¿Ya se dio cuenta, Presidenta?, nos están aislando
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El gobierno de Sheinbaum debe haber aprendido la lección de Venezuela, donde su voz e indignación llegaron a ser más encendida que la de los chavistas en Caracas, para no repetir el error
El Gobierno de México tiene que ver, porque no lo está haciendo, que Estados Unidos está levantando muros políticos, diplomáticos y militares alrededor de este país para dejarlo aislado. El presidente Donald Trump aprendió con el expresidente Andrés Manuel López Obrador que el verdadero triunfo no estaba en el insulto, sino en la obediencia silenciosa. La misma receta, pero reciclada con notable aumento en la beligerancia, la ha aplicado con la presidenta Claudia Sheinbaum, que está enfrentando la verdadera geometría del poder: reducir el espacio del otro hasta que moverse sea imposible.
Trump y su equipo latinoamericano están jugando ajedrez cantando por adelantado sus movimientos, pero han pasado desapercibidos en el gabinete mexicano, pese a que las piezas que se están moviendo frente a sus ojos son monumentales. La dupla Sheinbaum/López Obrador (el expresidente es fundamental por su peso y ascendencia en el gobierno) ha perdido aceleradamente aliados: Nicolás Maduro, preso en Brooklyn, y el nuevo gobierno aceptando su condición de protectorado; Gustavo Petro, prefirió plegarse a sufrir una intervención militar; Xiomara Castro, en vísperas de entregar la presidencia hondureña, restituyó acuerdos que había cancelado con Washington, y Cuba está doblada y viendo cómo se acomoda a lo que parece inevitable: un cambio de régimen.
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La dupla Sheinbaum/López Obrador dejó de cuestionar y condenar la intervención militar en Venezuela y la extracción de Maduro, donde se habían quedado solos, incluso de los propios venezolanos. No apoyaron a Petro, ni cuestionaron las elecciones en Honduras. Otro amigo del binomio, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, decretó a mediados de enero estado de sitio por un mes para enfrentar a las bandas criminales. Sheinbaum le ofreció ayuda, pero Arévalo la ignoró; aceptó que tropas estadounidenses vigilaran el Suchiate, la frontera con México. Y al norte, Trump sugirió que la frontera sur fuera vigilada por tropas de la OTAN, que está buscando que sean colombianas, al ser ese país un “socio global” –el único en América Latina– de ese pacto militar.
En el último reacomodo geopolítico, la conservadora Laura Fernández ganó el domingo la elección presidencial en Costa Rica en la primera vuelta, con lo cual el dominó que está expulsando a la izquierda del poder en la región siguió avanzando. El resultado de la elección tica tiene mucho más gravitas del que se aprecia. Más importante que la ideología, la victoria de Fernández era estratégica para Estados Unidos para que sea desmantelado lo que afirman funcionarios de ese país es el principal centro de espionaje tecnológico chino en América del Norte.
Costa Rica, agregaron los funcionarios estadounidenses, era fundamental para cercar a Nicaragua y comenzar las acciones políticas que creen las condiciones para el final del régimen de los dictadores Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. La pinza, en esta penúltima etapa del control estadounidense en el hemisferio, como lo anunciaron con la nueva estrategia de Seguridad Nacional, el llamado “corolario Trump” a la Doctrina Monroe, es Cuba, cuyo presente se ha convertido en un duelo de declaraciones entre Sheinbaum y Trump.
Sheinbaum dijo que no habían hablado de Cuba en su conversación telefónica, pero Trump aseguró lo contrario días después. La Presidenta reiteró que no fue así, y ya nadie sabe el siguiente episodio de la retórica bilateral. Pero en los hechos, México suspendió sus envíos de petróleo a la isla, como venían pidiendo diplomáticos estadounidenses desde diciembre, y no hay para cuándo se renovarán.
Sheinbaum anunció que se enviaría un paquete de ayuda humanitaria con alimentos y productos básicos, pero hasta ayer no tenía claro lo que haría. Hasta en esto ha llegado tarde. Por razones humanitarias, desde mediados de enero Estados Unidos envió ayuda humanitaria a Cuba, publicando un listado preciso del primer cargamento, pero advirtiendo que se distribuiría a través de la Iglesia Católica y “nuestros socios” para evitar que se desvíe al “régimen ilegítimo”. México piensa hacerlo a través del gobierno en La Habana.
No tendrá problemas México con esto, pero no debe ser visto en el contexto de ganadores y perdedores en una batalla pírrica. Alimentos y productos básicos, como los que envió Estados Unidos, sirven como una pequeña puerta por donde se despresurice la tensa situación en la isla, y que las negociaciones para la capitulación del régimen no sean motivo de sabotajes internos de la vieja guardia castrista o un estallamiento social nativo por la explosión de sus frustraciones, ansiedades y expectativas.
El gobierno de Sheinbaum debe haber aprendido la lección de Venezuela, donde su voz e indignación llegaron a ser más encendida que la de los chavistas en Caracas, para no repetir el error. Cuba está en un proceso acelerado de apaciguamiento con el presidente Trump, a quien están tratando de convencer de que lo que le dicen del régimen en La Habana es falso, que fue lo mismo que, en discursos, hizo el depuesto presidente Maduro.
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El Ministerio de Relaciones Exteriores cubano publicó el domingo un comunicado donde expresó su compromiso de cooperar con Estados Unidos y otras naciones para fortalecer la seguridad regional e internacional, asegurando que no albergaba ni apoyaba o financiaba a organizaciones terroristas o extremistas, y que “cualquier interacción pasada que haya involucrado a personas posteriormente designadas como terroristas, ocurrió únicamente en contexto humanitarios limitados, vinculados a procesos de paz reconocidos internacionalmente a solicitud de sus respectivos gobiernos”. Entre esos grupos caben el Cártel de Sinaloa, las FARC, el ELN, Hezbolá y Hamás.
Este deslinde sirve para fines públicos y propagandísticos, pero no prosperará. Funcionarios estadounidenses han apuntado a Cuba como la mente maestra para ir penetrando las instituciones democráticas en América Latina para llegar al poder y desde ahí, mediante el control del Poder Judicial –para cambiar las leyes– y la corrupción de las Fuerzas Armadas –encargándoles obras públicas ajenas a sus responsabilidades–, desmantelar las democracias.
La suerte de Cuba está echada. Rusia y China, declaran pero no actúan. Se ha quedado sin apoyos, salvo el de México, que también se esté quedando aislado. Ayer, Granma, órgano del Partido Comunista, publicó quiénes han mostrado solidaridad con Cuba en el mundo, reflejando, sin embargo, no sólo lo limitada que ha sido, sino la ausencia de posicionamientos gubernamentales, salvo el mexicano, donde se encuentra, no hay que olvidar, la joya de la corona.