Sagrado Corazón de Jesús: fe y devoción
Jesús carga con el dolor de la humanidad y, por lo tanto, se hace abrazar de una corona de espinas su corazón
Imagen religiosa, representa la figura de Jesucristo, cuyo corazón es rodeado en llamas y espinas: es la del Sagrado Corazón de Jesús.
La he visto por años, y recuerdo que no han variado mucho los espacios en los que ha sido colocada, pero donde sea que esté, siempre llega a presidir las estancias, primordialmente las más importantes de la casa.
Es el viernes anterior al inicio de la Semana Santa. El ambiente en las calles se percibe distinto. Último día laboral para muchos; escolar libre para otros tantos. En dos días, el Domingo de Ramos.
Acorde con la temporada, la pantalla muestra un programa que relata la vida de santa Margarita María de Alacoque. Nacida en 1647 en Francia, prometió consagrarse a la Virgen María luego de haber sufrido una enfermedad que la paralizó por cuatro años.
Luego de un tiempo consagrada a la fe religiosa y enfrentándose a problemas de salud graves de su madre, por fin logra entrar al convento de la Visitación de Paray-le-Monial, donde refuerza su estado místico. Relata a sus superiores y a las hermanas del convento las revelaciones de Jesucristo.
Jesús carga con el dolor de la humanidad y, por lo tanto, se hace abrazar de una corona de espinas su corazón; pide que se haga una Hora Santa una vez al mes y que se realice la Eucaristía los primeros viernes de cada mes. Jesucristo, dolido por las tribulaciones de la humanidad, le pide mostrar al mundo que Él se encargará de tomar su sufrimiento.
Margarita transmite su mensaje, pero no es escuchada, hasta que su confesor, el sacerdote Claudio de la Colombière, de paso por el monasterio, lo atiende y pide en el convento que sea escuchada. Viaja el sacerdote a Inglaterra como misionero y poco tiempo después enferma Margarita.
Cuando cambia la administración del convento, la nueva superiora tampoco cree en el mensaje. Claudio, cansado y enfermo, regresa de Inglaterra y vuelve a señalar la veracidad de las palabras de Margarita.
Tres años luego de su muerte, el Papa Inocencio XIII proclamó una bula, que dio indulgencias a los monasterios Visitandinos, con lo cual se instituyó la fiesta del Sagrado Corazón. En 1856, el Papa Pío IX instituyó la fiesta del Sagrado Corazón, luego que el papa Clemente XIII la había introducido en Roma.
El 13 de mayo de 1920, Benedicto XV la proclamó santa. La devoción cruzó los continentes.
Vuelvo a la imagen de casa. Mis dos abuelas eran devotas del Sagrado Corazón de Jesús. Por ello, presidía las estancias principales. Ambas eran jóvenes cuando la santificación de Margarita María, y no es de dudar que la atmósfera, tanto en México como en el mundo, albergara esperanzas en su devoción.
El fin de la conocida hasta entonces como la Gran Guerra y el inicio de lo que parecía constituía una nueva era, con cambios en todos los órdenes. Era en lo que se soñaba, aunque la realidad luego se empeñó en empañarla.
Un día 6 de agosto, mientras observaban juntos el festejo del Santo Cristo de la Capilla, dijo Andrés Henestrosa a nuestro inolvidable maestro Javier Villarreal Lozano que en la fe más sencilla se encuentra la devoción más auténtica.
Hoy que veo la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, y pienso en mis abuelas y en mi madre, confirmo lo dicho por Henestrosa. Esa fe que, en estos días, se recuerda en toda la profundidad de la devoción.