Imagina cómo sería la historia si los aztecas hubieran sido vencedores

Artes
/ 14 octubre 2021

Omar Nieto publica “El juego secreto de Moctezuma” (Harpercollins, 2021) cuya premisa es qué hubiera sucedido si la historia hubiera sido de esta manera

Una ucronía es un género literario en el que el autor desarrolla una historia alterna cuya trama transcurre a partir de un punto en el pasado en el que el que algún acontecimiento sucede diferente a como pasó en realidad.

Y una novela que nos presenta esta posibilidad es, “El juego de Moctezuma”, de Omar Nieto, en la que el autor plantea cómo hubiera sido el curso de la historia si los aztecas hubieran sido los vencedores en su enfrentamiento con los españoles.

Y qué habría sucedido si los navegantes de Cortés se hubieran unido a los indígenas y les hubieran compartido el secreto de las armas de fuego y les hubieran explicado la manera de construir barcos para atravesar océanos y así los aztecas hubieran invadido España.

Sobre este atractivo juego de imaginación, VANGUARDIA conversó con Omar Nieto (ON) el autor de esta original novela.

Vanguardia: Estamos en un momento histórico en el que el presidente quiere una disculpa pública de España y en cambio tú con tu novela, nos invitas a imaginar que hubiera pasado si las cosas hubieran sucedido de otra manera. ¿Cómo nace este proyecto?

ON: Es el resultado de dos obsesiones que tengo desde hace tiempo, por un lado lo fantástico y por el otro la cuestión de la identidad mexicana. En el primer caso tengo un libro que se llama “Teoría general de lo fantástico” ahí planteo que en el siglo 21 a la literatura fantástica solo le queda la opción de reescribir, replantear, revalorar, reinventar mucho de lo que ya ha sido imaginado y entender la realidad como un discurso, y ese es el caso de la historia. La historia es distinta dependiendo del lado que lo vea el historiador y es el caso de la historia de México. Lo que tenemos como historia oficial es la visión de los vencidos. Porque las fuentes son prácticamente tres: Las cartas de relación de Cortés, “La conquista de México” de López de Gómara, que era el confesor de Cortés y Bernal Díaz del Castillo, que era el soldado de Cortés. Y además los tres intentan quedar bien con la corona y no ser reprendidos por los actos de matanzas, de barbarie que se perpetraron en territorio mesoamericano. Eso por un lado, dos para obtener títulos nobiliarios y tres para cumplir el sueño medieval de los relatos de caballería, del conquistador, el hombre a caballo que enriquece las arcas del rey. Eso nada tiene que ver con “La visión de los vencidos”, de Miguel León Portilla, que es la visión de nosotros, de los indígenas para quienes la llegada de los españoles y esta enorme guerra que se arma por los enemigos de los aztecas eran el crisol de los presagios que se venían dando desde mucho tiempo antes sobre el fin del mundo.

Cuando hablamos de Moctezuma, lo han querido dibujar débil, pero en realidad él tenía una visión mística que contrasta con el personaje principal de la novela, Cuitláhuac, su hermano, que fue ungido como capitán general del imperio azteca y contrastaba con la imagen de sacerdote con la que fue ungido Moctezuma. El giro en la Historia, con mayúsculas, es poner frente a la resistencia indígena a Cuitláhuac, que hubiera sido posible si no se muere de viruela. Si Cuitláhuac hubiera sobrevivido, la conquista y lo que llamamos México hubiera sido completamente distinto, por ahí se va el hilo de esta novela.

VANGUARDIA: En tu trabajo hay mucha investigación historiográfica, ¿cómo fuiste armando la labor que hay detrás de la novela?, ¿cuánto tiempo te llevó?

ON: Le dediqué dos años continuos a revisar todas las fuentes españolas como indígenas hasta decidir dejar de la relectura y la revisión de las fuentes españolas para que la balanza se fuera a las pocas que tenemos, por ejemplo Tezozomoc, “La crónica mexicana”, los textos de los informantes de Sahagún y sobretodo las últimas revisiones científicas que se han hecho sobre Tezcatlipoca y sobre el panteón mexicano. También sobre los nuevos códices, las nuevas tiras que se han encontrado para que pesara más la visión de los vencidos. (...) Mi intención desde el principio fue crear una épica mexicana, en nuestra historia literaria nunca tuvimos una epopeya, a pesar de que venimos de pueblos profundamente guerreros y de una cosmovisión bélica muy importante y de una teología impresionante.

$!Omar Nieto investigó durante dos años para escribir ‘El juego secreto de Moctezuma’.

VANGUARDIA: Con la novela nos propones un ejercicio de imaginación, que implica replantearnos cómo seríamos si las cosas hubieran sido a favor de los aztecas.

ON: Nuestra narrativa es la de los perdedores, somos un pueblo que se ha contado a sí mismo como los eternos vencidos, como el pueblo aplastado y nunca nos hemos planteado cómo tendríamos que ser si nosotros fuéramos los triunfadores, si nos planteáramos eso estaríamos obligados a dejar de ser la víctima eterna y dejar de echarle la culpa a los demás por nuestro destino.

Creo que la novela explora o revisa el que venimos de una raíz poderosa, no solo de la nación mexica, sino de todas las naciones mesoamericanas. Eso hay que dejarlo claro, los aztecas solamente eran un pueblo de otras tribus que eran tan grandes y poderosas como los mixtecos, los zapotecos, los tarascos, los mayas etc. En realidad era un continente indígena compuesto por varias naciones de la cual simplemente los aztecas tenían la hegemonía, pero no lo hemos considerado así. Desde que decimos ‘pueblos indígenas’, como si fuera algo menor, por eso a mí me gusta llamarlas naciones indígenas, tienen su propia lengua, su propia historia, su propia teología, su propia cosmovisión y organización social. Y no solo eso, han sobrevivido al tiempo más de 500 años. Siguen en Yucatán hablando maya y no español, siguen estando los tojolabales en Chiapas, siguen los rarámuris en la sierra de Chihuahua y los yaquis y los mayos decidiendo sobre sus tierras. Siguen hablando náhuatl en la montaña de Guerrero y en la sierra de Puebla. En las mismas delegaciones rurales de la Ciudad de México se sigue hablando náhuatl. Y seguimos comiendo tamales...

VANGUARDIA: Y celebrando con atole...

ON: Claro, comemos tortillas dos veces al día, entonces, en dónde está realmente la conquista. Y no se hable de este retorno a Aztlán donde hay 30 millones de mexicanos viviendo en territorio de Nuevo México, California.

VANGUARDIA: En este sentido me parece de destacar la continuidad que han tenido las naciones indígenas mientras que Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid declara que los españoles trajeron la civilización.

ON: Nadie se los pidió, ni la civilización, ni la religión cristiana. Esta novela plantea qué pasaría si fuera al revés, por eso arranca así con Cuitláhuac en las costas de España aventando los cráneos de Cortés y sus oficiales cubiertos de oro, el oro que tanto deseaban y con un símbolo indígena muy importante, cubriendo con el cuero -la piel- de Hernán Cortés, que era un rito del dios Xipetotec. ¿Qué pasaría? Tendríamos pirámides en Madrid, en lugar de catedrales, habría templos a Tezcatlipoca.

VANGUARDIA: El ejercicio de imaginación es muy interesante.

ON: Al menos en la ficción es posible.

VANGUARDIA: Es una de las ventajas que da la literatura.

ON: Creo que esto es bien importante que entendamos que en la literatura el hubiera sí existe y esa era la idea, llevarla hasta las últimas consecuencias, sin concesiones.

VANGUARDIA: Si te pido que describas tu ucronía con tres adjetivos, ¿cuáles serían?

ON: Distópica, aventurada quisiera decir mejor arriesgada, literariamente hablando y necesaria. Era necesario que en la literatura tomáramos una revancha desde el poder de la ficción.

VANGUARDIA. ¿Quién te gustaría que leyera tu novela?

ON: Todos menos los historiadores. Me encantaría que la leyeran los españoles para saber por fin qué capacidad autocrítica, de revisión histórica y de reconfiguración de su propio imaginario tienen, no al grado que nos pidan perdón, España ni siquiera existía, era el reino de Castilla y León, ellos también estaban en guerra con los moros y los francos. Y México no existía como tal, eran solo los mexicas contra todos los pueblos nahuas y no nahuas, era un estado de guerra. No se puede hablar de perdón porque hace 500 años todos los pueblos estaban en guerra.