Trump: Presentimientos que incendian el mundo
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Le quedan 2 años y 10 meses para terminar su segunda administración. ¿Le ayudarán sus presentimientos a concluir su mandato?
El principio de la nueva incursión militar de Estados Unidos, ahora en Irán, que estamos viviendo desde el sábado pasado y quién sabe por cuánto tiempo más, no se basa en certezas y análisis de inteligencia, sino en los presentimientos de su presidente. Así lo dijo Karoline Leavitt: “El presidente tenía un buen presentimiento de que el régimen iraní iba a atacar activos de Estados Unidos y a nuestro personal en la región” (Al Jazeera, 2026, 5 de marzo).
Pero, ¿qué son los presentimientos? ¿Sensaciones, intuiciones, corazonadas sobre lo que una persona piensa que va a pasar teniendo como punto de referencia experiencias pasadas? Efectivamente, eso es lo que son. Acciones de personajes a los que no les pusieron límites y siguen por la libre, que a base de bufonadas arrastran detrás de sí a un pueblo –334 millones de habitantes– al que no le queda de otra. ¿Sabía usted que sólo el 27 por ciento de los estadounidenses apoya la guerra contra Irán? (Reuters, 2026).
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Sus presentimientos lo llevaron a enfrentar numerosas acusaciones y procesos legales en Estados Unidos. Probablemente, esto ya lo han olvidado muchas personas. Hablamos aquí de casos penales como civiles: interferencia electoral en 2020, conspiración para defraudar al gobierno de EU, intento de obstruir un procedimiento oficial (la certificación electoral), conspiración contra el derecho al voto (este fue el caso relacionado con los ataques al Capitolio) y el manejo de documentos clasificados (obstrucción a la justicia). Lo otro fue la extorsión a una actriz porno para silenciarla, la emisión de declaraciones falsas y el caso civil (inflar el valor de sus empresas y organizaciones para obtener beneficios financieros), entre otros. ¿Y las leyes norteamericanas? ¿Y el derecho internacional? ¿Quién le pondrá un alto a sus presentimientos?
En muchas entrevistas ha manifestado que sus decisiones se basan más en sus instintos y presentimientos que en análisis técnicos. Como empresario decía que su éxito empresarial venía de seguir sus instintos y hablaba de confiar en el “gut feeling” para cerrar acuerdos (cfr. “Trump: The Art of the Deal”). Durante su primera administración declaró que en las tensiones con China confió más en su instinto que en sus expertos. Cuando comenzó la pandemia, minimizó a los expertos, investigadores y médicos diciendo que tenía un instinto natural para entender cosas complejas. El problema es que le quedan 2 años y 10 meses para terminar su segunda administración. ¿Le ayudarán sus presentimientos a concluir su mandato?
Otro que creyó en sus presentimientos fue George W. Bush, cuando en 2003 acusó a Irak de tener armas de destrucción masiva (químicas, biológicas o nucleares); por supuesto, no se encontraron armas. Lo otro fueron los vínculos con el terrorismo, derrocar a Saddam Hussein (algo que nadie le había pedido) y dar protección a Medio Oriente (que no es parte de su territorio).
En el caso del actual presidente norteamericano, sus presentimientos se basaban en la idea de que, si no se atacaban las bases militares iraníes, Irán podría haber tenido armas nucleares en unas cuatro semanas y posiblemente las habría usado. Y entonces, ¿qué papel ocupan los expertos en la estructura organizacional del actual gobierno norteamericano?
¿Se imagina que los seres humanos nos basáramos en nuestras intuiciones? ¿Qué pasaría? Simple: las decisiones dejarían de basarse en evidencias, reglas, leyes, protocolos o razonamientos, y algunas consecuencias serían las decisiones erróneas, porque se ignorarían datos, evidencias y pruebas. Imagine un médico dándole una noticia basada en sus presentimientos. La ciencia depende de evidencia, experimentos y comprobación. Si todo se decidiera por corazonadas, la vida y la sociedad se complicarían.
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Nos quedamos en eso: miedos, emociones o hasta premoniciones, otra vez, sin saber por qué exactamente. En este caso, el presidente norteamericano sintió que algo malo iba a pasar o probablemente el ayatola no le daba buena espina, sin saber por qué. Imagínese a usted tomando decisiones por corazonadas o intuiciones. Claro, hay quienes actúan así, por eso les va como les va. Por eso lo que ahora se vive en el mundo no es fortuito. Este caso es otro más, donde las falacias, las mentiras y los pretextos son el trasfondo de estos desatinos que preconizan acciones criminales que evaden los convenios y acuerdos establecidos del derecho internacional.
Lo que hoy pasa en el mundo y el territorio en el que pisa o pone su mirada el presidente norteamericano arde, justamente por esto. Algo más o menos parecido a lo que sucedía con Atila, el rey de los Unos: por donde él pasaba, ni la yerba volvía a crecer. Al momento, esas corazonadas o presentimientos tienen ya un alto costo de vidas humanas, construcciones colapsadas y miles de millones de dólares utilizados en armamento. Además, hay un alto número de desplazados, niños y mujeres en pánico, amenazas a países que no colaboran e incertidumbre de todo lo que pueda ocurrir en el futuro inmediato. Así las cosas.