Ver futbol = Felicidad

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Poder compartir la emoción de un partido con los padres, hermanos o amigos construye un bagaje de recuerdos que perduran durante años y fortalece la red de interacciones familiares

Cuando se nos plantea cómo pensar en los beneficios del deporte, casi automáticamente se nos viene a la cabeza un niño que corre, nada o juega futbol. Sin embargo, la pregunta que ha intrigado durante años a los psicólogos es otra: ¿por qué también hay personas que disfrutan tanto de ver deportes? ¿Qué ocurre en el cerebro de un niño cuando está animando a su equipo favorito, alegrándose por un gol o disfrutando de un partido con su familia?

Un artículo reciente publicado por la revista TIME responde a esta pregunta y presenta una conclusión interesante: el deporte no sólo activa el cuerpo cuando lo practicamos, sino también el bienestar y el sentido de pertenencia cuando se vive como un hecho social. Helen Keyes, psicóloga de la Universidad Anglia Ruskin, comenzó a investigar este fenómeno tras preguntarse qué hacía que millones de personas dedicaran tiempo, recursos económicos y emociones a seguir competiciones deportivas. Sus hallazgos muestran que disfrutar de un evento deportivo o compartir la afición por un equipo puede propiciar un incremento del bienestar psicológico, disminuir la sensación de soledad y repercutir positivamente en las relaciones sociales.

https://vanguardia.com.mx/opinion/lo-que-los-padres-debemos-saber-sobre-el-tdah-JH21628551

Desde la neurociencia, estos hallazgos tienen mucho sentido. El cerebro humano es social y, durante millones de años, se ha adaptado para sobrevivir formando grupos. Cuando una familia anima al mismo equipo, canta el himno del club o celebra la victoria, se activan circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la cooperación o la pertenencia. El juego despierta dopamina por la emoción y oxitocina por la conexión con los demás, dos sustancias que constituyen la base del bienestar emocional.

Los niños siempre deben sentirse involucrados y formar parte de algo mayor que sí mismos; por ejemplo, un equipo deportivo puede ser una comunidad donde aprenden sobre identidad, lealtad, compromiso, convivencia, etcétera. Poder compartir la emoción de un partido con los padres, hermanos o amigos construye un bagaje de recuerdos que perduran durante años y fortalece la red de interacciones familiares. Por todo ello, hay una diferencia muy importante que los padres no pueden obviar: ver deporte nunca puede sustituir practicarlo.

La literatura científica muestra que los beneficios para el desarrollo infantil son mayores cuando el niño participa. Correr, brincar, lanzar una pelota, nadar o andar en bicicleta no solo fortalece huesos y músculos, sino que también estimula la corteza prefrontal, incrementa la atención, mejora el autocontrol, amplía la memoria y reduce el riesgo de padecer ansiedad y depresión.

Ver un partido inspira; practicar un deporte transforma. Cuando un pequeño contempla a sus ídolos deportivos, el deseo de imitarlos se enciende. Si esa admiración se convierte en acción, su impacto puede ser espectacular. Por eso muchos expertos recomiendan aprovechar un partido para animar a los hijos a jugar después en el parque, imitar movimientos o simplemente compartir en familia.

Otro aspecto que destacaron los investigadores es que el deporte aporta estructura a la vida. El partido del fin de semana esperado, recordar una gran final o preparar una reunión familiar para ver una copa contribuyen a crear expectativas positivas, así como a proporcionar momentos de convivencia que nos ayudan a mantener la salud mental. En tiempos en que muchos niños buscan pertenencia en redes sociales o videojuegos, el deporte se presenta como una opción más saludable. Un equipo enseña que el esfuerzo colectivo es más importante que el logro individual, que perder también es parte del aprendizaje y que seguir adelante importa más que el talento.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/entre-estampas-y-partidos-el-mundial-estrecha-lazos-entre-padres-e-hijos-en-coahuila-HF21537312

Sin embargo, los padres también tienen que prevenir que la pasión deportiva se transforme en fanatismo. Cuando el resultado de una competición provoca violencia, insultos o una frustración excesiva, el deporte deja de ejercer su función educativa. La meta no es convertir a los niños en aficionados obsesivos, sino que aprendan valores como el respeto, el trabajo en equipo, la disciplina o la resiliencia.

La verdadera enseñanza del deporte va mucho más allá de ganar una competición. Cada entrenamiento, cada partido, cada momento compartido en familia refuerza habilidades sociales, emocionales y cognoscitivas que acompañarán al niño durante toda su vida.

La próxima vez que vean un partido con infantes, disfruten. ¡Celebren juntos, comenten el esfuerzo de los jugadores, compartan la emoción del juego! Pero cuando finalice la transmisión, hagan algo todavía más importante: salgan al parque, chuten un balón, tiren una pelota o salgan a dar un paseo en bicicleta. Porque el deporte no sólo se sigue: se vive, se comparte y se convierte en una de las mejores herramientas para formar cerebros fuertes, familias unidas y niños emocionalmente sanos.

Es licenciado en Educación con Maestría en Desarrollo Organizacional por la UdeM. Maestría en Psicopedagogía Clínica en España. Cuenta con doctorado en Currículum e Instrucción por la Universidad del Norte de Texas y estudios de Postrgrado en Educación, género, aprendizaje y cerebro en el programa de Velma Smichdt por la Universidad del Norte de Texas.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM