Sobre sexo biológico e identidad de género en la actualidad
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Las clasificaciones biológicas, por un lado, y las identidades de género, por otro, conforman la diversidad de la que estamos hechos. Y, al sumarlas, forman parte de las expresiones bioculturales que nos conforman
Para sorpresa de absolutamente nadie con pensamiento crítico, los estudios científicos demuestran que el sexo biológico en los seres humanos no es una categoría binaria estricta, sino un espectro de características físicas, hormonales y genéticas. Y si a eso le sumamos algo tan humano y cultural como los gustos o las preferencias, entenderemos que la comprensión y el respeto son lo mínimo indispensable para integrar estas diferencias como parte de la diversidad que ha sido, es y será.
Es habitual que el pensamiento de derecha convierta estas manifestaciones en un acto punitivo, pecaminoso o enfermo, bajo el categórico “¡No es natural!”. Este comentario carece de argumentos y lo que muestra es miedo, tal como lo expresara un conocido a quien admiro. Yo agregaría que también hay un deseo reprimido o una envidia del uso libre del cuerpo.
De acuerdo con agencias internacionales como la ONU, el 1.7 por ciento de la población mundial nace con rasgos intersexuales; esto es equivalente al porcentaje de personas pelirrojas. Y aquí sí es posible decir: “Es natural” que la biología nos entregue una gran diversidad de combinaciones.
Si bien la reproducción humana es binaria porque se requiere de dos gametos distintos: un óvulo y un espermatozoide, el desarrollo del cuerpo opera como un espectro, dando lugar a lo que la medicina llama diferencias del desarrollo sexual o intersexualidad.
Y es habitual también confundir las cuatro clasificaciones biológicas –(1) sexo cromosómico, (2) sexo gonadal, (3) sexo hormonal y (4) sexo genital o fenotípico– con la orientación sexual, la cual se estudia desde el campo de la psicología, la sociología y el derecho, reconociendo decenas de categorías de identidad de género.
Sí, a diferencia del sexo biológico –agrupado en cuatro clasificaciones–, la identidad de género es la vivencia interna y personalísima del género como cada individuo lo experimenta, la cual puede corresponder o no al sexo que le fue asignado al nacer.
Sigamos con un listado general que escandaliza a los espíritus controladores: cisgénero, una identidad que coincide con el sexo biológico (por ejemplo: una mujer que nace con anatomía femenina y se identifica como tal); transgénero, abarca a personas cuyas identidades de género son distintas al sexo asignado al nacer.
Se suma la transexualidad, que abarca a quienes optan por intervenciones médicas –hormonales o quirúrgicas– para adecuar su cuerpo biológico a su identidad de género. Como un hombre trans, que es una persona que nació con sexo femenino, pero se identifica con el género masculino.
Seguimos, hay que cultivarnos en información: las identidades no binarias (que no se limitan al esquema tradicional de hombre / mujer) abarcan a quienes se reconocen con ambos géneros o en una mezcla de ellos. Por su parte, el término agénero describe a quienes carecen de afinidad por algún género o sienten ausencia total de una identidad.
Los bigénero son quienes se sienten mujer y hombre de forma simultánea o alterna. Trigénero, aquellos que se conciben en tres dimensiones: masculino, femenino o neutro. Finalmente, los pangénero, individuos que abrazan todas las posibilidades existentes dentro de su espectro cultural.
Por fortuna, la comunidad médica de avanzada integra un diagnóstico de las diferencias del desarrollo sexual (intersexualidad) con una lente multidisciplinaria. Para ello, combina evaluación clínica inmediata, estudios genéticos y análisis endocrinos para garantizar la salud del bebé y comprender la causa exacta de la intersexualidad.
Las clasificaciones biológicas, por un lado, y las identidades de género, por otro, conforman la diversidad de la que estamos hechos. Y, al sumarlas, forman parte de las expresiones bioculturales que nos conforman.
Por supuesto, las conductas aberrantes se presentan en todo el abanico de opciones biológicas e identitarias, pero eso es tema para otra columna. Digiramos primero esta información para ser más cultos y respetuosos, y evitar personificar a la ignorancia, que es atrevida y violenta.
El vocablo “sexo” proviene del latín sexus, que deriva del verbo “secare”, lo que significa “cortar o dividir”.