Escuela cerca o escuela ideal, ¿cómo decidir?

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Vida
/ 31 enero 2026

Elegir escuela implica mucho más que distancia o costo: es un equilibrio entre logística, confianza y acompañamiento familiar.

Cuando Eugenio, mi hijo, estaba por salir de sexto de primaria, en casa comenzamos una conversación que seguramente muchos padres reconocen: ¿qué secundaria elegir? Nuestra primera opción era una escuela pública, principalmente por los beneficios que eso implicaba para toda la familia.

Por un lado, el tema económico. El costo sería considerablemente menor, sobre todo en uniformes y cuotas. Por otro, nos parecía una gran oportunidad para que Eugenio aprendiera a ser más independiente y responsable, habilidades que sabíamos serían clave en esta nueva etapa.

Además, había un factor logístico importante. En casa solo tenemos un coche y lo utiliza mi esposo, quien trabaja en una universidad cerca de Arteaga. Por eso, parte de nuestro interés era que Eugenio pudiera trasladarse solo, idealmente caminando, sin depender de transporte escolar o de terceros.

Entre las secundarias públicas cercanas a casa, teníamos dos claras favoritas: la Ricardo Flores Magón y la Margarita Maza de Juárez. Ambas cuentan con buena reputación académica y alta demanda. Como el proceso de asignación obliga a elegir tres opciones, colocamos en primer lugar la Ricardo Flores Magón, en segundo la Secundaria Técnica 4 “Arq. Ismael Ramos” y, en tercero, la Secundaria Técnica 95, ubicada a espaldas de Plaza Patio.

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$!El cambio es una oportunidad para delegar nuevas responsabilidades e impulsar la confianza personal.

Desde el principio fuimos muy conscientes de algo: esa tercera opción no era realmente viable para nosotros. Aunque cumplía con el requisito administrativo, implicaba que Eugenio tuviera que trasladarse en autobús, algo que no iba con nuestra idea inicial de que pudiera moverse caminando.

Y entonces llegó el resultado de las asignaciones. De todas las posibilidades, a Eugenio le tocó precisamente la Secundaria Técnica 95: la única que no queríamos. Ahí fue cuando tuvimos que activar el famoso plan B.

Muy cerca de casa, sobre la calle Abasolo, hay un colegio privado pequeño. Nuestra sobrina cursó ahí la secundaria, así que ya teníamos referencias positivas. Decidimos visitarlo, hablar con el director y, después de la entrevista, apartamos el lugar para Eugenio.

¿Nos preocupaba el cambio de escuela? Muchísimo. Eugenio había estado en la misma institución desde kínder, así que el cambio no era menor. Sin embargo, lo hablamos con él. Le explicamos que esta nueva etapa también era una oportunidad para crecer, para asumir responsabilidades y ganar confianza.

Por primera vez le dimos un juego de llaves de la casa y le compramos un celular, con la instrucción clara de que debía avisar siempre al llegar. Era un pequeño acto de confianza... y también de aprendizaje para todos.

¿El resultado? Ha sido, en general, muy positivo. Claro que ha habido tropiezos: un par de veces olvidó las llaves dentro de la casa y tuve que regresar de la Redacción para ayudarlo. ¿Se le olvida reportarse cuando llega? Sí, con bastante frecuencia. Pero tanto su papá como yo le llamamos o le escribimos, y pronto reacciona.

Eso sí, cuando se reporta, lo hace con mensajes breves y directos: “Mamá, ya llegué, ya estoy en casa”. Y punto. No esperen un relato detallado de su día, ni reflexiones profundas sobre la escuela. A esta edad, la comunicación suele ser práctica y concreta... y también eso forma parte del proceso.

Hoy, viendo hacia atrás, entiendo que elegir entre una escuela cercana o una escuela ideal no siempre es una decisión perfecta. A veces toca ajustar expectativas, replantear planes y confiar en que, con acompañamiento, nuestros hijos sabrán adaptarse. No existe una fórmula única, pero sí una certeza: más allá del plantel, lo que realmente marca la diferencia es el seguimiento, la comunicación y la confianza que construimos en casa.

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Editora y reportera con más de 20 años de trayectoria en medios impresos y digitales, particularmente en el ámbito cultural. Actual editora de la revista social Saltillo360 de VANGUARDIA MX. Obtuvo un Premio Estatal de Periodismo en Crónica Cultural. Egresada de la primera generación de la Licenciatura en Estudios Humanísticos y Sociales de la Universidad de Monterrey.

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