Verbos que conjugan decepción

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Opinión
/ 16 marzo 2026

Ceder y conceder para recibir y acordar son infinitivos que no llegan a conocer ni el tiempo presente ni el futuro

Verbos que quieren ser tachaduras de la esperanza.

Se conjugan verbos terribles como matar, dañar, asesinar, destruir, hundir, interceptar, aniquilar, extinguir. Se apunta quirúrgicamente y se disparan explosivos enormes a velocidad creciente y con racimo de bombas esparcidas.

Todo es a distancia con automatismo certero. Aviones de combate que despegan de un aeródromo navegante para bombardear la tierra desde el mar. Se arremete contra refinerías, aeropuertos, centros de comunicación, puentes y, colateralmente, se dañan escuelas, hospitales, templos y zonas residenciales.

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ADICCIÓN AL CONFLICTO

Se impide el paso de combustibles y se corta el paso a la energía eléctrica y al gas. Se practica un terrorismo financiero que intenta suspender aprovisionamientos de costo elevadísimo.

Se cierra la puerta a la cesación de fuego y a la intercomunicación de diálogo diplomático que termine con la decepción de guerras endémicas, sin rendición incondicional.

UN ORGANISMO SIN TUMORES

Ceder y conceder para recibir y acordar son infinitivos que no llegan a conocer ni el tiempo presente ni el futuro. La adicción al conflicto enfrenta soberbias y rechazos recíprocos de enemistad enfermiza.

Canadá y México han abierto horizontes para libertad, soberanía y diversidad, suprimiendo lo tumoral y renovando lo orgánico.

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RESPETO A CUERPO Y ALMA

Hay falsas euforias. Son temporales, fugaces. Son provocadas. Producen un placer que daña. Comes, bebes, fumas, tragas y te inyectas.

Engañas a tu cuerpo. No lo respetas. Se va creando una necesidad, una adicción. Se busca repetición sin ver consecuencias. Se dañan órganos.

Se pierden potencias y facultades. Se atrofia la memoria, la fertilidad. Se perturban los equilibrios orgánicos y, entonces, se sufre y se padece.

No eres capaz de renunciar, de alejar, de cesar porque quedas atado por el alcoholismo, la drogadicción, la tragazón. No hay sobriedad ni moderación. Te deshumanizas y te devalúas... Te robas el tesoro de tu alma, que es tu espiritualidad... Es mejor nunca empezar esa idolatría y defender vida, salud y juventud.

TÉ CON FE

– ¿Qué se entiende por “amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas y amar al prójimo como a ti mismo”?

– Significa que el amor a Dios ha de ser afectivo, existencial, intelectual y activo para amarte a ti mismo y así poder amar y ser prójimo para todos.

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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