Un hábito que nos cambia la vida para BIEN
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Hay épocas en que me da por releer textos que tengo en mi pequeña biblioteca casera. Y es fascinante abrirlos porque se me viene al instante una cauda de recuerdos. Ya le he compartido, estimado leyente, de una persona mágica que se llamó Daniel Tapia Colman, y que a mis doce años me hizo enamorarme perdidamente, y para siempre, de los libros. Me encontré, estando en el ejercicio de releer, el auto sacramental el Gran Teatro del Mundo, de don Pedro Calderón de la Barca. Me quedé perpleja, es un texto que data del siglo XVII, y uno de los asuntos centrales de las obra es que se toca el tema de una sociedad enferma por LA PÉRDIDA DE VALORES... perdón, antes de continuar, le comparto que un auto sacramental es un tipo de obra teatral religiosa, de un solo acto, que se acostumbraba representarla durante la festividad de Corpus Christi en la España de los siglos XV al XVIII. Pero volviendo al punto, que fue como le comentaba, lo que me impactó es que hoy día estamos viviendo en medio de un caos, de un caos -indiscutiblemente que la vida es cíclica- generado en mucho por la ausencia de valores en la formación de las personas. Si no nos concientizamos de ello, el futuro será miserable, y estoy refiriéndome al mañana de muchos niños y jóvenes que ya son huéspedes de este mundo, y de los que aún no han llegado. Una sociedad sin valores tiende a desmoronarse. Verbi gratia, el poderoso imperio romano CAYÓ en esa orfandad. A las virtudes, que los convirtieron en una comunidad de trascendencia inimaginable, las fueron mandando a paseo y se acabó. El deterioro del tejido social, las desigualdades, la corrupción permeando en lo público y en lo privado, entre otros, son síntomas de que “algo o mucho”, no anda bien. No lo tiremos a “lucas”... nos está sucediendo. Papás, un llamado respetuoso, sus hijos necesitan de su guía y de su ejemplo. No son hierbitas del campo, son su sangre y su carne. Hay que formarlos con principios.
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Y paso a otras reflexiones vinculadas a los libros, a la lectura. Papás, otra vez con ustedes, acerquen a sus niños a los libros, lean para ellos y con ellos. De verdad, hacerlo generará un vínculo imperecedero, imborrable, los va a acompañar toda su vida. No se van a arrepentir ni por un segundo del legado inigualable que van a hacerles. Sé de qué hablo, discúlpenme tanta reiteración y tanto “yoyo”, pero bendita sea mi madre por ese empeño infatigable de que me hermanara con los libros. Mi mundo infantil estuvo coloreado de las fantasías que me regalaron los Hermanos Grimm y Hans Christian Andersen, y luego de El Quijote de la Mancha que me hizo soñadora y guerrera de por vida, y los pasajes de la Biblia que enriquecieron mi fe y mi espíritu –hasta la fecha– , y la poesía de García Lorca y de Rafael de León, y de Alberti, de León Felipe, y la prosa de Antonio Machado y Benito Pérez Galdós –gracias don Daniel, usted me presentó con ellos– despertaron mi pasión por el romance español, y también degusté con singular alegría la Navidad en las Montañas de don Ignacio Manuel Altamirano, Los Bandidos de Río Frío de don Manuel Payno y los versos de Nervo, de López Velarde, me hicieron amar la patria hasta en los huesos. Y más tarde me enamoré para siempre de las novelas históricas de Taylor Caldwell, con ellas conocí a Aspasia, a Marco Tulio Cicerón, a San Lucas. Y he leído y releído a Juan Rulfo, su Pedro Páramo me sigue arrobando cada vez que lo abro. Y hay más pero mucho más. Los libros son amigos para siempre, y siempre están para ti. Asómese a sus páginas, apreciado lector, lleve a los niños, a los jóvenes, incluso a los adultos, a que se metan en los pasajes y paisajes de los libros.
El verano está a la vuelta de la esquina, haga diferente las vacaciones de sus hijos, pruebe, abra un espacio para iniciarlos en el gusto por la lectura, los beneficios que trae consigo SON PARA TODA LA VIDA. Leer en casa, hablar de lo que se lee, mi madre me hacía que le estuviera platicando sobre lo que leía. Ir a la biblioteca pública, participar en grupos de lectura, son prácticas que potencian el interés y el gusto por el precioso hábito. Y NO LE CUESTAN UN CENTAVO. Llévelos a los museos, pero antes, ilústrense sobre lo que van a ver ahí, ya no irán en blanco, y apreciarán mejor, pero mucho mejor, lo que en ellos se exhibe. Los museos que dependen de la Secretaría de Cultura de Coahuila, son gratuitos, no se pierda la oportunidad de disfrutarlos junto con sus peques. Y no son los únicos, infórmese al respecto. Regálese y regale a sus hijos un verano diferente, que sea el inicio de un hábito que vale oro puro.
La escuela -y toco este ámbito también- juega un papel muy importante en el desarrollo de las personas, no solo por los contenidos de los conocimientos que ahí se enseñan, sino por los hábitos que ahí se refuerzan. Cuando lees aprendes, cuando aprendes CRECES, crece tu intelecto, descubres tus talentos, ayudas a que estos florezcan, tu perspectiva de vida se transforma, miras y te explicas la realidad objetivamente, aprendes a discernir, a razonar, y por ende, los juicios que resultan de este ejercicio maravillosamente HUMANO, coadyuvan a que decidas con la cabeza y no con los intestinos, aspectos importantes de tu existir. El rol de la escuela, es sustantivo. Los maestros, los buenos maestros, son personas que no solo transmiten conocimientos, también VALORES.
En nuestro país se deben de hacer recapitulaciones importantes. Fortalecer las competencias de los docentes de manera continua para la enseñanza de la lectura, es una de ellas. Debe articularse lo que se hace en preescolar con los primeros grados de educación primaria. Los niños son pequeños, no bobos, para decirlo con toda claridad. A los niños si se les explica adecuadamente ENTIENDEN. Hay que motivarlos primero, y a partir de ahí se pueden construir más y mejores aprendizajes, y por supuesto, una relación afectiva con la lectura y los libros.
Leer transforma a una comunidad porque reduce desigualdades, fortalece los lazos ciudadanos y con ello enriquece la vida individual y colectiva de quienes la conforman. Fomentemos entre todos el amor por los libros y la lectura, asumámoslo como un profundo compromiso social. Además, y con esto cierro, así como el cuerpo necesita ejercicio para mantenerse sano, también el cerebro lo requiere, la lectura contribuye a eso. La lucidez es un tesoro inapreciable en cualquier etapa de la vida del hombre, pero en la adultez adquiere proporciones extraordinarias. Un adulto mayor que lee, no se permite soledades, ni depresiones.