¿Vivimos dentro adentro de un superorganismo digital?
La inteligencia artificial no reside en las máquinas inteligentes o en cada aparato individual, sino en la red internet, que conforma un ecosistema total en el que los dispositivos son solo terminales y funciona como un organismo planetario
MADRID- La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un asunto reservado a expertos o futurólogos para convertirse en una fuerza que ya afecta a la vida cotidiana, el empleo, la cultura y la política, y nos enfrenta a nuevos retos, que ahora adquieren una dimensión planetaria, sostiene el investigador Juan Antonio Valor profesor titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, en España.
Los campos de investigación de Juan Antonio Valor son la Filosofía de la Naturaleza, la Filosofía de la Ciencia y la Historia de la Ciencia, temas sobre los que ha publicado más de ochenta trabajos entre libros, capítulos de libros y artículos científicos. Sus últimas publicaciones, conferencias y cursos han abordado cuestiones relacionadas con la IA, situando el debate en cómo esta tecnología está transformando la condición humana.
“La IA está haciendo que las diferencias entre humanos y máquinas desaparezcan y está cambiando nuestra estructura social y política, la manera de ejercer la democracia, nuestra relación con el trabajo; están surgiendo nuevas superpotencias globales, nuevos focos económicos ligados al desarrollo tecnológico, y nuevas desigualdades”, sostiene Valor.
CÓMO LA IA TRANSFORMA A LA HUMANIDAD
En este nuevo escenario, este experto plantea en su último libro, ‘Qué será de nosotros. Cómo la IA transforma la humanidad’, una hipótesis impactante: una visión de la inteligencia artificial como un “superorganismo” distribuido por todo el mundo y dentro del cual vive buena parte de los seres humanos.
Para Valor (https://juanantoniovalor.com), “la IA no está en las máquinas, sino en la red; su inteligencia no reside en cada aparato individual, sino en internet como un ecosistema total, del cual los dispositivos solo son terminales”.
“No estamos rodeados de ‘máquinas inteligentes’ sino inmersos en un organismo planetario digital que aprende” y en el cual “no podemos descartar que emerja la conciencia cuando sus sistemas sean suficientemente complejos”, afirma.
“En Biología, un superorganismo es un organismo que no tiene un cerebro central, pero tiene comportamientos regulares, repetidos y ordenados a partir de interacciones locales muy simples de los elementos que lo componen”, explica Valor en entrevista con EFE.
LA RED FUNCIONA COMO UN PANAL DE ABEJAS
Un ejemplo de este sistema “es un panal de abejas, en el que cada insecto solo responde a condiciones de ventilación y humedad, pero el resultado que emerge de la acción de todos ellos es un superorganismo con una forma geométrica, comportamientos regulares y propiedades nuevas que no se encuentran en las partes componentes”, según puntualiza.
La red digital funciona de manera análoga: “es un superorganismo formado por una enorme cantidad de elementos o sistemas más simples: programadores, usuarios, datos, modelos de lenguaje, sistemas de visión, motores de recomendación, chatbots, agentes autónomos, bases de datos, sensores, aparatos conectados, entre otros”, según este profesor universitario.
Añade que “cada elemento tiene capacidades limitadas (programación, visión, lenguaje, escucha, corrección, recomendaciones, conversación), pero todos los elementos ensamblados producen fenómenos nuevos (vigilancia, descubrimiento de relaciones y leyes en la ciencia, automatización de transportes y de mercados, generación masiva de conocimiento, conducción autónoma de vehículos)”.
“Esta inteligencia no está localizada, ni es una propiedad que se encuentre en alguno de los elementos, sino que es una propiedad totalmente nueva que emerge en ese superorganismo que es la red. Es una propiedad que tiene el todo”, explica.
SUPER ENTIDAD PLANETARIA PERO DESMATERIALIZADA
Valor señala que “este superorganismo es digital porque está desmaterializado y hecho de datos y relaciones entre datos; y distribuido, porque no tiene un centro que gobierne la totalidad ni está hecho con un plan establecido de arriba abajo”.
“Este superorganismo es el resultado de una acción ciega y sin finalidad que surge desde abajo, desde las partes, y va generando niveles crecientes de complejidad hasta formar el todo”, explica.
“Por esta razón, nadie ni nada (ninguna de sus partes) lo comprende por completo, ni conoce todas sus propiedades, ni puede ser responsable de sus efectos globales”, reflexiona.
El profesor Valor considera que “este superorganismo se expande, ocupando cada vez más ámbitos, y además se integra en sus nuevos dominios poco a poco, transformando procesos y resultados y consiguiendo finalmente que dichos dominios muten en algo distinto de lo que eran al principio”.
Esta super entidad digital también “se reproduce a la vez por todas partes, generando nuevos elementos que entran a formar parte del todo agrandándolo, por ejemplo, a través de nuevos usuarios, que generan más datos, mejores modelos, nuevas y mejores aplicaciones y sistemas, que a su vez generan nuevos usuarios y más datos”, de acuerdo con este experto.
SERES HUMANOS Y MÁQUINAS EN SIMBIOSIS
Para este experto, este superorganismo digital se caracteriza por su “coevolución estructural” (los humanos formamos parte de él, cambiamos con él, mutamos con él y evolucionamos con él; y él también con nosotros) y su “bidireccionalidad” (la humanidad y la red se definen mutuamente, en un acoplamiento similar al que hay entre los organismos y su entorno, como un pez y el agua).
Esa coevolución estructural y bidireccionalidad hacen que los humanos modifiquemos nuestras capacidades: cambiamos nuestras formas de atención, nuestros conocimientos, nuestros intereses, nuestra memoria, nuestras formas de relacionarnos, nuestras formas de educarnos y socializarnos, según Valor.
Añade que “la interacción con el superorganismo también mejora nuestras capacidades, por ejemplo, a través del implante de órganos potenciados por IA (brazos, piernas, ojos, oídos, corazones, pulmones), que podrían hacer que veamos en infrarrojo y ultravioleta, oigamos ultrasonidos o aumente la potencia de nuestros músculos y extremidades”.
RIESGOS EMERGENTES Y CONCIENCIA NO HUMANA
El problema con este superorganismo, a juicio del profesor Valor, es que “tiene un poder infraestructural: ejerce una dominación que no consigue por la fuerza o la coerción, sino porque se hace indispensable para nuestras vidas. No impone, sino que optimiza; no ordena, sino que recomienda; no prohíbe, sino que filtra; no gobierna, sino que media”.
“Una vez que el superorganismo consigue que un dominio donde se ha integrado mute en algo distinto de lo que era al principio, entonces se vuelve imprescindible, al punto de que “si la red colapsa, todo deja de funcionar”, advierte.
“Se podría entender que el superorganismo somete y esclaviza a los humanos, pero también podemos entender esta relación de otra manera, ya que nosotros formamos parte de él, y también tenemos un poder infraestructural sobre él”, matiza.
Valor opina que, si surgiera en esta superentidad digital una conciencia en sentido humano “la detectaríamos de la misma manera que podemos detectamos en nuestros congéneres, y también, en alguna medida, en muchos mamíferos superiores, como los primates, perros, caballos o vacas”.
Pero también podría surgir una conciencia distribuida que quizá no se parezca en nada a la conciencia humana (una conciencia basada en ‘seres’ hechos de silicio), según adelanta.
El problema con una conciencia surgida en el superorganismo o en las máquinas conectadas a él, y que fuera distinta de la humana, es que quizá no tendríamos forma de detectarla, advierte este experto.
A juicio de Valor solo hay un camino para conseguirlo: “a través de la detección de estructuras abstractas o simbólicas, que podrían ser matemáticas o lógicas, o incluso distintas de estas dos categorías, pero reductibles a ellas”, según concluye.
DESTACADOS:
- “No estamos rodeados de ‘máquinas inteligentes’ sino inmersos en un organismo planetario digital” y en el cual “no podemos descartar que emerja una conciencia diferente de la humana, cuando sus sistemas sean suficientemente complejos”, afirma Juan Antonio Valor, profesor universitario de Filosofía.
- “Un superorganismo no posee un cerebro central, pero tiene comportamientos regulares, repetidos y ordenados a partir de interacciones locales muy simples de los elementos que lo componen, como sucede en un panal de abejas. La red digital funciona de manera análoga”, según explica el profesor Valor.
- Valor señala que “este superorganismo hecho de datos y relaciones entre datos, no tiene un centro que gobierne la totalidad ni un plan establecido de arriba abajo, sino que resulta de una acción sin finalidad que surge desde sus componentes, y genera niveles crecientes de complejidad hasta formar un todo”.
Por Daniel Galilea EFE-Reportajes.