Cultura y Pop: Kusama en Colonia

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/ 9 abril 2026

Su obra es autobiográfica, psicológica, y está llena de color y motivos sexuales. Kusama misma es bastante colorida

Llega uno en tren a Colonia, sale de su gigantesca estación y se topa de frente con la célebre Catedral sobreviviente del bombardeo aliado. Pero si en lugar de entrar ahí camina unos pasitos más, llega al Museo Ludwig.

Este museo, que de por sí tiene una colección permanente bastante potente, está teniendo estos meses un exitazo con su exhibición temporal de la obra de la artista japonesa Yayoi Kusama.

Antes del sábado, yo había escuchado de ella de la misma manera que probablemente usted ha escuchado: como “la artista de los lunares”, uno de los motivos que definen su obra.

Kusama responde a varios de los clichés que nuestra cultura pop atribuye a los artistas.

Su familia era conservadora. Empezó a dibujar de pequeña —y a tener alucinaciones que usaba en su obra—. No terminó la escuela de arte. Se mudó a Nueva York siguiendo su vocación artística. Ahí se involucró en manifestaciones contra la guerra del momento y pintó lunares en cuerpos desnudos de hippies. Sufría depresiones. Volvió a Japón, donde empezó a escribir poemas y novelas atormentadas. Tuvo una crisis nerviosa. Intentó suicidarse y terminó por mudarse a un hospital psiquiátrico, donde (de acuerdo con su leyenda) vive desde 1977.

Su obra es autobiográfica, psicológica y está llena de color y motivos sexuales. Kusama misma es bastante colorida. Entre una y otra cosa, Instagram la adora, así que nunca había sido tan popular y conocida.

Del otro lado, muchos críticos consideran que su obra es vacía, carente de profundidad, destinada a fomentar selfies, similar a la decoración que vende Ikea y deseosa de crear escándalo para promocionarse.

Pero como yo nunca había visto nada de ella, la exhibición del Ludwig me pareció remarcable: comprende más de trescientas obras, que cubren desde sus primeras piezas hasta obras hechas específicamente para esta exhibición.

Cuando va a un museo, mucha gente suele rascarse la cabeza y, después de un rato, hacerse la pregunta del millón: “Pero, ¿esto es arte?”

Ir a un museo para preguntarse eso es una pérdida de tiempo.

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A un museo se va para conocer la experiencia de un ser humano que ha vivido una vida diferente a la común, porque está convencida de que el arte nos muestra que hay algo más detrás de lo aparente.

En este sentido, la obra de Kusama puede gustar más o menos; pero verla y mirar cómo otras personas reaccionan a ella resulta fascinante.

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Doctor en Literatura por la Universidad de Salamanca. Vive en Europa desde el 2000, donde ha viajado extensamente. Ha sido guionista y locutor de radio, y escritor de libros, museos, arte, viajes, conciertos, y películas. Actualmente es profesor en la Universidad de Ciencias Aplicadas Zuyd en Maastricht (Países Bajos), donde imparte clases de Lengua y Cultura Española, Comunicación Intercultural, Presentation Skills y Storytelling. En sus noches libres cocina para rockeros y poperos en la sala de conciertos Muziekgieterij.

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