Rosalía de Castro: Su nombre siempre recordado
Su figura permanece vigente. Ella es la precursora en poesía española y su nombre nos hace recordar la belleza de la poesía inscrita en la sencillez
Rosalía de Castro es poeta fundamental de España. El dolor íntimo de sus versos, la mirada dulce sobre la naturaleza y el sentimiento perenne de su soledad, la vuelven un ser que, a dos siglos de distancia, sigue vigente en el alma de las mujeres.
Nació en Santiago de Compostela el 24 de febrero de 1837 y, aunque en el certificado de nacimiento fue registrada como “hija de padres incógnitos”, fue reclamada por su madre, Teresa de Castro y Abadía, luego de haber vivido sus primeros años con una tía paterna.
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Fue esposa de Manuel Murguía, quien escribió de ella emocionadas palabras que constituyen el prólogo de sus poemas. Murguía fue director del Archivo de Simancas, a donde llevó a radicar a la familia entre los años 1869 y 1870. Posteriormente lo fue del Archivo General de Galicia y todos de nuevo se mudaron a Galicia.
Manuel Murguía comienza el prólogo a las obras de Rosalía diciendo: “Cuando la vi encerrada en las cuatro tablas que a todos nos esperan, exclamé: ‘Descansa, al fin, pobre alma atormentada, tú que has sufrido tanto en este mundo’”.
Animada por la magia de la palabra, se rindió a ella plenamente. Su amado Manuel esperaba un mayor reconocimiento que llegaría tiempo después de su muerte. Ella contestaba: “Deja pasar todo; no somos más que sombra de sombras. Dentro de poco, ni mi nombre recordarán. Mas, ¿esto qué importa a quienes hemos traspasado nuestros límites?”.
Murguía veía cómo la generalidad de la gente la veía como “una más”; pocos, como la única. Él tenía claro el carácter íntimo de su poesía y la poderosa descripción de las costumbres populares de su país. “Tanto entrañó en sus versos los sentimientos y las costumbres de su pueblo, que entre las diversas composiciones vulgares que recogí vinieron algunas de Rosalía aceptadas como propias por la multitud campesina”, escribió.
Hoy su figura permanece vigente. Ella es la precursora en poesía española y su nombre nos hace recordar la belleza de la poesía inscrita en la sencillez, que une a una fascinante explicación de la profundidad de la vida.
Observadora tierna de la naturaleza, ofrece piezas cuyas palabras nos permiten vislumbrar una soledad que atañe a todas las mujeres en uno o varios o muchos momentos:
Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.
*
La noche, la melancolía, la inocencia...
¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
A imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.
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Mujer de contradicciones, dio con las palabras que resumen la belleza del feliz instante y su imposibilidad de retornar a lo efímero del momento.
Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire ni en el cielo,
¡aun cuando sé que existes
y no eres vano sueño!
Quiso ver el mar antes de morir. De vuelta al hogar, regresó a su jardín que primorosamente había cuidado, al amor de su familia. Vivió en el hogar las horas difíciles del final. “Un techo de angustias”, lo calificó Manuel Murguía.
Su nombre y sus versos han permanecido. El tiempo no los logró apagar, y sigue la fuerza, la ternura, la melancolía, la soledad, el encuentro consigo misma, diciendo tanto a las generaciones que la leen, a casi dos siglos de su nacimiento.