‘Los Castro tienen que irse’: muchos cubanos de Miami temen que Trump se quede corto

‘Los Castro tienen que irse’: muchos cubanos de Miami temen que Trump se quede corto

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En Florida, algunos partidarios del presidente que han dedicado su vida a la causa de una Cuba libre temen que las conversaciones entre Washington y La Habana no conduzcan a una transformación política total

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/ 18 marzo 2026
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FLORIDA- El músico Willy Chirino estaba cantando una canción de protesta en una gala organizada por abogados cubanoestadounidenses en Miami el mes pasado, cuando el invitado especial del evento se le unió en el escenario. Mike Hammer, jefe de la embajada estadounidense en La Habana, se contoneó mientras Chirino se llevaba el micrófono a los labios a fin de poder corear el estribillo con la estridente multitud.

“¡Que se vayan ya!”, cantaban. En esta ciudad, todo el mundo sabía que al decir “ellos” se refería a los dirigentes comunistas del gobierno cubano.

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La escena captaba la esperanza y el entusiasmo que los cubanoestadounidenses del sur de Florida han sentido desde que el gobierno de Donald Trump inició una campaña de presión y conversaciones secretas para forzar un cambio en Cuba, 67 años después de la revolución que provocó un éxodo a Miami y remodeló la ciudad.

Dos semanas después, ese entusiasmo se ha visto atenuado por las realidades de la geopolítica y la diplomacia. Los exiliados cubanos conservadores, quienes durante décadas han buscado el cambio político en la isla, temen que, por ahora, la transformación total no esté en los planes.

Su decepción, incluso antes de que se haya anunciado algún acuerdo, es prueba de las complicaciones que parecen ineludibles para el equipo de negociación para Cuba del gobierno de Trump, dirigido por el secretario de Estado Marco Rubio, el republicano de Miami más destacado de Estados Unidos.

The New York Times informó el lunes que el gobierno de Trump quiere apartar del poder al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel. Pero el Times también informó que el gobierno no pretende diluir el poder que aún ostentan los familiares de Fidel Castro, el líder de la revolución de 1959, quien murió en 2016. Uno de ellos —Raúl Guillermo Rodríguez Castro, sobrino nieto de Castro— ha sido uno de los principales negociadores de Cuba con Estados Unidos.

Pero es posible que lo que podría constituir una victoria para el presidente Trump en Cuba no sea suficiente para algunos de sus más fervientes partidarios cubanoestadounidenses, algunos de los cuales han dedicado su vida a la causa de una Cuba libre. El país isleño ha dominado la política de Miami durante casi siete décadas.

$!El secretario de Estado Marco Rubio habla con los periodistas en el Senado.Muchos cubanos en Florida han buscado un cambio de régimen durante décadas.

Esa tensión ha puesto en una posición incómoda a algunos políticos republicanos del sur de Florida. Aunque en general apoyan el impulso del presidente, también han empezado a reprenderle por los detalles concretos.

“Los Castro tienen que irse”, dijo Bryan Calvo, el alcalde de Hialeah, Florida, una ciudad fuertemente republicana de las afueras de Miami que alberga la mayor proporción de inmigrantes cubanos del país. “Díaz-Canel tiene que irse. Necesitas unas elecciones libres y justas. Necesitas una transición democrática. Esa es la única manera de saber si vamos a tener un cambio duradero”.

Muchos cubanoestadounidenses tienen litigios sin resolver desde hace décadas en torno a propiedades confiscadas por el gobierno comunista. Algunos quieren que se les devuelvan sus tierras, y muchos han exigido la liberación de los presos políticos y el restablecimiento de los derechos civiles en Cuba.

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Los familiares de Castro siguen siendo los máximos responsables de la toma de decisiones en Cuba, y muchos exiliados consideran insuficiente cualquier plan que no implique su destitución. Algunos partidarios de línea dura en el sur de Florida no solo han pedido que se les obligue a abandonar la isla, sino también que se les detenga y procese, como en los juicios de Nuremberg.

De momento, el único cambio que ha anunciado el gobierno cubano ante el hundimiento de la economía es un plan para permitir la inversión extranjera de los cubanos que están en el extranjero, incluido Estados Unidos.

Rubio dijo el martes a los periodistas en el Despacho Oval que los dirigentes cubanos no pueden arreglar la economía y que la isla necesita “gente nueva” al mando. En un comunicado, el Departamento de Estado señaló que los cubanoestadounidenses han “respaldado abrumadoramente” a Trump.

$!Personas compran alimentos en un puesto ambulante este lunes, en La Habana, Cuba.

Los republicanos de Miami empezaron a preocuparse por las negociaciones la semana pasada, después de que un reporte de USA Today sugiró que Trump podría estar considerando un acuerdo económico —pero no político— con Cuba. Eso sonaba a un enfoque similar al que se implementó con Venezuela en enero, cuando el ejército estadounidense capturó al líder del país, Nicolás Maduro, pero dejó en el poder a Delcy Rodríguez, una de sus aliadas más cercanas.

Ese arreglo, junto con el hecho de que Trump se centre en obtener petróleo venezolano en lugar de restaurar la democracia o apoyar a María Corina Machado, líder de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz, no le ha sentado bien a muchos en el sur de Florida. La región alberga la mayor comunidad venezolana de Estados Unidos.

“La diáspora cubana busca, en primer lugar, una reforma política”, dijo esta semana en una entrevista el representante Carlos A. Giménez, el único miembro del Congreso que nació en Cuba. Más tarde dijo que cualquier planteamiento de cambio en la isla que no incluyera la expulsión de los Castro sería una “locura”.

Si se busca “perpetuar a los Castro” en el poder, dijo la representante cubanoestadounidense María Elvira Salazar en una entrevista con Telemundo, entonces “conmigo no cuenten”.

Los tres miembros republicanos de la Cámara de Representantes de Miami, entre ellos el congresista Mario Díaz-Balart, ya han presionado a la Casa Blanca por la política hacia América Latina en otras ocasiones. El año pasado, se opusieron a ciertas conversaciones con Venezuela mientras Trump recababa apoyos para un amplio proyecto de ley de política interior. Trump dejó en suspenso un posible acuerdo con Venezuela para reducir el riesgo de derrota del proyecto de ley.

Ramón Saúl Sánchez, destacado exiliado cubano en Miami, le ha pedido a Rubio que se reúna con activistas, como él, que temen “estabilizar una dictadura”.

“El régimen está al final de la soga, y ¿que se le vaya a tirar ahora un salvavidas para estabilizar la economía?”, dijo Sánchez. “Es algo inaceptable, especialmente a la luz del hecho de que el pueblo de Cuba, está saliendo poco a poco a la calle”.

Nadie entiende mejor la dinámica política del sur de Florida que Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, quien como senador estadounidense fue un halcón de la política hacia América Latina Con Rubio al frente de las conversaciones en torno a Cuba, los escépticos de línea dura le están dando al gobierno de Trump más crédito del que le concedieron al expresidente Barack Obama cuando anunció un sorpresivo acercamiento a Cuba a partir de 2014.

En ese momento, “no había ningún cubano implicado en las negociaciones desde fuera de Cuba”, dijo Joe García, excongresista demócrata por Miami.

“Soy demócrata y adversario político de Marco Rubio”, reconoció García. Sin embargo, dijo que la participación de Rubio significa que esta vez “hay un cubano en la sala, y me representa a mí y a los cubanos que Obama evitó”.

El respeto que los cubanoestadounidenses le tienen a Rubio podría proteger a Trump y a otros republicanos de sufrir cualquier castigo político en las urnas si las conversaciones sobre Cuba no llegan tan lejos como desearían los del sur de Florida. Algunos votantes republicanos podrían quedarse en casa en las elecciones intermedias de noviembre, pero parece poco probable que los republicanos a quienes les preocupa el cambio de régimen en Cuba empiecen a votar por los demócratas.

Carlos Trujillo es un cubanoestadounidense y exlegislador estatal de Miami que fue embajador de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos durante el primer gobierno de Trump. Dijo que el tipo de “transición ordenada” del poder que, en su opinión, persigue la Casa Blanca podría desembocar en la destitución de algunos miembros clave del Partido Comunista de Cuba, pero no de todos.

“Quien piense que esta gente va a subirse al próximo 737 y largarse de la ciudad, eso no es realista”, dijo Trujillo. Los miembros del partido dirigen hospitales y redes de alcantarillado, señaló: “No se puede apartar completamente a todo el mundo de estos puestos”.

En la gala del 28 de febrero, celebrada por la políticamente influyente Asociación de Abogados Cubanoestadounidenses, Hammer, el principal diplomático estadounidense en La Habana, pronunció un discurso en el que elogió al resistente pueblo cubano. No ofreció detalles sobre cómo podrían desarrollarse las conversaciones, salvo una promesa tentadora. c. 2026 The New York Times Company.

Por Patricia Mazzei, The New York Times.

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