...y cuando le pidieron eso, prefirió renunciar
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La magistrada Mónica Soto, expresidenta del Tribunal, comunicó su respuesta al poco tiempo: yo renuncio. Fue una sorpresa para todos
No podían rechazar la convocatoria. La presidenta Sheinbaum les había mandado un mensaje. Designó a una persona de toda su confianza para que no hubiera teléfono descompuesto. Así que magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), la máxima autoridad electoral en el país, llegaron puntuales a la cita. No iban todos los magistrados. Iban los que el gobierno considera “suyos”, que son inmensa mayoría.
El planteamiento enviado desde Palacio Nacional llevó esta narrativa:
Nosotros nos hemos portado muy bien con ustedes. A tres les extendimos el mandato para que se puedan quedar en el cargo hasta 20 años. A dos los acabamos de impulsar para que los nombren. Vienen las elecciones del 2027 y van a ser tiempos muy críticos: requerimos su lealtad total. La elección se va a poner complicada, habrá muchos intentos de intervención extranjera para ayudar a la oposición y requerimos saber que contamos con ustedes para que las cosas salgan como el gobierno quiere que salgan. Saber con certeza que estamos del mismo lado y no haya dudas ni titubeos.
Se hizo un silencio incómodo, me revelaron las fuentes que me contaron todo esto. Ante ese silencio incómodo, la persona de alto nivel que llevó el mensaje de Palacio Nacional atajó: si quieren no respondan ahorita, reflexiónenlo... y nos avisan.
La magistrada Mónica Soto, expresidenta del Tribunal, comunicó su respuesta al poco tiempo: yo renuncio.
Fue una sorpresa para todos. Fue un lance inusual para una funcionaria que de unos años para acá se ha convertido en uno de los brazos operadores electorales del régimen: avaló la sobrerrepresentación de Morena, avaló el uso de acordeones en la elección judicial, avaló todo lo que quería el régimen. Ella no solía ser así. Era una moderada que buscaba puentes. Pero no resistió la presión: se convirtió en la obediente cabeza de una mayoría aplastante de magistrados pro-Morena que dominó el Tribunal. Primero, de la mano de sus compañeros Felipe Fuentes y Felipe De la Mata. Y luego, con la incorporación de Gilberto Bátiz y Claudia Valle.
Ese cambio de postura le costó mucho a la magistrada Mónica Soto en lo personal y lo profesional. En sus círculos cercanos la dejaron de ver como antes. El desplome de la admiración a la decepción. Y ese desgaste en su prestigio público, me dicen, fue determinante en su decisión de ya no seguir por la ruta que le está pidiendo el régimen y mejor renunciar al Tribunal. Lo anunció de golpe antier en un foro que compartió con sus compañeros magistrados y el presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar: se va a partir del próximo 31 de agosto, después de diez años en el cargo. Le quedaban dos. Dijo que la decisión era un “acuerdo familiar”. Según la ley, el Senado sólo puede aceptar su renuncia debido a una causa grave. Me parece que cumple el requisito: es muy grave lo que pretende hacer el gobierno en las elecciones de 2027.
Vaya señal de lo que viene.
SACIAMORBOS
Y a ver si de premio de agradecimiento no le llega un consulado... ya ven que es costumbre. Está vacante Barcelona...