Cuando la semana es un lunes interminable en la oficina
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Para algunas personas el primer día de la semana parece inacabable debido a la sensación subjetiva de que las horas pasan lentamente en medio de la insatisfacción
Algunas de las ideas que defiende y propuestas que ofrece Vicente Ferrio, ingeniero, instructor y comunicador, formado en liderazgo y gestión en las universidades estadounidenses de Columbia y Harvard, se diferencian de la sabiduría convencional y los postulados usuales en materia de satisfacción laboral.
“El trabajo ideal no existe, pero sí que puedes labrarte una identidad profesional sólida, la cual incluye saber quién eres más allá de tu puesto”, señala este experto en transformación profesional. Para Ferrio “no hay un trabajo sin problemas, pero en cambio puedes construir una carrera que encaje contigo, y alternativas sólidas para tu vida y tu trabajo”.
Asimismo, considera que “la seguridad laboral es un mito, proponiendo en su lugar una seguridad profesional, que puede construirse, realizando un viaje interior y profesional en el que dejes de buscar fuera lo que ya tienes dentro [...] Cuando sientes que tu vida se reduce a un puesto, es hora de actuar”, enfatiza.
Tras dos décadas dirigiendo proyectos internacionales, Ferrio se dedica ahora a indagar en el fenómeno humano, el sentido del trabajo, los cambios de carrera y la iniciativa emprendedora como claves para desarrollar nuestro talento y ponerlo al servicio de la sociedad, enfoque que analiza en su blog y su libro ‘Soy más que mi trabajo’.
Ferrio sostiene que el verdadero origen de nuestra infelicidad o insatisfacción laborales “no es que nuestro trabajo no sea perfecto, sino que hemos aprendido a medir nuestro valor en función de él hasta el punto de sentir que nuestra vida se reduce a un puesto en una empresa, organización o actividad profesional”.
SOMOS MUCHO MÁS QUE NUESTRO TRABAJO
“Vivimos atrapados en la idea de que nuestro valor depende de lo que hacemos profesionalmente, lo cual es una trampa, porque sin darnos cuenta, convertimos nuestro empleo en el centro de nuestra identidad, hipotecando nuestra felicidad presente a la espera de un futuro reconocimiento o éxito laboral”, advierte.
Añade que este enfoque conduce a la insatisfacción laboral crónica, una de cuyas manifestaciones más habituales es el ‘síndrome del lunes eterno’: “esa sensación de que no solo odias los lunes, sino que has dejado de ser dueño de tu tiempo y de tu vida entre semana”, tal y como lo describe Ferrio.
“Seguro que alguna vez te levantaste un lunes con una sensación parecida a la resaca, pero sin haber probado alcohol. Pensar en tu trabajo te dejó sin energía antes de dejar la cama”, señala. Según algunos especialistas, esa sensación suele producirse porque nuestro trabajo nos resulta manifiestamente insatisfactorio o estresante; no cubre nuestras necesidades; tiene un impacto negativo en nuestra vida; nos sentimos “quemados” en nuestro puesto, el ambiente humano es muy adverso, o la empresa no nos ofrece perspectivas de progreso.
O quizá estemos en una situación laboral precaria e impredecible, y dudemos de nuestra capacidad para salir de ahí. En esos casos “puede haber llegado el momento de buscar otros horizontes laborales y cambiar de trabajo”, según Ferrio. Otras veces, la ‘resaca del lunes’ puede hacer que nos preguntemos ¿por qué siento este vacío si tengo un empleo estable, un sueldo digno o incluso reconocimiento?, y en ese caso, según Ferrio, “para sentirnos realizados no será necesario cambiar de trabajo, sino que deberíamos revisar la forma en que nos vemos a nosotros mismos”.
DISFRUTANDO DE UN TRABAJO ‘IMPERFECTO’
Ferrio considera que “no hace falta que cada lunes sea un festival de entusiasmo, ni que un trabajo sea tu gran vocación o tu misión vital, ni que trabajes en lo tuyo de una forma apasionada, para poder disfrutarlo, y encontrar satisfacción, dignidad, aprendizaje, relaciones valiosas y sentido en lo que haces”.
Basta con que en ese trabajo “haya coherencia, margen de crecimiento, buen ambiente y la sensación de que lo que haces tiene cierto valor. El disfrute no siempre viene de la vocación; muchas veces viene de la actitud, del enfoque y de cómo encaja ese trabajo en tu vida”, recalca.
En todo caso, “la vida no empieza los viernes por la tarde. Empieza cuando decides que cada día merece la pena. No tienes un único propósito, como un trabajo o un puesto. Tienes la capacidad de construir sentido en todo lo que haces”, enfatiza.
“Mucha gente, afectada por el ‘síndrome del lunes eterno’ cree que lo que odia es su trabajo, pero en realidad lo que le pesa es sentir que vive en piloto automático, atrapada en una rutina que le roba energía, presencia y libertad interior”, según este experto.
“El domingo por la tarde se convierte en una pequeña tragedia semanal, no por el calendario, sino porque significa volver a una vida que sienten que no controlas. Su problema no es solo laboral, es también existencial”, enfatiza.
UN PROCESO DE DETERIORO GRADUAL
“Normalmente se entra en el ‘síndrome del lunes eterno’ poco a poco, resignándose con pequeñas dosis de frustración”, explica Ferrio.
“Empiezas aceptando rutinas que no te gustan, vas atrasando decisiones, te vas acostumbrando a vivir con menos ilusión y acabas normalizando el desgaste. En ese proceso también influye mucho el miedo: a perder estabilidad, a equivocarte, a salirte del guion o a decepcionar a los demás”, puntualiza.
“Llega un momento en que descartas la posibilidad de cambiar porque no sabes cómo hacerlo y las circunstancias no ayudan. Ahí es cuando el lunes deja de ser un día y se convierte en un estado de ánimo permanente entre el domingo cuando te acuestas y el viernes cuando sales del trabajo”, enfatiza.
EFECTOS PSICOLÓGICOS Y EMOCIONALES
Señala que el efecto más peligroso de arrastrar el ‘síndrome del lunes eterno’ durante años es que “te vas apagando poco a poco. No siempre hay una gran crisis visible. A veces es un desgaste lento, con cada vez menos energía, menos curiosidad, menos alegría y menos ganas en general”.
“Empiezas a vivir esperando el viernes, el próximo festivo, las vacaciones o cualquier pequeña escapatoria, como si la vida de verdad ocurriera siempre fuera del trabajo”, prosigue explicando.
Explica que “eso va dejando una huella de apatía, frustración, irritabilidad, la famosa ansiedad del domingo por la tarde, sensación de vacío, desconexión contigo mismo e incluso una pérdida de autoestima, porque en el fondo sabes que no tienes el control de tu vida y de tu tiempo”.
“Lo más triste es que, con los años, muchas personas no solo odian los lunes, sino que dejan de creer que merecen algo mejor”, lamenta.
RECUPERAR LA ALEGRÍA DE TRABAJAR Y VIVIR
Lo primero para salir de la zona del ‘síndrome del lunes eterno’ consiste en “dejar de engañarte a ti mismo”, según Ferrio. Este especialista considera que “parar, observarte, tomar conciencia, reconocer y ponerle nombre a lo que te pasa ya es un primer acto de valentía”.
El siguiente paso consiste en dejar de pensar solamente en soluciones imposibles o heroicas y empezar por cambios pequeños pero realistas, de acuerdo con este experto. “A veces no necesitas darle la vuelta a tu vida, sino recuperar un poco de margen de maniobra”, enfatiza.
“Esto puede consistir en reorganizar tu semana, proteger mejor tu tiempo, volver a hacer cosas que te conecten contigo, poner límites, rediseñar hábitos, recuperar conversaciones pendientes, explorar alternativas”, según apunta.
También debes “preguntarte y responderte con honestidad qué parte del problema está en tu trabajo y qué parte está en la relación que has construido con éste”, recomienda.
“La alegría no siempre vuelve de golpe, pero sí que puede volver poco a poco en respuesta a pequeñas decisiones. Muchas veces empieza cuando dejas de sobrevivir en ‘modo automático’ y vuelves a sentir que tu vida también te pertenece de lunes a viernes”, concluye Ferrio.
EFE REPORTAJES | Daniel Galilea