El Prado, un museo enriquecido en los últimos veinticinco años
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Lejos de la imagen de institución inmutable que suele asociarse a los grandes museos históricos, el Museo del Prado ha vivido durante el primer cuarto del siglo XXI una de las etapas de transformación más profundas de toda su historia
La exposición ‘Prado Siglo XXI’ invita a recorrer la gran transformación experimentada por el Museo del Prado en los últimos 25 años. Lejos de ser una institución estática, el Prado no deja de enriquecer sus colecciones, incorporando cerca de un millar de obras.
Esa es precisamente la idea que articula la exposición Prado. Siglo XXI, una muestra concebida no tanto como una celebración de los logros alcanzados, sino como una reflexión sobre el camino recorrido y los retos que aguardan a la pinacoteca española en las próximas décadas.
A través de 98 obras y abundante material documental, audiovisual y fotográfico, la muestra repasa los principales hitos que han consolidado al Prado como una de las grandes pinacotecas internacionales. El recorrido refleja no solo el crecimiento de la colección, sino también la evolución de sus modelos de gestión, conservación, investigación y comunicación.
El recorrido comienza mostrando una realidad que a menudo pasa desapercibida para el visitante: el Prado actual es muy distinto al de comienzos de siglo. Durante estos veinticinco años la institución creció enormemente tanto en dimensiones físicas como en capacidad científica, investigadora, educativa y social. Una gran infografía permite visualizar esta evolución mediante cifras que reflejan el aumento de visitantes, colecciones, actividades, publicaciones y proyectos, mientras una gran maqueta ilustra la transformación urbanística y arquitectónica del conocido -ahora- como Campus Prado.
La ampliación realizada en torno al antiguo Claustro de los Jerónimos, la rehabilitación integral del Casón del Buen Retiro y la pendiente apertura del Salón de Reinos son los hitos más visibles de su expansión.
Pero más allá de sumar metros cuadrados, estas intervenciones han redefinido la propia naturaleza del museo, obligándolo a repensar sus flujos de circulación y sus espacios de investigación y conservación. La futura culminación del Campus Prado plantea además nuevos desafíos relacionados con la accesibilidad, la peatonalización de la zona, la conexión entre edificios y la creación de una experiencia más integrada para el visitante.
Pero si existe un elemento que define la evolución reciente del Prado es el crecimiento de sus colecciones.
La muestra sirve para poner de manifiesto cómo la institución ha mantenido una política constante de adquisiciones, donaciones, legados y depósitos que le ha permitido incorporar cerca de un millar de obras desde el año 2000. Gracias a esta estrategia, el museo no solo ha enriquecido sus fondos con piezas excepcionales, sino que ha corregido algunas lagunas históricas y ha ampliado sus horizontes cronológicos.
Las obras reunidas en la muestra recorren más de dieciocho siglos de historia. Desde la Antigüedad clásica hasta el Arte contemporáneo, el visitante puede seguir la evolución de una colección que ha crecido con obras como el monumental Torso de Afrodita romano, una pieza que recuerda que el Prado es más que una pinacoteca especializada en pintura europea.
La Edad Media constituye otro de los ámbitos que más se han reforzado en las últimas décadas. Obras como el Frontal de Solanllong. Pantocrátor con el Tetramorfos, fechado entre 1200 y 1210 han contribuido a enriquecer una etapa históricamente menos representada en el museo. También destaca la incorporación del Nicodemo medieval o la presencia de obras fundamentales que permiten comprender mejor los orígenes de la tradición europea.
Dentro del Renacimiento y el Barroco, periodos esenciales para la identidad del Prado, sobresalen las incorporaciones de artistas como Juan de Juanes, Alonso Berruguete, o Luis de Morales. Entre las piezas más valiosas figura La huida a Egipto de El Greco, una obra temprana que ayuda a comprender la evolución del artista cretense. Junto a ella aparecen pinturas tan singulares como la Mujer en el baño procedente del entorno de François Clouet o el delicado Retrato de niña con paloma de Simon Vouet.
El Barroco español también se ha visto fortalecido con obras de Diego Velázquez, José de Ribera, Francisco de Zurbarán o Francisco Herrera el Mozo. A ello se suma un esfuerzo por incrementar la presencia de la escultura, una disciplina que había quedado en segundo plano dentro de la imagen pública del museo.
El siglo XVIII ha sumado su presencia con ejemplos que muestran la riqueza y diversidad artística de la centuria ilustrada. Entre ellos figuran obras de Boucher o Anton Raphael Mengs, además de importantes incorporaciones de Luis Paret y Agustín Esteve.
Especial relevancia adquiere Francisco de Goya, cuya presencia en el Prado se ha visto reforzada durante estos años mediante la incorporación de dibujos, estampas y pinturas como la célebre Condesa de Chinchón, considerada una de las obras maestras absolutas del retrato europeo de finales del siglo XVIII y uno de los ingresos más significativos de la historia reciente del museo.
El siglo XIX ha ganado peso mediante obras de Pérez Villaamil, Federico de Madrazo, Mariano Fortuny, Darío de Regoyos o Hermen Anglada-Camarasa, artistas que permiten explicar la evolución de la pintura española hacia la modernidad. También ha incorporado ejemplos significativos el siglo XX, como el retrato de Manuel B. Cossío de Joaquín Sorolla o la acuarela El atardecer (de Tiziano) de Ramón Gaya, figura fundamental de la renovación artística española contemporánea.
Uno de los cambios más significativos ha sido revisar la historia del arte desde perspectivas más inclusivas. En este sentido, la exposición destaca el esfuerzo realizado para incrementar la presencia de mujeres artistas en las colecciones. Sofonisba Anguissola, Rosa Bonheur, Rosario Weiss y María Blanchard simbolizan una línea de trabajo destinada a recuperar creadoras que durante siglos ocuparon posiciones marginales en los relatos artísticos tradicionales. La incorporación de sus obras permite ofrecer una visión más diversa y compleja de la creación artística europea.
Otro de los grandes logros del Prado en este periodo ha sido la creación de una colección de fotografía prácticamente inexistente a comienzos de siglo. Hoy reúne más de 10.000 imágenes de enorme valor patrimonial. Estas fotografías documentan tanto la historia arquitectónica del museo como la evolución de sus colecciones, los talleres de artistas, o los viajes de los pintores y la difusión visual.
A ello se suma el extraordinario desarrollo alcanzado por sus departamentos de restauración y documentación técnica, considerados entre los más avanzados del mundo, gracias a la incorporación de nuevas tecnologías y metodologías científicas. Paralelamente, el museo ha reforzado su dimensión educativa, ampliando programas dirigidos a públicos muy diversos.
En definitiva, Prado. Siglo XXI presenta la historia de una institución que ha sabido crecer sin renunciar a su identidad. Un museo que, apoyado en el trabajo de varias generaciones de conservadores, restauradores, investigadores, donantes, patrocinadores y visitantes, ha consolidado una posición de referencia internacional.