Uniformes, memoria y narrativa: el Super Bowl también se juega con los ojos
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Patriots y Seahawks eligen uniformes cargados de historia: Nueva Inglaterra apela al blanco que le ha dado títulos y dominio, mientras Seattle vuelve al navy-on-navy del recuerdo más doloroso
El Super Bowl no solo se define por esquemas defensivos o decisiones en cuarta oportunidad. También se construye desde la narrativa, y pocas cosas la activan tanto como los uniformes. Patriots de blanco total. Seahawks de azul marino profundo. No es casualidad estética: es memoria, estadística y, en cierta medida, provocación.
Nueva Inglaterra llega vestida como le gusta ganar. El blanco total ha sido, esta temporada, sinónimo de perfección (5-0) y, en la historia grande, de títulos imborrables. El “28-3”, la intercepción de Malcolm Butler, el Super Bowl defensivo ante los Rams: todos ocurrieron bajo esa paleta limpia, casi quirúrgica. No es magia, pero sí identidad. El mensaje es claro: así hemos sido letales antes.
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Seattle, en cambio, hace algo más interesante —y arriesgado—: vuelve voluntariamente al uniforme del trauma. El navy-on-navy que usan es el mismo del Super Bowl XLIX, el de la jugada que aún persigue a la franquicia. Y aun así lo eligen. No como nostalgia, sino como desafío. Este equipo está invicto con ese uniforme en la temporada y parece decir: no huimos de la historia, la enfrentamos.
Las cifras globales favorecen al blanco en el Super Bowl, y de forma contundente. Pero los números no juegan el partido. Lo que sí juegan es el relato: Patriots apostando por la continuidad ganadora; Seahawks por la revancha simbólica.
Será un Super Bowl entre colores opuestos, sí. Pero sobre todo entre formas distintas de relacionarse con el pasado. Y en un escenario donde cada detalle importa, incluso la tela puede pesar.