Inundaciones en Saltillo: un parche, sobre otro parche, sobre otro parche...

Inundaciones en Saltillo: un parche, sobre otro parche, sobre otro parche...

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Las lluvias de junio volvieron a exhibir las inundaciones en Saltillo: autos arrastrados, vialidades rebasadas y agua acumulada en el Centro Histórico. Bajo el pavimento renovado, la ciudad conserva una red de arroyos y cauces que ningún parche ha logrado borrar. Para el arranque de julio se pronostican más aguaceros. ¿Qué nos espera?

Saltillo
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En la esquina de Hidalgo y Aldama, cuando la lluvia cesó, el agua seguía ahí. Cubría parte del crucero, se extendía sobre el piso recién renovado del Centro Histórico de Saltillo y los vehículos la atravesaban y levantaban olas contra las banquetas.

En el centro de la escena había un parche de asfalto negro, irregular, colocado sobre un pavimento diseñado para simular otra época. El remiendo ocupaba el sitio donde durante años estuvo visible una pieza rectangular hundida.

$!Con todo y lluvia se aprecia el recarpeteo.

Una imagen de Google Street View tomada en 2009 muestra esa estructura, rodeada por una fractura en el suelo. En los registros posteriores fueron apareciendo hierbas, nuevos desniveles y reparaciones acumuladas.

$!En esa misma esquina en 2009 y 2014 se aprecia una alcantarilla y daño a su alrededor.

El punto sobrevivió a varias administraciones municipales, a los programas de bacheo y, finalmente, a una costosa renovación del primer cuadro de la ciudad.

En enero de 2026, el hundimiento todavía sacudía los vehículos que pasaban. La pieza rectangular podría corresponder a un registro o a un elemento del sistema de desagüe, con al menos 17 años de antigüedad documentada.

El periodo documentado de ese hundimiento coincidió con algunos de los años más lluviosos del registro reciente. Después de la imagen de 2009 llegaron 2010, 2014 y 2018, años en los que el Observatorio Meteorológico acumuló más de 700 milímetros de lluvia.

Meses después, la abertura desapareció bajo una capa de asfalto que ahora corta el diseño del piso.

Pero durante las lluvias de junio, el agua volvió a concentrarse exactamente ahí. Las fotografías permiten seguir la transformación del sitio: primero una estructura hundida, luego fracturas y maleza, después parches, y al final una superficie cerrada que quedó de nuevo bajo el agua.

El caso de Hidalgo y Aldama resume un problema urbano de mayor escala.

Saltillo ha invertido alrededor de 52 millones de pesos en los últimos años para renovar superficie, mobiliario urbano y banquetas del Centro Histórico, si se consideran Paseo Capital, el presupuesto propio de Distrito Centro y la rehabilitación anunciada en abril de 2026. Pero conserva dudas básicas sobre el funcionamiento de algunas salidas de agua.

https://vanguardia.com.mx/opinion/saltillo-drenaje-pluvial-cuando-se-convertira-en-prioridad-MB21754967

A pocas cuadras de ese parche, las imágenes de la misma tormenta mostraron corrientes bajando por Hidalgo y Allende, alrededor de la Plaza de Armas.

$!Las lluvias de junio de 2026 inundaron la ciudad. El Centro en particular, se vio afectado en los cruces peatonales.

También ocurrió así en Xicoténcatl frente a comercios del primer cuadro y, sobre todo, en Pérez Treviño.

El agua ocupó pasos peatonales, avanzó junto a las cunetas y formó remolinos sobre las partes más deterioradas del pavimento.

$!Las esquinas de als calles se llenaron de charcos, poniendo en riesgo a las personas.

Cuando las entradas pluviales resultan escasas, están obstruidas o desaparecen bajo una reparación, la calle recibe el agua. Carriles, cruceros y banquetas forman entonces un sistema provisional que la conduce hacia la parte más baja.

El agua ocupó pasos peatonales, avanzó junto a las cunetas y formó remolinos sobre las partes más deterioradas del pavimento.

En algunas calles del centro, el agua seguía circulando después de la tormenta. En otras quedó retenida en depresiones y esquinas donde se acumularon agua, lodo y residuos.

El agua tampoco ocupa un espacio neutral. La Guía de diseño de infraestructura peatonal elaborada por el IMPLAN retomó un estudio de movilidad de 2014 según el cual alrededor del 57% de los viajes en Saltillo incluían algún tramo a pie.

Poco más de la mitad de los recorridos peatonales correspondía al estrato socioeconómico bajo y otro 38% al medio bajo.

Una rampa anegada, una línea táctil interrumpida o una banqueta convertida en cauce afecta primero a quienes dependen de caminar y del transporte público, además de adultos mayores, personas con discapacidad y quienes empujan una carriola. En Hidalgo y Aldama, el problema hidráulico también es un problema de accesibilidad.

$!Inundaciones en Saltillo: un parche, sobre otro parche, sobre otro parche...

El historial municipal muestra que el primer cuadro ya había pasado por varias reparaciones antes de Paseo Capital. En 2018 se contrató la restauración de calles del centro mediante banquetas, cordón cuneta y bacheo con concreto hidráulico en Obregón y Purcell.

En 2019, el contrato PMS-OP-0055/19 registró la reparación del pavimento de Juan Aldama entre Cuauhtémoc e Hidalgo. En 2020, mediante el contrato PMS-OP-0021/20, se volvió a intervenir exactamente ese tramo. La esquina investigada pertenece a un corredor reparado por administraciones sucesivas, mientras los desniveles y la concentración del agua permanecieron.

La intervención más visible de los últimos años fue Paseo Capital. El proyecto comenzó a anunciarse a finales de 2022 —con una inversión inicial proyectada de 40 millones de pesos— y transformó durante 2023 varias calles del corazón de la ciudad: tramos de Juárez, Victoria, Padre Flores, Ocampo y Abbott.

El área total de trabajo abarcó unos 5 mil 630 metros cuadrados, de los cuales aproximadamente 4 mil 850 recibieron piso rústico. También se colocaron bancas, jardineras, árboles, luminarias, rampas, líneas táctiles y semáforos con señales auditivas. La obra se inauguró el 20 de septiembre de 2023.

El Gobierno municipal informó de una inversión final de 35.7 millones de pesos.

Sin embargo, una investigación construida mediante solicitudes de transparencia por el colectivo Transporte Digno Saltillo calculó al menos 41.4 millones al sumar contratos complementarios relacionados con andadores, equipamiento, alumbrado, semaforización, instalaciones eléctricas, tuberías, telefonía y una escultura.

La obra también llegó con retrasos: las áreas peatonales debían concluir el 25 de julio, pero la construcción se extendió casi un 50% más allá del plazo contractual.

Las críticas durante la construcción fueron múltiples. Comerciantes y peatones señalaron desniveles y acabados irregulares. Un arquitecto que participó en el proyecto denunció daños al sótano de ladrillo del Teatro García Carrillo, en Juan Aldama entre Padre Flores y Abbott.

Se habló de que el nivel del pavimento en la calle Juárez había sido elevado unos 40 centímetros respecto a la Catedral, prácticamente enterrando su base. Las autoridades respondieron que los trabajos estaban en proceso y serían corregidos antes de la entrega.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/lluvias-ponen-a-prueba-obras-viales-y-reaparecen-danos-en-saltillo-KO21581139

Después llegó Distrito Centro, una estrategia para ampliar la renovación física y administrativa del primer cuadro. El programa fue presentado en 2025 con objetivos que incluían mejorar banquetas, retirar cableado, recuperar viviendas desocupadas, intervenir fachadas y fortalecer la seguridad y la actividad comercial.

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La Dirección de Distrito Centro ejerció durante ese año cerca de 5.5 millones de pesos de presupuesto propio, sin contar los recursos aplicados por otras áreas municipales en obras, servicios, turismo y cultura.

El 28 de abril de 2026 comenzó otro programa de rehabilitación. El municipio anunció 5.3 millones de pesos para renovar banquetas y colocar 50 recipientes para basura. Una parte del proyecto contemplaba alrededor de mil 200 metros cuadrados de concreto estampado sobre Hidalgo, desde Escobedo hasta Aldama, es decir, hasta la intersección donde la estructura hundida llevaba documentada desde 2009.

La renovación llegó hasta ahí. La estructura dejó de ser visible. El agua volvió a concentrarse en la esquina como una laguna a la espera de evaporarse.

LA CIUDAD QUE NACIÓ ENTRE ACEQUIAS

Para entender por qué el agua regresa siempre a los mismos puntos, hace falta remontarse varios siglos. Saltillo se fundó en un valle de pendientes, ojos de agua y escurrimientos.

Sus primeros habitantes dependieron de acequias que llevaban el líquido hacia fuentes, viviendas y huertas. Los cauces sirvieron además para ordenar el territorio: marcaron límites, facilitaron cultivos y condicionaron la ubicación de calles y propiedades.

Documentos históricos del Archivo Municipal de Saltillo localizan conflictos por el paso del agua desde comienzos del siglo XVIII. En 1722, las autoridades emitieron disposiciones contra quienes abrían zanjas o desviaban corrientes hacia sus huertas.

$!Recreación.

Las aguas atravesaban las vías públicas, erosionaban el terreno y formaban barrancas que impedían el tránsito. Se ordenó reparar y emparejar los caminos. También se prohibió crear nuevos cauces sobre las calles.

En 1740, un grupo de vecinos pidió construir una presa para contener las avenidas que inundaban los caminos. La solicitud muestra una población ya entonces expuesta a descensos rápidos desde las partes altas del valle. Un litigio de 1760 registró una “mexicanada”: una pared había sido agujerada para permitir la salida del agua acumulada y enviarla hacia el terreno vecino. Se “echaron la bolita”.

La apertura resolvía el problema de una propiedad y lo depositaba en la siguiente. Esa disputa reaparecería durante los siglos posteriores con acequias, puentes, canales, muros y fraccionamientos.

La noche del 24 de enero de 1813, un documento describió un fenómeno al que llamó huracán. El término pudo haber designado entonces una tempestad de viento y lluvia. Según la recopilación histórica, la humedad reblandeció los muros de adobe de una vivienda.

Una pared cayó y sepultó a una familia. Este episodio revela la fragilidad de las construcciones levantadas cerca de los pasos del agua, en un contexto en que el adobe ofrecía protección en el clima seco, pero podía perder resistencia después de una exposición prolongada a la humedad. La ciudad dependía del agua y sufría sus excesos.

La actual calle Allende tuvo durante siglos un nombre asociado con las crecidas: la “Calle del Reventón”. Por ahí descendía el agua desde la Mesa de Arizpe y el barrio del Ojo de Agua. La inclinación del terreno aumentaba la velocidad y hacía que la corriente se saliera de su curso durante los temporales.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/saltillo-deja-temporada-de-lluvias-beneficios-pero-tambien-crecen-20-las-fallas-en-el-drenaje-BB21755411

La acequia que recorría ese trazo también funcionó como línea divisoria entre la Villa de Santiago del Saltillo —habitada principalmente por españoles— y el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, establecido por familias tlaxcaltecas que cultivaban huertas y desarrollaron su propio sistema de distribución del agua.

En 1851, vecinos solicitaron al Ayuntamiento que la acequia fuera tapiada o secada porque la fuerza de la corriente dañaba sus propiedades. Dos años después, habitantes vinculados con las huertas pidieron mantener abierto el paso del agua por el callejón de la Cárcel, hoy Ocampo.

Las dos peticiones expresaban intereses enfrentados. Para los propietarios afectados por los desbordamientos, el cauce suponía un riesgo. Para los agricultores de San Esteban, sostenía la cosecha y la vida cotidiana. La administración debía decidir qué viviendas proteger, qué cultivos conservar y por dónde conducir una corriente que ya formaba parte de la estructura urbana.

Por otra parte, el arroyo La Tórtola aparece con frecuencia en los registros municipales del siglo XX. En 1908 causó daños en caminos y derribó puentes durante una avenida. Durante la década de 1920 comenzaron obras para canalizarlo con piedra y mezcla.

La intervención buscaba contener un cauce que ya atravesaba zonas cada vez más ocupadas. En 1924, ciudadanos pedían modificar un desagüe que se mezclaba con el agua potable y favorecía la propagación de enfermedades. Las zanjas obstruidas, las obras inconclusas y la mala canalización bajo algunos puentes producían zonas pantanosas.

En 1925, varios propietarios solicitaron desviar las aguas del llamado arroyo de la Muerte hacia el arroyo de San Lorenzo. Sus fincas sufrían inundaciones recurrentes. Ese mismo año, los locatarios del Mercado Juárez pedían reparaciones para impedir que el agua siguiera entrando al lugar.

En 1931, las autoridades tuvieron que reabrir antiguos puentes en Álvarez y Obregón porque las estructuras habían servido para conducir la lluvia y, después de ser cerradas, comenzaron a provocar encharcamientos. El antecedente guarda una relación directa con la discusión actual sobre Hidalgo y Aldama: el cierre de un paso hidráulico puede nivelar una superficie, pero el volumen que llegaba a ese punto busca otra salida.

La historia de los recintos culturales también conserva rastros de las inundaciones. Una corriente entró al Teatro Apolo, situado en General Cepeda y Pérez Treviño, y destruyó el edificio. El Cine Royal, en la calle Juárez, sufrió en 1978 el colapso parcial de su estructura —algunas versiones lo atribuyen a un aguacero— y el edificio quedó abandonado hasta su desaparición.

La lluvia volvió a producir una tragedia en septiembre de 1988 cuando el huracán Gilberto cortó la carretera 57 en el tramo de Los Chorros y arrastró una ambulancia de la Cruz Roja que trasladaba a una mujer: murieron el paramédico Miguel Ángel Gaytán Medina y la paciente.

EL MITO DE LA CIUDAD SECA

Saltillo no es una ciudad sin lluvia. El Observatorio Meteorológico, ubicado a 2 mil 030 metros sobre el nivel del mar, acumula en promedio alrededor de 460 milímetros anuales, una cifra cercana a los 451 milímetros referidos por el IMPLAN para la ciudad y superior a la media regional de 380 milímetros usada para el sistema Saltillo-Ramos Arizpe-Arteaga en los estudios del arroyo El Cuatro.

Ese documento técnico situaba 1988 como el año más lluvioso de la serie comprendida entre 1970 y 2002, con 542 milímetros registrados. El dato sigue siendo útil para entender el impacto del huracán Gilberto en la documentación de la época, pero ya no basta para describir la serie reciente. Los registros mensuales del Observatorio muestran que 2010, 2014 y 2018 superaron ampliamente esa referencia, con acumulados anuales por encima de los 700 milímetros.

Los mismos registros mensuales muestran además cómo una porción considerable de la lluvia puede concentrarse en pocas semanas: julio de 2025 acumuló 330.4 milímetros, el mes más lluvioso documentado en la historia moderna del Observatorio. Antes de ese registro, julio de 2010 había llegado a 292.8 milímetros, septiembre de 2018 a 290.4 y julio de 2003 a 287.4. Junio superó los 200 milímetros en 1993 y volvió a hacerlo en 2018.

El clima semiseco convive con episodios capaces de descargar sobre la ciudad, en un solo mes, buena parte del promedio anual.

El contraste con el promedio estatal vuelve más engañoso el mito. En 2025, Coahuila acumuló 219 milímetros, uno de sus años más secos dentro de la serie nacional disponible. Ese mismo julio, Saltillo recibió 330.4 milímetros en un solo mes. La ciudad puede estar bajo agua mientras el estado aparece en sequía.

La imagen de Saltillo como una ciudad sin agua se sostiene durante los meses en que los cauces permanecen secos.

El calentamiento local agrega otra condición a la ecuación. Los datos anuales del Observatorio muestran que la temperatura máxima media pasó de alrededor de 24 grados en los años ochenta a 27.3 grados en el periodo 2020-2024, con un máximo de 28.9 grados en 2022. Suelos más calientes y periodos secos prolongados pueden reducir la infiltración; cuando llega el aguacero, más agua queda en superficie y busca las pendientes urbanas.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/propone-diputada-obligar-a-municipios-a-prevenir-inundaciones-antes-de-las-lluvias-PL21801284

Un inventario geográfico municipal contiene 54 registros de corrientes. Cincuenta y tres tienen nombre. Treinta y cuatro están clasificados como intermitentes, 18 aparecen bajo la categoría de “flujo virtual”, uno como “en operación” y otro como perenne. En la lista figuran El Cuatro, La Encantada, San Lorenzo, Los Mimbres, De Flores, De Ceballos y Del Pueblo. La red permanece sobre los mapas incluso cuando el paisaje cotidiano deja de verla.

ZAPALINAMÉ, BENDICIÓN Y CONDENA

Para comprender la escala del problema hace falta mirar la ciudad desde arriba, o más exactamente, desde la sierra. Una visualización tridimensional difundida por el arquitecto Diego de León muestra la Sierra de Zapalinamé surcada por trazos que descienden por las laderas, se reúnen en las cañadas y continúan hacia la mancha urbana.

El cerro Los Colmillos alcanza 3 mil 220 metros sobre el nivel del mar; Santa Rosa llega a 3 mil 100; La Encantada y el Cañón de San Lorenzo rondan los 3 mil metros. Desde esas alturas, el agua baja hacia la zona urbana con poco tiempo entre la precipitación y el aumento del caudal.

El proyecto para canalizar el arroyo El Cuatro describe la región sureste como un sistema que abarca 663 kilómetros cuadrados e incluye las zonas urbanas de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga.

El arroyo El Pueblo, conocido en algunos tramos como La Encantada, es el colector principal: recorre cerca de 58 kilómetros, desciende 621 metros y drena toda la cuenca regional. Entre sus afluentes están Agua de las Mulas, Santiago y De Flores por la margen izquierda; San Lorenzo, Espinos, Morillo, Landín y Ceballos por la derecha. El Ceballos destaca por superficie: su cuenca cubre 235 kilómetros cuadrados, alrededor del 35.5% de la región estudiada.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/descarta-saltillo-ampliar-red-de-semaforos-pluviales-priorizara-obras-hidraulicas-OP21599160

Los arroyos La Tórtola, El Cuatro y el Ceballos pertenecen a una estructura común. El agua cruza varios sectores y cambia de nombre conforme recibe afluentes o entra en una canalización.

El sistema general de drenaje pluvial de Saltillo se apoya en tuberías construidas para captar escurrimientos y en arroyos que han sido modificados para funcionar como colectores. El Pueblo y Ceballos funcionan como colectores principales. Ojitos, La Tórtola, Charquillo y El Cuatro aparecen como secundarios vinculados con el Ceballos.

La red necesita que cada tramo conserve su capacidad; los sedimentos, los residuos y las invasiones de los márgenes pueden alterar el comportamiento del agua en toda la cuenca.

LA INEVITABLE NECESIDAD DE EXPANDIRSE

El crecimiento urbano es inseparable de la historia de las inundaciones. El proyecto del arroyo El Cuatro relaciona explícitamente el riesgo con la industrialización: la demanda de vivienda llevó a ocupar terrenos poco propicios, entre ellos las zonas de protección situadas en las márgenes de los arroyos.

La población conjunta de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga pasó de 226 mil 23 habitantes en 1970 a 637 mil 273 en 2000, y los estudios estimaban que podía superar el millón en las dos décadas siguientes. La sustitución de pastizales y terrenos agrícolas por calles, techos y estacionamientos altera la respuesta de la cuenca: el agua encuentra menos superficies donde infiltrarse y alcanza con mayor rapidez los puntos de descarga.

Un diagnóstico del Instituto Municipal de Planeación señaló en 2026 que alrededor del 87% del riesgo de inundación en Saltillo estaba relacionado con intervenciones humanas: desviaciones de cauces, asentamientos sobre arroyos y eliminación de recorridos naturales. Entre los casos mencionados estaba el cauce de La Cieneguita, eliminado en el sector de Real del Sol; El Mimbre, desviado durante la construcción de Sendero Sur —lo que habría aumentado la fuerza del agua en dirección a Parques de la Cañada—; y un cauce desaparecido en Antonio Narro y Pablo de Mejía para dar espacio al estacionamiento de la Clínica 73 del IMSS.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/lluvias-dejan-saldo-blanco-en-saltillo-registran-inundaciones-vehiculos-varados-y-afectaciones-menores-BF21537372

Cubrir un arroyo con concreto puede liberar terreno para una vialidad o una construcción. También concentra el flujo dentro de una sección fija que deja poco margen cuando el volumen rebasa el cálculo. Desviar un cauce cambia las velocidades, los puntos de erosión y los lugares donde termina acumulándose el agua.

La organización ciudadana AGUA A.C. —Asociación Grupal Unidos por el Agua, formada por vecinos de 14 sectores de la ciudad— denuncia que algunos desarrollos inmobiliarios han modificado cauces naturales sin las obras pluviales compensatorias necesarias, y que el costo de esas decisiones lo pagan los vecinos y el municipio en cada temporada de lluvias.

El riesgo ya no aparece como un problema aislado de unas cuantas colonias. En 2025, reportes municipales dieron cuenta de alrededor de 6 mil notificaciones de riesgo en 155 colonias. La escala del aviso convierte la inundación en una condición reconocida por la propia administración municipal.

Una política distinta tendría que reservar espacio para el agua antes de que llegue a las vialidades. Las zonas de infiltración, los parques lineales, los corredores biológicos, las superficies permeables y los vasos de retención pueden disminuir la velocidad de los escurrimientos y repartir su volumen.

En el Centro Histórico, esa misma lógica exige conocer la función de cada registro, rejilla y pendiente antes de cubrirlos con una nueva capa de pavimento. La obra pluvial comienza en la sierra y continúa en la esquina más pequeña.

$!En muchas partes de la ciudad, las inundaciones provocan alerta por el deficiente sistema pluvial.

La tarde del sábado 20 de junio de 2026, la lluvia activó operativos municipales y estatales en distintos sectores de Saltillo. El alcalde Javier Díaz González realizó una transmisión en vivo desde el bulevar Luis Donaldo Colosio, el punto con mayor acumulación de agua, y explicó que la afectación se había intensificado por el arrastre de piedras, tierra y lodo provenientes del oriente.

El antecedente reciente de Hanna, en julio de 2020, dejó 245 reportes de viviendas inundadas y una declaratoria de emergencia para Saltillo y Arteaga. La comparación no sustituye el dato puntual que aún falta para junio de 2026 —cuántos milímetros cayeron y en cuántas horas—, pero muestra que la ciudad viene acumulando eventos de daño en ciclos cada vez más cercanos.

Las autoridades cerraron el cruce de Colosio con Célestin Freinet y el de Musa de León con Los Silleres. Protección Civil atendió a una persona en Virreyes Obrera después de que el agua entrara en su vivienda. Hasta las 16:30 horas se habían contabilizado alrededor de 20 vehículos remolcados en Fundadores, Musa de León y Colosio.

Los operativos también dejaron ver que las obras preventivas realizadas previamente en los arroyos El Cuatro y Ceballos, a la altura del bulevar Los Pastores, contribuyeron a evitar inundaciones de mayor magnitud. El crucero de Colosio con Célestin Freinet fue reabierto a la circulación alrededor de las 18:00 horas, luego de los trabajos de limpieza.

$!Al norte, este cruce lleva décadas inundándose. Las autoridades, además de cerrar el paso, han tenido que rescatar personas de sus automóviles.

Las imágenes compartidas desde el arroyo Ceballos mostraron un caudal abundante y una carga visible de basura: residuos tirados en las calles, lotes, márgenes y tiraderos clandestinos que terminaron en puentes y secciones donde pueden reducir la capacidad de descarga.

El Gobierno informó que no hubo muertes ni personas lesionadas. El balance incluyó daños materiales, casas con ingreso de agua, vialidades cerradas y vehículos inmovilizados. Las redes sociales respondieron con enojo. Algunas publicaciones culparon a las autoridades, otras a la falta de mantenimiento y otras al crecimiento de los fraccionamientos del norte.

$!Se han colocado semáforos pluviales que indican si el cruce es seguro o no, aunque los ciudadanos no los toman muy en cuenta.

La expresión “zona nice” apareció en varios mensajes para describir los sectores residenciales inundados, introduciendo una crítica sobre el precio de la vivienda, las promesas de exclusividad y la infraestructura entregada a quienes compraron allí.

ESPACIOS ‘VIRALES’

En uno de esos fraccionamientos surgió un responsable concreto. Los vecinos llamaron “casa tapón” a una construcción situada cerca de la salida del agua, acusándola de impedir el flujo y provocar que el nivel subiera.

Ante ello, el estudio de Juve 3D Studio, elaborado por el arquitecto Diego de León, presentó una simulación hidrológica que siguió el recorrido del agua durante cerca de 24 kilómetros antes de llegar al fraccionamiento, y calculó que la corriente principal pasaría por un costado de la construcción, no a través de ella. Para una precipitación típica de 15 minutos, el estudio calculó un tirante de 27 centímetros que se mantendría durante una hora.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/saltillo-yo-no-puse-el-arroyo-ahi-dice-juve-3d-estudio-que-su-construccion-no-causa-inundaciones-GB16601564

En un escenario torrencial de tres horas, el agua alcanzaría 2.56 metros y se extendería sobre el fraccionamiento y las áreas vecinas.

El salto entre ambos resultados señala el umbral donde el sistema pierde capacidad y el agua ocupa nuevas superficies.

El estudio también atribuye parte del problema a la acumulación de sedimentos a lo largo del recorrido y a la basura que bloquea la salida natural. Cuando la obstrucción cede, el agua y los materiales avanzan con mayor fuerza.

$!Inundaciones en Saltillo: un parche, sobre otro parche, sobre otro parche...

El caso ilustra la dificultad de asignar una causa única a una inundación. Una construcción puede influir de forma local, mientras la profundidad final depende del agua reunida en una cuenca de varios kilómetros.

LOS ESTUDIOS QUE ESPERAN CONVERTIRSE EN OBRAS

El proyecto de canalización del arroyo El Cuatro lleva años en un limbo de autorizaciones, terrenos y presupuestos. La actualización de la Manifestación de Impacto Ambiental fue ingresada ante la Semarnat en junio de 2025, pero la obra sigue pendiente de autorizaciones para su ejecución.

El alcalde Javier Díaz González informó en junio de 2026 que la liberación de los predios necesarios registraba un avance de entre 70 y 75% con los seis propietarios principales ubicados entre el bulevar Musa de León y el arroyo Ceballos, y que el expediente técnico sería enviado a la Conagua con miras a licitar la obra durante el segundo semestre del año y ejecutarla en un plazo de dos años. Si ese calendario se cumple, la solución llegaría hacia 2028 o 2029, después de nuevas temporadas de lluvia.

$!Inundaciones en Saltillo: un parche, sobre otro parche, sobre otro parche...

La asociación ciudadana AGUA A.C., que agrupa a vecinos de 14 sectores desde el norte hasta el sur de la ciudad, señala que lleva siete años de reuniones con las autoridades sin resultados concretos.

La primera reunión sobre esta emergencia pluvial ocurrió con el entonces alcalde Manolo Jiménez, hoy gobernador de Coahuila. La crítica más grave de la asociación señala que se han autorizado desarrollos como Karena sin un manejo correcto del drenaje pluvial, impermeabilizando suelo que antes absorbía el agua y utilizando las vialidades públicas como canales de desagüe.

Las primeras páginas del proyecto de canalización de El Cuatro incluyen fotografías de vialidades problemáticas: la entrada del arroyo Blanco en el bulevar Colosio, el puente sobre Colosio, el agua en Musa de León, el fraccionamiento Country Club y afectaciones en Villas del Nogalar, Los González y Los Silleres.

Esos mismos puntos figuran en los reportes de las lluvias de junio de 2026. La coincidencia entre los sitios fotografiados como antecedentes del proyecto y los reportados en la actualidad obliga a una pregunta: ¿en qué momento los estudios dejan de ser diagnósticos y se convierten en obras?

Allende ya no se llama “Calle del Reventón”. Pero el agua todavía recuerda el nombre. La acequia que separaba la Villa de Santiago y San Esteban perdió su forma visible entre tubos, pavimentos y construcciones. La Tórtola fue canalizada.

El Cuatro recibió proyectos de gran escala que siguen sin ejecutarse. El Ceballos atraviesa la ciudad llevando agua, sedimentos y basura hacia cauces mayores. Colosio, Musa de León, Los González y Los Silleres aparecen en documentos de hace décadas y vuelven a figurar en los reportes de junio de 2026.

En el Centro Histórico, las corrientes recorren pisos colocados para devolverle una apariencia antigua a la ciudad. El agua se detiene junto a un parche de asfalto negro que cubre el sitio donde durante años estuvo hundida una estructura. Cada capa del pavimento pertenece a una intervención diferente. Debajo se conservan los desniveles que ordenan el movimiento del agua desde tiempos coloniales.

Los documentos históricos y los estudios modernos describen el mismo recorrido con lenguajes distintos. Los expedientes antiguos hablan de avenidas, acequias, barrancas y disputas entre vecinos por el paso del agua.

Los informes técnicos calculan cuencas, caudales, periodos de retorno, tirantes y velocidades mediante estaciones meteorológicas y series de varias décadas. A través de esas palabras aparece la misma ciudad esperando la lluvia.

Saltillo ha dedicado siglos a conducir esa agua. También ha cerrado pasos, cubierto cauces y construido en sus márgenes. Ha invertido decenas de millones en pisos decorativos, luminarias, bolardos y jardineras, mientras los colectores pluviales esperan presupuesto, terrenos y voluntad política.

Los datos nuevos no contradicen la historia; la hacen más grave: en el mismo periodo en que la ciudad vive años cada vez más calientes, también registra lluvias más concentradas. La tormenta de junio volvió a poner cada una de esas decisiones sobre la superficie.

En Hidalgo y Aldama, el agua rodeó el parche oscuro y permaneció ahí a la espera de algún camión que la salpique contra la pared o sobre algún peatón. Hoy la ciudad ha parchado diversos baches, pero las lagunas aparecen después de la lluvia.

Y esas lagunas harán otro bache que habrá que ocultar bajo otra capa de asfalto, que con el tiempo se convertirá en otro bache.

¿Será que en Saltillo siempre permanecerá la idea de sólo remendar la ciudad? ¿De poner un parche sobre parche, sobre parche hasta ser un sarape capiroteado de gobiernos anteriores, administraciones recientes y remiendos sucesivos?

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Carlos Eduardo Martínez Mirón (1992), editor y escritor con experiencia en diversos medios informativos, colaborando en las secciones de negocios, tecnología, internacional, entre otros. Ha trabajado como corrector y coeditor en proyectos editoriales tanto científicos como culturales, además de publicar obra propia y colaborar como ghost writter en títulos a nivel nacional.

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