempo y energía a rechazar las exigencias de que cediera territorio no ocupado por Rusia para garantizar la paz.

Como ha señalado el profesor Seva Gunitsky, de la Universidad de Toronto, debemos preguntarnos por qué los expertos se equivocaron tanto con respecto a Ucrania, en parte porque debemos tener cuidado de no repetir esos errores analíticos en otros ámbitos. Es fácil imaginar cómo los mismos hábitos mentales que nos indujeron a error sobre la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania podrían desviarnos del camino en lo que respecta a China y Taiwán.

La segunda reflexión que suscita la lucha de Ucrania por la supervivencia es que vivimos en una era de maravillas tecnológicas y fracasos políticos. Los drones y los misiles de largo alcance hacen que todo el mundo sea físicamente vulnerable. Desde los relucientes rascacielos de Dubái hasta las cúpulas en forma de cebolla de la Plaza Roja, todos estamos a su alcance. Y, sin embargo, el colapso del orden internacional basado en normas orquestado por Trump, incluidas las amenazas a la propia OTAN, significa que nadie cuenta con una póliza de seguro fiable contra esa amenaza material.

En otras palabras, debemos aprender de Ucrania porque, en el mundo que Putin y Trump se empeñan en crear, ahora todos somos ucranianos. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Chrystia Freeland, exministra de Asuntos Exteriores, exministra de Hacienda y exviceprimera ministra de Canadá, es directora de Rhodes House en la Universidad de Oxford.

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