Cultura y Pop: Dos Bibliotecas
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Pero a los políticos locales les pareció buena ahorrar dinero cerrando otros centros culturales de la ciudad, y ‘consolidándolos’ en el edificio de la biblioteca
Me di el gusto de empezar a escribir esta columna en la sede principal de la Biblioteca Pública de Nueva York.
El histórico edificio está en la Quinta Avenida—y como todo en Manhattan, lleno de turistas que deambulan entre perdidos y admirados. La biblioteca les ofrece exhibiciones temporales, tours, y áreas donde pueden hacerse selfies.
Pero su esencia se mantiene. Hay varias salas gigantescas, repletas de luz, libros, y mesas donde personas estudian, escriben, y hacen investigación. Basta que uno diga que necesita tomar unas notas para tener acceso.
Esto es sólo una pequeña parte de la institución, que tiene ochenta y ocho sucursales y cuatro centros de investigación diseminados por toda la ciudad.
Justo enfrente, para no ir más lejos, la biblioteca tiene otro edificio recientemente remodelado, donde ofrece centenares de miles de libros en decenas de idiomas, centros especializados para niños, jóvenes, adultos, y negocios, además de conciertos, entrevistas, presentaciones, e incluso una terraza con café en la azotea.
Es fascinante trabajar en bibliotecas así—más en una época en la que mucha gente piensa que las bibliotecas han quedado obsoletas.
Para mi tristeza, la biblioteca pública de Maastricht es un ejemplo de las consecuencias de esta estupidez.
Como edificio, esta biblioteca es una belleza—un espacio lleno de luz, techos altos, y espacios abiertos y amplios. Cuando llegué a vivir aquí tenía libros en cuatro de sus cinco plantas públicas. La planta baja, un espacio fantástico, albergaba exhibiciones. Y el sótano, que parecía una terraza de tanta luz que recibía, estaba lleno de libros y de juegos para niños, además de sillas cómodas.
La biblioteca además tenía decenas de lugares donde sentarse a trabajar con vistas preciosas, y tenía dos cafés.
Pero a los políticos locales les pareció buena ahorrar dinero cerrando otros centros culturales de la ciudad, y “consolidándolos” en el edificio de la biblioteca.
Destrozaron el sótano para instalar cabinas para ensayar música. Destrozaron la primera planta —el lugar preferido por los estudiantes— para instalar un mediocre museo de la ciudad al que nadie va. Se acabaron las exhibiciones, porque “consolidaron” los dos cafés en la planta baja. Y en otros espacios instalaron oficinas de empleo regional (?).
Es una pena. Las bibliotecas son centros de conocimiento; lugares adonde la gente va para educarse y encontrarse con mentes similares. En vez de reforzar su labor, bibliotecas en todo el mundo están siendo mutiladas. Es la consecuencia de ponerlas en manos de personas que nunca han ido a leer ni a escribir a una.