La Batalla de la Angostura, 1847: la tragedia y las preguntas sin respuesta
El 23 de febrero de 1847, el ejército mexicano llevaba doce horas ganando terreno en la batalla de La Angostura. A las seis de la tarde paró la lluvia. A las ocho de la noche, Santa Anna ordenó retirarse
Historiadores mexicanos y estadounidenses han contado esta batalla como si fueran dos sucesos completamente distintos. Empezando por el nombre: para los mexicanos es la Batalla de la Angostura; para los estadounidenses, la Battle of Buena Vista. Las versiones difieren no solo en los detalles sino en la interpretación de cada decisión, cada omisión y cada resultado.
Ante esa disparidad, busqué el punto de vista de alguien que ha dedicado años a estudiar el tema desde el lugar donde ocurrió: el Lic. Mauricio González Puente, presidente del Patronato del Museo de la Batalla de la Angostura, A.C. Su testimonio ayuda a clarificar algunas de las preguntas que los documentos de la época dejaron sin respuesta.
UN PAÍS ATACADO POR VARIOS FRENTES
A principios de 1847, el norte de México era un territorio en disputa. La guerra contra Estados Unidos, iniciada en 1846, ponía al país en una posición cada vez más comprometida. Santa Anna controlaba el ejército más numeroso que México había logrado reunir en mucho tiempo: 25,000 hombres concentrados en San Luis Potosí. Sobre papel, la situación favorecía a México. Pero González Puente pone esa ventaja en perspectiva:
“El país estaba siendo atacado por varios frentes: desde el norte, desde el Golfo y también en California. Los estadounidenses estaban mejor preparados, con mayor tecnología y recursos, mientras que los mexicanos combatían con armamento obsoleto, pero con gran valentía.”
¿POR QUÉ SANTA ANNA MARCHÓ HACIA EL NORTE?
Todos los periódicos publicaban la misma noticia: una flota estadounidense de más de ochenta buques se preparaba para atacar Veracruz. La lógica indicaba que Santa Anna debía mover sus fuerzas hacia el este. Eligió lo contrario. Para González Puente, esa sigue siendo una de las grandes incógnitas: “Santa Anna tenía información sobre movimientos en Veracruz e incluso sobre posibles deserciones de soldados irlandeses, pero aun así decidió avanzar al norte.”
Lo que los documentos de época agregan es que Santa Anna tenía información aún más precisa: el 13 de enero, un teniente llamado Richey fue emboscado y asesinado mientras llevaba correspondencia del general Scott a Taylor. Sus papeles, incluyendo los planes completos del desembarco en Veracruz, fueron enviados a Santa Anna. Sabía exactamente lo que el enemigo planeaba y aun así marchó al norte, convencido de que miles de soldados irlandeses desertarían en el momento del combate. El informe conocido como Rápida ojeada sobre la campaña de Coahuila señala que esa información no confirmada le hizo “olvidar los peligros de la capital y descuidar los acopios de víveres.”
González Puente ofrece una explicación adicional sobre su regreso del exilio: “Llegó a México con un salvoconducto otorgado por el comodoro Connor, quien comandaba la flota norteamericana en el Golfo. Para entonces, las tropas estadounidenses ya habían triunfado en Palo Alto y tomado Monterrey. Probablemente esa fue la razón por la cual decidió enfrentarlas en Saltillo.”
EL DESGASTE ANTES DEL COMBATE
Salieron de San Luis Potosí 21,340 hombres y 34 piezas de artillería, marchando sin sistema de abastecimiento establecido hacia territorio ya despojado de recursos por el ejército estadounidense. El desgaste comenzó antes de llegar al enemigo. Para el 20 de febrero, cuando Santa Anna pasó revista en la hacienda de La Encarnación de Guzmán, la fuerza presente se había reducido a 14,048 hombres. Habían perdido más de 7,000 efectivos sin disparar un solo tiro.
Del otro lado, el panorama también era difícil. El general Scott había retirado de Taylor casi todos sus soldados regulares para el desembarco en Veracruz. Taylor quedó con apenas 1,000 regulares y alrededor de 6,000 voluntarios, en su mayoría sin experiencia de combate, para enfrentar a más de 20,000 mexicanos.
LA ELECCIÓN DEL CAMINO DIRECTO
Al llegar a la Sierra Madre, el ejército mexicano tenía varias opciones de paso. Una de ellas permitía rodear al enemigo y atacarlo por la espalda. Santa Anna eligió el camino directo: una marcha de cerca de 60 kilómetros sin agua, hacia las posiciones enemigas en Agua Nueva. Taylor, al enterarse de que la caballería mexicana estaba en su retaguardia, abandonó Agua Nueva y se replegó a La Angostura, un desfiladero estrecho que el general John E. Wool había identificado semanas antes como el punto ideal para enfrentar un ejército grande con uno pequeño. La Rápida ojeada lo anota sin ambigüedad: “La suerte, mejor que el arte del general Santa Anna, había salvado al ejército mexicano de una ruina casi segura.”
LA BATALLA DEL 23 DE FEBRERO
El 22 de febrero, Santa Anna exigió la rendición de Taylor, advirtiéndole que sería “pasado a cuchillo”. Taylor respondió que no se rendía. Esa tarde regresó a Saltillo llevándose a sus únicos veteranos, unos 547 hombres, y dejó a Wool con alrededor de 3,016 voluntarios sin experiencia bajo fuego.
La batalla comenzó el 23 de febrero a las seis de la mañana. El ataque frontal sobre La Angostura fue detenido rápidamente por la artillería americana. En el campo de batalla, dos columnas mexicanas lograron forzar el flanco izquierdo enemigo. El teniente O’Brien resistió con tres piezas de artillería hasta quedar sin hombres ni caballos; tuvo que dejar un cañón al enemigo. En ese momento, el Batallón de San Patricio, desertores del ejército estadounidense, avanzó con una batería pesada que barrió el campo de extremo a extremo. Era el instante decisivo.
Sobre la pregunta de dónde estaba Santa Anna en esos momentos críticos, González Puente es categórico: “Santa Anna sí participó activamente en la batalla. Desde el día anterior tenía instalada su carpa donde se reunía con su estado mayor. Durante el combate, incluso le mataron su caballo. A pesar de tener una pierna amputada, tomó el caballo de un soldado y continuó recorriendo el campo, dando órdenes y arengando a las tropas. Existen testimonios que confirman su presencia y su participación directa en los dos días de combate.”
¿Por qué entonces no se comprometieron las reservas cuando el campo estaba abierto? González Puente reconoce que la pregunta no tiene respuesta fácil: “Algunas posiciones eran prácticamente inexpugnables, lo que limitaba ciertos movimientos. Además, durante la noche del 22, Taylor reorganizó sus fuerzas y colocó su artillería en puntos clave, lo que cambió el equilibrio del combate. En retrospectiva, muchos historiadores consideran que, de haberse utilizado las reservas en ese momento, el resultado podría haber sido distinto. Sin embargo, es difícil juzgar con certeza las decisiones tomadas en el campo de batalla.”
Taylor regresó de Saltillo a las once de la mañana. Se apostó en un punto visible y ordenó al capitán Bragg aguantar en sus cañones. Bragg disparó a cincuenta pasos del enemigo hasta detener la carga de los reservas mexicanos. Cuando estos comenzaron a retroceder, llegaron refuerzos americanos por los flancos y la columna cedió.
Sobre la bandera blanca que según algunas versiones apareció en ese instante, González Puente ofrece una aclaración importante: “No hay evidencia de que se haya izado una bandera blanca como tal. Lo que sí ocurrió fue que, durante la batalla, hubo al menos tres intentos de parlamentar entre enviados de Santa Anna y de Taylor, buscando la rendición de las fuerzas norteamericanas. No se llegó a ningún acuerdo.”
LA RETIRADA Y SUS RAZONES
Al amanecer del 24, el ejército mexicano había desaparecido. González Puente explica la lógica detrás de la decisión:
“El general Winfield Scott ya estaba desembarcando tropas en Veracruz y bombardeando la zona. Además, en la Ciudad de México se registraban conflictos internos. Santa Anna y su estado mayor consideraron que las tropas norteamericanas no avanzarían más allá de Saltillo hacia el sur, y que lo más conveniente era reorganizarse para enfrentar a Scott, como sucedería en Cerro Gordo.”
El argumento de los víveres, en cambio, no se sostiene. La Rápida ojeada lo desmonta con precisión: el 21 de febrero se habían repartido raciones para cuatro días; había 5,000 fanegas de maíz a dos jornadas de marcha; esa misma noche llegó un convoy con cincuenta cargas de arroz; y reses llevadas por habitantes de la zona para abastecer al ejército tuvieron que regresar sin entregar su carga.
Las consecuencias fueron devastadoras. González Puente no minimiza la tragedia:
“La situación fue sumamente difícil. Durante la retirada hubo deserciones, enfermedades y falta de recursos. Muchos soldados murieron en el trayecto. De los aproximadamente 12,000 soldados mexicanos que participaron en el combate, solo unos 4,000 lograron regresar en condiciones extremadamente precarias. Fue una experiencia muy dolorosa y trágica.”
Del lado americano: 272 muertos, 388 heridos, 6 desaparecidos. Veracruz cayó el 29 de marzo de 1847. El camino hacia la Ciudad de México quedó abierto.
LO QUE DEJÓ LA BATALLA
El valor de los soldados mexicanos era innegable. González Puente lo subraya: “Aunque se ha considerado esta batalla como un empate técnico, el ejército mexicano demostró una estrategia que incluso hoy es estudiada en academias militares como West Point.” Pero el ejército que salió con más de 21,000 hombres regresó sin haber tomado ningún objetivo.
Lo que sí quedó fue algo más duradero:
“En ese momento, México aún no tenía plenamente consolidado un sentimiento nacionalista. A partir de estas experiencias surge con más fuerza la idea de nación e identidad. Fue una guerra provocada por el expansionismo estadounidense bajo la idea del Destino Manifiesto. Los soldados mexicanos, muchos sin entrenamiento adecuado y con armas obsoletas, combatieron con gran valor.”
El informe de la Rápida ojeada cerró con una exigencia que el tiempo no resolvió: que un juicio determinara si Santa Anna fue “criminal o inepto.” El juicio nunca se celebró. La pregunta sigue abierta.
UN RECONOCIMIENTO
Este texto no habría sido posible sin la generosidad del Lic. Mauricio González Puente, quien dedicó su tiempo a compartir el conocimiento acumulado tras años de trabajo en torno a esta historia. Un agradecimiento sincero también a todos los integrantes del Patronato y personal del Museo de la Batalla de la Angostura, A.C., que día a día preservan la memoria de quienes combatieron en ese desfiladero: los objetos recuperados del campo de batalla, los uniformes, los documentos, la tumba del soldado desconocido y el muro de honor donde perduran los nombres de los generales que estuvieron ahí. sobre todo, al desconocido. Su labor es, en el fondo, un acto de justicia hacia los héroes anónimos que la historia oficial nunca nombra.
Fuentes para la realización de ese relato:
G. A. y N. Rápida ojeada sobre la campaña que hizo el Sr. General Santa Anna en el estado de Coahuila el mes de febrero próximo pasado. México: Imprenta de Torres en el ex-convento del Espíritu Santo, 1847. https://hdl.handle.net/2027/nyp.33433115687554
Hammond, Marcus Claudius Marcellus. Battle of Buena Vista. Charleston, S.C.: Walker & James, 1851. https://hdl.handle.net/2027/uc2.ark:/13960/t15m62h14
Kettell & Moore. A Sketch of the Life and Public Services of Maj. Gen. John E. Wool. New York, 1851. https://hdl.handle.net/2027/uc2.ark:/13960/t4dn40b24
Alcaraz, Ramón (ed.) et al. Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos. México: Tipografía de Manuel Payno (hijo), 1848. https://www.loc.gov/item/05023338/
Santa Anna, Antonio López de. Mi historia militar y política, 1810–1874. Memorias inéditas. México, 1905. https://archive.org/details/mihistoriamilit00annagoog
González Puente, Mauricio, presidente del Patronato del Museo de la Batalla de la Angostura, A.C. Entrevista personal por Ariel Gutiérrez realizada el 8 de mayo de 2026, Saltillo, Coahuila.