Se busca el Talarico mexicano
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La oposición no está muerta, pese a lo que insista la narrativa gubernamental. Los partidos enfrentan una crisis de aceptación y de identidad, pero el camino existe para construir alternativas
En medio de una guerra que, aunque él quiera vender una realidad alternativa, definirá el rumbo de su presidencia, Donald Trump insiste en amenazar las instituciones esenciales de la democracia estadounidense. La semana pasada aparecieron versiones que sugieren que un círculo cercano al presidente de Estados Unidos está estructurando un plan que le permita subvertir la voluntad del electorado en la votación de noviembre si el Partido Republicano se encamina a perder el control del Congreso. En otras palabras, como tantas veces ocurre con quien acusa fraude, Trump es quien tiene auténticas intenciones tramposas.
Para fortuna de Estados Unidos, la democracia del país parece (por ahora) suficientemente robusta. Una de las razones centrales de esa fortaleza es la persistencia de la oposición.
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El Partido Demócrata está lejos de ser perfecto, ideológica y hasta moralmente. Pero representa una alternativa al autoritarismo. Y el partido ha seguido produciendo figuras atractivas. El ejemplo más reciente es un joven legislador estatal de Texas llamado James Talarico. Con apenas 36 años, Talarico ha logrado consolidar una imagen potente que lo llevó, apenas hace unos días, a ganar la primaria demócrata rumbo a la elección al Senado federal de noviembre. Lo hizo combinando propuestas progresistas con un mensaje anclado en un tono casi religioso, abrevando de dos de sus experiencias personales: como maestro y como seminarista presbiteriano.
Su triunfo en noviembre es todavía improbable. Texas no ha elegido a un demócrata para un cargo de alcance estatal desde 1994. Pero Talarico ya mostró un camino posible, incluida la manera de apelar al voto hispano, que en Texas se acercó al trumpismo en años recientes sólo para, aparentemente, empezar a darle la espalda en algunas encuestas y en las urnas.
En suma, la oposición a Trump sigue produciendo alternativas a escala estatal y federal.
Conviene entonces hacerse una pregunta sobre México. ¿Cómo se explica que la oposición mexicana, que se ha visto erosionada y debilitada, pero que existe, haya sido completamente incapaz de producir una sola figura con el talento político suficiente para inspirar un voto mayoritario en contra del régimen que nos gobierna?
El misterio de la esterilidad de la oposición en México no es menor. Aunque el partido hegemónico mantiene un nivel de aprobación aceptable, no es ni mucho menos invulnerable. Ha cometido errores, omisiones y pecados diversos, incluidos casos de corrupción.
La oposición no está muerta, pese a lo que insista la narrativa gubernamental. Los partidos enfrentan una crisis de aceptación y de identidad, pero el camino existe para construir alternativas.
La pregunta es: ¿dónde están los Talarico en México? ¿Dónde están los políticos locales con la astucia y la ambición suficientes como para construir, poco a poco, una estructura de apoyo capaz de desafiar la maquinaria del régimen?
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No se les ve por ningún lado en la política local, ya no digamos en la nacional.
¿Por qué? ¿Tanto pesa el amedrentamiento del sistema? ¿Es más fácil acomodarse que tratar de buscar caminos distintos?
De la respuesta depende buena parte de la viabilidad democrática de México en el futuro. En Estados Unidos, el Partido Demócrata ha conseguido –a veces a pesar de sí mismo– promover este tipo de figuras. Son uno de los pocos contrapesos frente a la marejada trumpista.
La pregunta es inevitable: ¿quién está construyendo esa resistencia frente a la voluntad de perpetuidad del movimiento que gobierna México?