La fatiga no es lo que crees: el error de confundir energía con ‘quemar calorías’

La fatiga no es lo que crees: el error de confundir energía con ‘quemar calorías’

+ Seguir en Seguir en Google

Una mirada desde la fisiología moderna y el modelo matemático de Mader desmitifica la fatiga muscular: la falta de energía no se debe al agotamiento del ATP ni a un ‘tanque vacío’, sino a la pérdida de capacidad termodinámica del sistema para utilizarlo

Vida
/
COMPARTIR

Hay una escena que se repite en el consultorio, en el gimnasio, en la oficina: alguien siente que ‘ya no puede más’. Las piernas pesan, la respiración se acelera, la mente se nubla. La explicación popular es inmediata: ‘se me acabó la energía’. Como si el cuerpo fuera un tanque de gasolina que se vacía; como si bastara con ‘comer más’ o ‘tomar un suplemento’ para recargarlo.

La ciencia, sin embargo, lleva décadas diciendo algo distinto. Y un artículo publicado en septiembre de 2026 en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), firmado por Jeffrey A. Rothschild, Anna Katharina Dunst, Jessie Axsom, Henning Wackerhage y Hermann Heck, lo confirma con una claridad que debería cambiar nuestra forma de entender el cansancio.

El hallazgo central es incómodo: la fatiga muscular NO es porque se agote el ATP (adenosín trifosfato), la molécula que llamamos ‘energía’ en las células. En condiciones de fatiga extrema, el ATP se mantiene prácticamente constante. Lo que se agota es otra cosa: la fosfocreatina (PCr), y con ella, la capacidad termodinámica de la célula para seguir usando ese ATP.

EL MITO DEL TANQUE DE GASOLINA

Imaginemos una fábrica. El ATP es la electricidad que mueve las máquinas. La PCr es la batería de respaldo que mantiene la electricidad fluyendo cuando la demanda aumenta de golpe. El ΔGATP —la energía libre de Gibbs— es la presión de esa electricidad: no basta con que haya corriente, tiene que haber suficiente ‘empuje’ para que las máquinas funcionen.

Cuando entrenas intensamente, tu cuerpo no se queda sin ATP. Lo que ocurre es que la PCr se agota y, con ella, la presión termodinámica cae. El ATP sigue ahí, pero ya no tiene la fuerza suficiente para mover la maquinaria contráctil. Es como tener gasolina en el tanque, pero sin bomba que la impulse al motor.

El artículo lo describe con precisión: “Aunque el ATP es la fuente inmediata de energía para la contracción, su concentración citosólica permanece relativamente estable incluso durante el ejercicio exhaustivo. En contraste, la PCr, que amortigua el ATP mediante la reacción de la creatina quinasa, declina rápidamente con el aumento de la intensidad y ha emergido como un correlato clave de la fatiga”.

La fatiga, entonces, no es falta de combustible; es pérdida de capacidad para usar ese combustible.

EL ERROR DE HIPERVENTILAR: MÁS OXÍGENO NO ES MÁS ENERGÍA

Hay una segunda confusión igual de frecuente: creer que respirar más profundo, más rápido, ‘cargar los pulmones de oxígeno’, nos dará más energía. La lógica parece impecable: si el oxígeno es el combustible último de la respiración celular, entonces más oxígeno = más energía.

Pero la fisiología no funciona así. Para que el oxígeno llegue a las células, necesita un ‘transportador’ en la sangre: la hemoglobina. Y para que la hemoglobina libere el oxígeno en los tejidos, necesita un ambiente ácido, con suficiente dióxido de carbono (CO2). Si hiperventilas, eliminas CO2 en exceso, la sangre se alcaliniza y la hemoglobina se aferra al oxígeno con más fuerza. Resultado: más oxígeno en los pulmones, pero menos oxígeno entregado a las células.

Es la paradoja del buceo libre, del yoga mal practicado, de la ansiedad que nos hace respirar de más cuando más necesitamos calma. No es cuánto oxígeno entra, sino cuánto se usa.

LA LECCIÓN DEL MODELO DE MADER

El artículo que hoy comentamos tiene un valor extraordinario porque rescata un modelo matemático desarrollado hace más de 40 años por el científico alemán Alois Mader: un sistema de 33 ecuaciones diferenciales acopladas que describe cómo el músculo regula su energía durante el ejercicio. Durante décadas, este modelo estuvo relegado porque sus publicaciones clave estaban en alemán y su implementación era cerrada. Hoy, gracias al trabajo de Rothschild y colaboradores, está disponible como software de código abierto (open-source): Metabolism.

Lo que este modelo demuestra es que basta un número pequeño de bucles de retroalimentación —la creatina quinasa, la glucólisis, la fosforilación oxidativa, reguladas por ADP, AMP y pH— para reproducir diez fenómenos clásicos del metabolismo del ejercicio. Entre ellos:

* Que el ATP no baja en la fatiga.

* Que el pH sube transitoriamente al inicio del ejercicio (alcalinización).

* Que el glucógeno determina el umbral de lactato.

* Que la oxidación de grasa tiene forma de U invertida.

* Que el VO₂ tiene un componente lento en intensidades altas.

* Que la PCr se agota de forma consistente en la fatiga.

Todos estos fenómenos emergen del mismo sistema de ecuaciones, sin necesidad de añadir mecanismos ad hoc. Es una lección de elegancia científica: la complejidad del cuerpo no requiere infinitas reglas, sino unas cuantas bien acopladas.

LA PERCEPCIÓN DE ENERGÍA: UNA CUESTIÓN DE SISTEMA, NO DE MOLÉCULAS

Aquí llegamos al punto que más me interesa como clínico. Cuando un paciente me dice ‘me siento sin energía’, no está describiendo una deficiencia de ATP; está describiendo una percepción sistémica. Esa percepción emerge de la interacción entre:

* La disponibilidad de PCr (reserva inmediata).

* La capacidad oxidativa (VO₂max).

* La capacidad glucolítica (vLamax).

* El estado del microbioma.

* El eje hormonal (cortisol, insulina, tiroides).

* El sueño, el estrés, la inflamación.

* Y, por supuesto, la calidad de la alimentación.

Reducir la fatiga a ‘falta de calorías’ o ‘falta de ATP’ es como reducir una sinfonía a una sola nota. La energía no es una molécula: es un estado del sistema.

El artículo lo dice con claridad: el modelo de Mader es “mecanicista, con ecuaciones diseñadas para representar regulación metabólica causal”. Y añade: “Estos hallazgos sugieren que incluso un modelo mecanicista simplificado puede capturar interacciones clave entre los sistemas energéticos humanos”.

IMPLICACIONES PRÁCTICAS PARA LA VIDA DIARIA

¿Qué significa todo esto para quien no es fisiólogo ni científico?

1. Deja de obsesionarte con las calorías: El cuerpo no es una contabilidad lineal. Es un sistema dinámico donde la calidad de la energía importa tanto como la cantidad.

2. La fatiga no se resuelve ‘comiendo más’: Se resuelve restaurando la capacidad del sistema: dormir bien, moverte con regularidad, alimentarte con comida real, manejar el estrés y cuidar tu microbioma.

3. Hiperventilar no te da energía: Respirar profundo y lento, con atención, sí. Porque permite que el CO2 regule la liberación de oxígeno en los tejidos.

4. La intensidad define el combustible: No quemas grasa todo el tiempo; tu cuerpo cambia de sustrato según la demanda. La oxidación de grasa tiene forma de U invertida: sube con la intensidad moderada y baja con la alta.

5. La recuperación es parte del entrenamiento: El artículo demuestra que la recuperación activa (moverse suave después de entrenar) limpia el lactato más rápido que el reposo pasivo. Porque el lactato no es un desecho: es un combustible que se oxida.

UNA NUEVA NARRATIVA PARA LA SALUD

Vivimos en una era de información abundante y comprensión escasa. Sabemos más que nunca sobre moléculas, genes y vías metabólicas, pero seguimos aferrados a metáforas simplistas: el cuerpo como máquina, la energía como gasolina, la fatiga como tanque vacío.

La ciencia nos invita a una narrativa más rica. El cuerpo no es una máquina; es un sistema termodinámico. La energía no es una sustancia; es una relación. La fatiga no es un déficit; es una señal de desregulación.

Entender esto no es un lujo intelectual; es una necesidad práctica. Porque mientras sigamos tratando el cansancio como falta de gasolina, seguiremos buscando soluciones en el lugar equivocado: más suplementos, más cafeína, más azúcar, más estimulantes. Y seguiremos ignorando lo que realmente importa: restaurar la capacidad del sistema para usar la energía que ya tiene.

El modelo de Mader, rescatado del olvido por un equipo internacional de investigadores, nos ofrece algo más que ecuaciones. Nos ofrece una metáfora mejor: una que honra la complejidad del cuerpo sin renunciar a la claridad, una que nos invita a dejar de contar calorías y empezar a cuidar sistemas.

Porque la fatiga, como la salud, no es un número: es una historia. Y merece ser contada con precisión.

Egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León de la licenciatura en Nutrición con especialidad en Salud Cuántica. Da clases en la UANE de Nutrición y tiene una sección en el programa Ser Humano de Televisa Saltillo llamada “Vida Nueva”, en donde comparte el entendimiento de la Nutrición Cuántica con la audiencia. Además, da cursos, talleres y conferencias en universidades y para el sector privado.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM