Recortar el ciclo escolar, un ‘golpe a la educación’
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Reducir más de un mes de clases en un país que todavía arrastra severos problemas de rezago educativo parece una apuesta equivocada
La educación debe ser uno de los pilares en el desarrollo de toda sociedad, por lo cual las autoridades debieran encaminar sus decisiones a fortalecer el aprendizaje, sobre todo en los primeros años de vida de la población. Cualquier definición en sentido contrario no puede ser respaldada.
El comentario previo viene a cuento ante la decisión de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de adelantar el cierre del ciclo escolar al próximo 5 de junio, lo cual –sin lugar a dudas– representa una medida que, aunque intenta responder a circunstancias extraordinarias como la ola de calor y la realización de la Copa Mundial de Futbol 2026, deja más dudas que certezas sobre sus verdaderos efectos en la educación y en la vida cotidiana de millones de familias mexicanas.
Reducir más de un mes de clases en un país que todavía arrastra severos problemas de rezago educativo parece una apuesta equivocada. Los datos son contundentes: en Coahuila, apenas el 27.3 por ciento de los estudiantes de primaria alcanza el nivel esperado en comprensión lectora, mientras que una proporción importante requiere apoyo o permanece en proceso de desarrollo. Frente a este escenario, cada semana de aprendizaje resulta valiosa.
La educación en México ya ha enfrentado interrupciones prolongadas en años recientes. La pandemia dejó secuelas que todavía no han sido superadas del todo y múltiples evaluaciones nacionales muestran que miles de estudiantes presentan deficiencias en habilidades básicas como lectura, escritura y comprensión matemática. En ese contexto, disminuir el tiempo efectivo en las aulas parece enviar el mensaje equivocado.
Es entendible que las altas temperaturas compliquen la operación escolar, sobre todo en planteles con infraestructura insuficiente para enfrentar el calor extremo. También es razonable considerar el impacto logístico y de movilidad que implicará un evento global como el Mundial. Sin embargo, la solución no debería consistir simplemente en cancelar semanas completas de actividades académicas.
La medida también impactará de manera directa a las familias. Para muchos padres y madres trabajadores, el horario escolar representa una estructura fundamental para poder cumplir con sus jornadas laborales. Adelantar las vacaciones obligará a reorganizar dinámicas de cuidado infantil, gastos y tiempos familiares, particularmente en hogares donde ambos adultos trabajan y no cuentan con redes de apoyo.
México necesita más y mejores oportunidades de aprendizaje, no menos. Cualquier ajuste al calendario escolar debe partir de una prioridad esencial: proteger el derecho de niñas, niños y adolescentes a una educación completa y de calidad, sin trasladar a las familias el costo de decisiones apresuradas. Y la decisión de la SEP parece no encaminarse a esa ruta.
Porque, como bien lo apuntó la Unión Nacional de Padres de Familia, la decisión de este jueves de la SEP: “es un golpe directo al derecho a la educación”.