Saltillo: El centro y la cultura de sus habitantes
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Tanto los habitantes del propio centro como la autoridad han de facilitar condiciones que permitan vivirlo y no sufrirlo
La luz suave de la penumbra invita al recogimiento. Hay una oración que se eleva en medio de la calma. Continua repetición, con el poder de tranquilizar las almas.
Hay, dentro de la iglesia, en una atmósfera de frescura, unas treinta personas. Es la Catedral de Santiago, y es una tarde entre las 5:00 y 6:00. Llegan algunos fieles más y se unen a la oración. Hay quienes permanecen en la capilla donde está la imagen de la Virgen de Guadalupe, mientras otros se detienen a observar la iluminación en los nichos de dos figuras: la Virgen de la Inmaculada Concepción y la Virgen de la Luz.
La luz que tranquilizaba, suave, profunda, se transforma a la salida en destellos que deslumbran la vista. Hay trabajadores del municipio en los jardines de la Plaza de Armas. Por fin, luego de tantos años descuidados los alrededores. Ojalá pronto toque el turno a los pisos y a las estatuas que conforman la Fuente de las Ninfas.
Las ninfas demuestran que siguen siendo asunto pendiente que se les atienda: estructura en pésimo estado de conservación, pátina deteriorada. En estado tan deplorable que no importa cubrirla cuando llega la temporada navideña: a fin de cuentas, no se le aprecia.
La gente de Saltillo cumple sus rutinas: los niños que van en pos de las palomas; los vendedores, señores mayores, con sombrero cubriendo el sol inclemente, que muestran sus productos y mercancía: pelotas de goma, chocolates, cigarros, alimento para palomas. Mas no semillas: éstas hace tiempo se han dejado de ofertar. Cosas de los nuevos tiempos.
Palacio de Gobierno conserva la valla de seguridad en la entrada, pero a diferencia de años anteriores al actual periodo, cuando la plaza completa quedó atrapada por las vallas por espacio de meses.
La caminata por el centro conduce por calles que recibieron limpieza en algunas banquetas de paso continuo, y que, por supuesto, requerirán de constancia en los trabajos.
También nos lleva a paisajes donde se pretendió conferir ideas de cierta atmósfera entre histórica y romántica; relojes que llevan décadas sin funcionar, farolas en estado lamentable, banquetas quebradas.
Hay alrededores cercanos a la emblemática Plaza de Armas merecedores de mayor atención y cuidado; hasta casas cuyas fachadas permanecen con inminente riesgo de caerse.
Tanto los habitantes del propio centro como la autoridad han de facilitar condiciones que permitan vivirlo y no sufrirlo. Si se empezó con la limpieza de las calles, resulta necesario continuar igualmente con los temas que tienen que ver con la mejora del pavimento.
Hace algunas semanas señalaba en este espacio la necesidad del arreglo de las rejas del alcantarillado en zonas del centro: se hicieron cambios a favor y eso resulta positivo. Ojalá se atienda lo que también en todo sentido afea a la ciudad.
Los fieles salen de Catedral. Se dirigirán a la plaza y ahí formarán parte de su historia, escribiendo también la de nuestra ciudad, en estampas efímeras que se vuelven memorias.
Son ellos y son todos los que la transitan e igualmente circulan por el centro de Saltillo. No en balde se dice que los centros de las ciudades reflejan la cultura de sus habitantes.