Juan Rodrigo Llaguno: el arte de quien descifra rostros
Juan Rodrigo Llaguno, considerado uno de los retratistas más icónicos del norte de México, entiende el retrato como un encuentro. Como un acto consciente donde la mirada, el tiempo y la presencia revelan algo que va más allá de la imagen
Durante más de tres décadas, Juan Rodrigo Llaguno ha construido una mirada que no distingue jerarquías. Frente a su cámara, una figura como Octavio Paz y una familia tradicional comparten el mismo punto de partida: el retrato como encuentro.
“Es igual de importante retratar a un Octavio Paz, un Vargas Llosa que a una familia”, comparte Llaguno. Lo que le interesa no es el contexto, sino lo que ocurre cuando alguien acepta ser visto.
El fotógrafo, nacido en Francia pero con una obra desarrollada principalmente en San Pedro Garza García, Nuevo León, estuvo en la capital coahuilense hace unos días, en colaboración con la productora Gaby Torres, para retratar familias con la clara intención de que cada una conserve un documento impreso de su historia actual.
EL ACTO DE MIRAR
Para Llaguno, el retrato no es casual. Es un acuerdo entre dos personas.
“El acto del retrato es que tú estás consciente de que estás en una fotografía... va a haber una transformación”, explica con detenimiento. Ese momento, breve pero cargado de temporalidad y expresiones, es el que busca. Trabaja con pocas imágenes, sin prisa y analizando con minuciosidad. “Tomo como seis fotos... con eso tengo para descifrar a una persona”.
Antes de disparar, observa. Pregunta, investiga, conversa. La cámara llega después, como un remate.
“Para mí es mucho más importante la persona que la fotografía”, dice Llaguno. Y en ese intercambio, también se observa a sí mismo. “Es una búsqueda de quién soy a través de ver otras personas”, reflexiona.
El retrato, entonces, no es solo imagen. Es relación y profundidad en el tiempo de la imagen.
En un entorno donde las fotografías se producen y se consumen rápido, la apuesta de Llaguno va en sentido contrario.
“El retrato tiene que alentarse... más observación”. Por eso convierte cada sesión en un proceso y en una experiencia. Muestra su trabajo, marca el ritmo, prepara el momento. “Es un rito”, comenta el fotógrafo.
Durante su visita a Saltillo, a la entrada del espacio que funcionó como estudio colocó mesas con parte de su obra. Quienes acudían podían ver el tipo de retrato que realiza y entender que su trabajo no se trata de una foto más, sino de un registro pensado para perdurar.
CUERPO Y PERMANENCIA
Ese tiempo también se refleja en lo que busca capturar. Su mirada ha cambiado, hoy abre más el encuadre y deja que el cuerpo hable.
“Después del rostro, las manos son lo más importante”, revela Llaguno. En los gestos, en la postura, encuentra información que antes no veía. “Hace 20 años descubría un 50 por ciento de la persona. Ahorita un 80 o 90 por ciento”.
No es solo experiencia. Es también una forma más afinada de leer al personaje.
Y cada retrato sigue siendo incierto. “Cada persona es un universo... cada sesión es una aventura”. La garantía e intención están en la permanencia de la imagen, en la pausa del tiempo, y claro, en su resultado final.
Por eso insiste en el objeto físico. “No me interesa que termine en digital... es un documento”, señala. Pero la impresión, firmada, es la forma en que el retrato se queda en la vida de quien fue retratado.
El retratista Juan Rodrigo Llaguno no persigue una imagen inmediata ni complaciente. Busca algo que resista. Algo que, con el tiempo, se entienda.
CONTACTO
Para próximas sesiones en Saltillo
IG: @gabytorrescastilla
Mail: gabytorres@mac.com