Riquelme: el peso de la experiencia

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Los primeros 100 días de Miguel Ángel Riquelme al frente de Torreón

En política, llegar a un cargo y saber ocuparlo son cosas distintas. Lo primero depende de una circunstancia; lo segundo, de una trayectoria. Hay conocimientos que sólo dejan gobernar: distinguir lo urgente, reconocer dónde está una oportunidad y entender cuándo una decisión puede cambiar el rumbo de una ciudad.

Los primeros 100 días de Miguel Ángel Riquelme al frente de Torreón tienen que leerse desde esa perspectiva. Su regreso va más allá de haber ocupado antes la Presidencia Municipal: vuelve después de haber visto a la ciudad desde todos los lugares donde se toman decisiones sobre su futuro.

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-eleccion-que-la-inteligencia-artificial-ya-empezo-AO23965162

Fue diputado local, alcalde de Torreón, gobernó Coahuila y representó al estado en el Senado. Ese recorrido le permite entender cómo una necesidad de colonia se convierte en un asunto de presupuesto, cómo un problema municipal requiere una respuesta regional y cómo la seguridad de una ciudad influye en decisiones de inversión tomadas lejos de aquí.

Torreón llega a este momento con fortalezas construidas durante años. Su capacidad industrial, el talento de su gente, la participación empresarial y las condiciones de seguridad forman parte de un patrimonio colectivo. En esa construcción han coincidido instituciones, gobiernos y una sociedad que conoce el valor del trabajo.

Riquelme conoce ese proceso porque ha formado parte de él. Conoce una diferencia esencial entre aquella primera etapa y la actual: hoy la ciudad tiene condiciones para plantearse un horizonte más amplio. La tranquilidad permite hablar de crecimiento, de mejores empleos y de oportunidades para quienes quieren hacer aquí su vida.

Ese horizonte empieza en el agua que llega a una casa, en una calle que permite trasladarse, en un drenaje que funciona y en un espacio público donde una familia puede convivir. La ciudad que busca atraer grandes inversiones es la misma que debe atender esas necesidades. Ambas conversaciones pertenecen a una sola idea de gobierno.

Ahí está una de las claves de estos cien días. La atención al agua potable, la rehabilitación de pozos y colectores y los trabajos de pavimentación van más allá de cada intervención. Hacen posible que las fortalezas de Torreón se traduzcan en algo que sus habitantes puedan reconocer en su propia vida.

Quien ha gobernado sabe que una obra también ordena relaciones: acerca una institución a una colonia, convierte una petición en una respuesta y le da contenido a la confianza. El presupuesto adquiere sentido cuando llega al lugar donde hace falta. Esa es una forma de ejercer el poder que se entiende sin discursos.

La coordinación con el gobernador Manolo Jiménez Salinas ha dado respaldo concreto a esa agenda: la entrega conjunta de 40 patrullas y armamento, con una inversión de 70 millones de pesos, y el programa anunciado por 567.3 millones para pavimentación, agua, drenaje, espacios públicos e infraestructura educativa. Son acciones y compromisos que muestran cómo el trabajo entre Estado y Municipio puede ampliar el alcance de las decisiones locales.

Riquelme conoce los caminos para pasar de la intención a los hechos. El oficio permite saber a quién convocar, dónde gestionar y cómo reunir capacidades alrededor de un propósito. Una parte del trabajo de un alcalde consiste precisamente en lograr que las decisiones se conviertan en soluciones.

Hay una dimensión que suele perderse cuando la política se mira desde los cargos. Una trayectoria cobra otro significado cuando vuelve al lugar donde comenzó. La experiencia acumulada encuentra destinatarios concretos: las familias de una ciudad conocida, los barrios recorridos, las conversaciones que continúan años después.

En el regreso de Riquelme hay algo de esa cercanía. Torreón forma parte de su historia pública y de su historia personal. Eso le da a esta etapa un sentido particular: el conocimiento de la ciudad se encuentra con una perspectiva más amplia sobre sus posibilidades. Reconoce lo que tiene y entiende lo que puede llegar a ser.

https://vanguardia.com.mx/opinion/los-tiempos-del-poder-JJ23805936

En estos cien días, las prioridades cotidianas y la visión de futuro caben en la misma agenda. El agua, las calles y la seguridad son también decisiones de desarrollo. Atenderlas significa darle consistencia a la aspiración de un Torreón más próspero.

El segundo acto de Torreón tiene ahí su significado. La confianza construida permite abrir nuevas posibilidades. Y un político que ha recorrido el municipio, el estado y el país puede poner esa experiencia al servicio del lugar que conoce desde antes de tener un cargo.

Hay trayectorias que se cuentan por las posiciones alcanzadas. Otras encuentran su sentido en lo que permiten hacer cuando se vuelve a casa. En estos cien días, la experiencia de Riquelme ha encontrado de nuevo su lugar en Torreón.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM